El color de las manadas

El color de las manadas

Cada vez con más frecuencia, observo algo que me provoca escalofríos. Cuando se habla de delitos sexuales cometidos por varios hombres -lo que se ha bautizado popularmente como “manadas”- hay un especial interés por parte de determinados sectores en transmitir la idea de que estos delitos se cometen en una gran mayoría por inmigrantes y, en particular, por magrebíes. Una maniobra orquestada a la perfección para desviar el foco de atención de lo verdaderamente importante y, de paso, fomentar el odio y la intolerancia hacia los extranjeros.

Pero vayamos por partes. En primer lugar, hay que destacar que se trata de una burda manipulación a los fines pretendidos. Y ello de tres modos. Por un lado, se llama únicamente la atención en los casos en que estos delitos son cometidos por extranjeros, haciendo gala de un alarmismo injustificado. En segundo término, se tergiversan los datos y se pervierten los titulares para dar una idea equivocada de lo que sucede, como en un caso ocurrido hace unos días en el que, a pesar de que solo uno de los cuatro presuntos autores era magrebí, se titulaba la noticia como “una manada marroquí agrede sexualmente a una joven”. Pero lo peor de todo tiene lugar cuando se usa descaradamente la mentira, como en un asunto sucedido hace muy poco, en que, simple y llanamente, varios medios de comunicación mentían en cuanto al origen los autores, todos ellos de procedencia española.

Cuando empecé a percatarme de esto, pensé que tal vez eran figuraciones mías, fruto de mi susceptibilidad, o que solo se trataba de coincidencias desgraciadas. Pero nada de eso. Si nos fijamos en titulares que se transmiten y se utilizan machaconamente en redes sociales y medios afines, podremos observar que incluso se ha acuñado un término, el de terrorismo machista magrebí, o similar, con el que nos pretenden convencer de cuál es la supuesta raíz del problema para a continuación proponer la solución que les parece obvia, esto es, impedir a los inmigrantes entrar o permanecer en nuestro país.

Para colmo, se empeñan en defender la existencia de algún tipo de confabulación feminista para ocultar ese dato inventado de que la mayoría de estos delitos los cometen extranjeros. Algo que no se sostiene, porque nadie podría imaginar ninguna razón para que una mujer, más aún si es feminista, quisiera ocultar, esconder y hasta ser cómplice de delitos sexuales. Una verdadera locura que no tiene ni pies ni cabeza para cualquiera que sea capaz de razonar mínimamente.

No obstante, la cuestión no es anecdótica, ni mucho menos. El objetivo es múltiple y se pretende abatir de un solo disparo. Al mismo tiempo, se despacha el odio al inmigrante y el machismo más despreciable, cambiando el foco de lugar y minimizando la existencia de los delitos sexuales de este tipo. La idea es transmitir que, si existen, es por culpa de la inmigración. Por ello, hay que evitar la inmigración y a los inmigrantes y con eso estaría, según su delirio, resuelto el problema. De rebote, no hace falta tampoco adoptar ningún tipo de medidas para proteger a las víctimas ni evitar estos hechos, ni mucho menos ir más allá, porque no quieren que se vea más raíz que aquella donde apuntan sus dedos llenos de odio y prejuicios. Por supuesto, del machismo, ni hablamos. Faltaría más.

No obstante, hay que hacer una puntualización importante. Para quienes sustentan estas teorías -por llamarlas de algún modo- esa referencia a la raza, la nacionalidad o la procedencia solo es importante en determinado estrato social. Si los autores fueran empresarios, deportistas o pertenecientes a cualquier otro grupo social o económicamente más favorecido, su origen ya no importaría tanto. Como no importa, tampoco, si se trata de españoles. Aún no he visto ningún titular que haga referencia a que cuatro españoles violan a una mujer. Y la verdad, espero no verlos nunca porque, cuando de delincuentes se trata, lo que menos me interesa es de dónde vengan.

La cosa no es baladí. La generalización estigmatiza y se corre el peligro de tomar la parte por el todo y crear un rechazo injustificado. Que es, precisamente, lo que pretenden.

Pero el verdadero riesgo tiene lugar cuando, sin darse cuenta, hay quien les sigue el juego. Incluir en un titular una referencia a la procedencia extranjera de los autores es fomentar la xenofobia, aunque no se tenga esa intención. Y, en los tiempos que corren, no nos podemos permitir ni un solo resbalón de ese tipo, porque corremos el riesgo de caer en arenas movedizas de las que sea difícil salir.

En definitiva, las manadas de delincuentes sexuales no tienen color propio. Y no deben relacionarse con otro epíteto que no sea el de delincuentes y, por descontado, el de machistas. Porque eso es lo que son.


Imagen de portada: Pixabay

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