Detrás de los fandoms juveniles: Miriam Rodríguez

Detrás de los fandoms juveniles: Miriam Rodríguez

A mi simplemente me gustaba como intérprete.  Disfruto de la música “en vivo” ya que  el maquillaje electrónico de los discos y videos me resulta insoportable pero confieso que seguí OT (2017) fundamentalmente por ella y estuve tentada de dejar de verlo repetidamente por lo mismo: la tramoya del reality repartiendo papeles de buenos y malos y fomentando rolletes entre los participantes me asqueaba y ella, con toda lógica, fue sometida a todo un proceso de acoso y derribo: era una cría,  pero no una niñata y estaba a lo que estaba, precedida por una trayectoria de actuaciones en la calle, bares, bodas, concursos, trabajando sin desmayo, desentendiéndose de las tontunas de un mundo adolescente que, de alguna manera, le era extraño.

Dolorosamente sincera no se mordía la lengua y exhibía su opinión sin ambages. Así que era carne de expulsión. Sin embargo tenía algo, algo de lo que ni siquiera ella era consciente. Tenía carisma, ascendiente, transmitía seguridad, cercanía, franqueza. Toda una legión de adolescentes de ambos sexos, fundamentalmente niñas, vieron en ella a un referente, alguien a quien seguir, a quien imitar.  Paulatinamente, se vio liderando un movimiento con fines inconcretos pero entre los que asomaba el reclamo de una presencia escénica de una mujer joven, guapa, atractiva y fuerte. Lo fuera realmente o no, carecía de importancia, lo relevante era la urgencia de “su” público por que así fuera, porque tuviera éxito en su empeño. De algún modo, una buena parte de nuestras hijas la estaban esperando, la necesitaban.

Tuvo que ser difícil  para ella comprender que había pasado.  A fin de cuentas diecinueve años.  Asumir no solo la pérdida de intimidad sino un rol con el que quizás no se sintiera cómoda. Confieso que seguí sus entrevistas con interés, tiene lagunas evidentes pero también inteligencia y se expresa excepcionalmente bien. Advertí su tránsito desde la sorpresa y la perplejidad hacia la estabilización en el personaje público que quería ser y que coincidía, en gran medida, con aquel que sus fans le reclamaban.  Desde una prudencia inicial a la hora de expresar su opinión sobre cuestiones al margen de la música hasta la discreta aceptación de un liderazgo juvenil femenino.

En este momento vive un torbellino, y no es para menos, un solo año la ha lanzado desde el anonimato a la omnipresencia. Tendrá que seguir creciendo personal y artísticamente pero es refrescante el que pueda alcanzar la popularidad  siendo algo mas que un buen físico y una cara bonita, sin minimizar, en absoluto esto último. Es un alivio su empeño en mantener su vida privada al margen del mundo del colorín dando muestras de una madurez quizás precoz. Todas esas fans necesitan seguir admirándola. Que la fuerza le acompañe.

 

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