Por qué chicos y chicas se adaptan al entorno escolar de forma distinta

Por qué chicos y chicas se adaptan al entorno escolar de forma distinta

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Oihane Fernández Lasarte, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Después de analizar la variabilidad de la inteligencia emocional y el rendimiento académico o el ajuste escolar en función del sexo y la edad en las etapas de la adolescencia y la juventud, hemos llegado a la conclusión de que hay diferencias significativas favorables a los chicos en inteligencia emocional y a las chicas en ajuste escolar.

Empecemos aclarando conceptos.

La inteligencia emocional se define como la capacidad de percibir, comprender y regular las emociones, y es una variable relevante al considerar el desarrollo y el ajuste escolar del alumnado.

El ajuste escolar es la adaptación positiva del alumnado a las demandas cognitivas e interpersonales del contexto escolar. Consta de las siguientes dimensiones:

  • El rendimiento académico (percepción de ser buen estudiante y tener buenas calificaciones).
  • Las expectativas académicas (las relacionadas con continuar y acabar los estudios).
  • La integración escolar (relaciones adecuadas con compañeros y profesorado).
  • La implicación escolar, es decir, la conexión del alumnado con la escuela, que se incluye participación en las actividades escolares –dimensión conductual–, el sentimiento de identificación o pertenencia a la escuela –dimensión emocional– y la inversión de esfuerzo en el aprendizaje –dimensión cognitiva–.

Además, el apoyo social percibido y el autoconcepto son también variables relacionadas con el éxito escolar del alumnado.

El apoyo social percibido es la información que percibe una persona, por la cual se siente cuidada, valorada, querida y parte de una red social con responsabilidades compartidas. Es la percepción subjetiva de la disponibilidad de la red social y de la satisfacción con la misma. Cumple diversas funciones, tales como la informativa y la emocional. Las fuentes de apoyo social percibido son el profesorado, la familia y las amistades.

Por último, el autoconcepto es la percepción o la imagen que tiene la persona de sí misma, que está formada a partir de las experiencias y las relaciones con el medio y las personas significativas. El autoconcepto general abarca los dominios académico, social, personal y físico.

Edad de cambios y ajustes

Así, nos hemos centrado en nuestra investigación en analizar cómo cambian la inteligencia emocional y las variables de ajuste escolar en función del sexo y la edad y en examinar las relaciones entre todas ellas. Han participado 1894 estudiantes de Educación Secundaria y de la Universidad del País Vasco de entre 12 y 40 años (distribuidos en función de las siguientes edades: 12-14 años, adolescencia temprana, 15-17 años, adolescencia media, 18-20 años, adolescencia tardía, y 21-40 años, juventud o adultez temprana), 56% chicas y 44% chicos.

Se ha comprobado que las variables de ajuste escolar dependen en gran parte del autoconcepto y de la inteligencia emocional, y todas ellas dependen del apoyo social percibido.

La adolescencia y la juventud son etapas con una gran cantidad de cambios a diferentes niveles que pueden conllevar riesgo de desajuste y la necesidad de adaptación personal, social y escolar.

Diferencias significativas entre ellos y ellas

Los resultados confirman diferencias significativas. Mientras que las chicas puntúan más alto en atención emocional, los chicos muestran una mayor claridad y reparación emocional.

Además, las chicas manifiestan un mayor rendimiento académico, una mejor integración escolar, mayores expectativas académicas e implicación escolar.

Al respecto, se señala la posible influencia del estereotipo de género, fruto de la socialización y la educación que espera dichas cualidades de ellas y ellos. Por ello, se subraya que es necesario el trabajo educativo para romper estos estereotipos de género que condicionan el pensamiento, el sentimiento y la conducta.

En general, también se corrobora el declive de las puntuaciones de esas variables durante la educación secundaria y su recuperación o mejora en la juventud universitaria.

No obstante, cabe destacar que, de forma inesperada, se produce un nuevo descenso de la implicación emocional en la juventud universitaria, que se traduce en pérdida de motivación y de interés, que puede deberse a la incertidumbre asociada a la incorporación al mundo laboral.

Igualmente, la mayoría de las variables se relacionan en la dirección esperada: ante mayores apoyo social percibido, inteligencia emocional y autoconcepto, mayor es el ajuste escolar del alumnado.

El autoconcepto determina el ajuste escolar

Otra aportación de este trabajo es la fuerza que muestra el autoconcepto como variable psicológica que determina el ajuste escolar, mientras que la inteligencia emocional por sí sola no logra explicar cómo se adapta un alumno al entorno de la escuela. Es decir, si se mejora la inteligencia emocional y a su vez se mejora el autoconcepto, en ese caso el ajuste escolar mejora significativamente.

Por último, se destaca la relevancia que tiene el profesorado sobre las variables de ajuste escolar del alumnado, así como la importancia de la familia sobre las variables psicológicas -la inteligencia emocional y el autoconcepto- de los hijos e hijas.

Como excepción, las expectativas académicas del alumnado están muy ligadas a las expectativas de sus padres y sus madres, que son mayores que las de sus vástagos.

Por lo tanto, conviene considerar estos resultados de manera que cada agente educativo ponga especial atención en trabajar las variables sobre las que mayor efecto ejerce.

Finalmente, este trabajo ofrece evidencia empírica sobre la necesidad de cuidar y trabajar las relaciones positivas entre el profesorado, las familias y el alumnado. El profesorado y las familias deben ofrecer apoyo informativo y emocional al alumnado, ayudarle a desarrollar su inteligencia emocional y a construir una imagen positiva sobre su propia persona, así como transmitirle valores de trabajo y esfuerzo para lograr así su éxito escolar.The Conversation

Oihane Fernández Lasarte, Profesora de la Facultad de Educación, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

 

 

 

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