Nuevos retos: novar la ilusión

Nuevos retos: novar la ilusión

Renovarse o morir. Eso dice el refranero y en eso se basa gran parte de la vida y, como reflejo de ella, buena parte de la literatura y el cine. Volver a empezar no solo es el título de la película que obtuvo el primer Oscar del cine español, que Volver siempre es posible y hacerlo con Ilusión también.

En nuestro teatro muchas veces corremos el riesgo de caer en la rutina y perder la ilusión . Y pocas cosas más tristes que esa, cuando llegamos a nuestro primer destino con una mochila de sueños escondidos dentro de la toga y dispuestos a salir

Desde que una toma la decisión de ingresar en Toguilanda, comienza una carrera de obstáculos que se van superando para atravesar nuevas metas. Primero la Facultad, después la oposición -o la formación como profesional que se trate-, después las prácticas, y a continuación los primeros destinos, los primeros juicios, los primeros retos. Poco a poco, se va centrando la carrera en una especialidad o en una o varias facetas concretas y todo va bien, hasta que puede llegar un momento en que parezca que no haya más metas que alcanzar, y toque poner a la ilusión en busca y captura. Una situación de riesgo que ríase usted del fumus bonis iuris de cualquier medida cautelar.

El riesgo de que la rutina nos gane la partida siempre está ahí. Hay que estar ojo avizor y llamar a Los Cuatro Fantásticos si hace falta para que no nos venza. Pero a veces el destino -aunque sea un poco empujadito por el trabajo y las ganas- viene a echarnos una mano, en forma de novación de la perspectiva. Y en esas me hallo.

Me vais a perdonar que personalice un poco bastante este estreno, pero ya sabéis que de vez en cuando echo uso y abuso de mi doble condición de empresaria e intérprete de este mi escenario. Y creo que la ocasión lo merece.

Adelanto que no me han nombrado Fiscal General del Estado, Ministra ni nada parecido -aunque tal como está el patio nunca sabe una si eso es para celebrarlo o para lamentarse- pero tampoco hace falta llegar al cielo para tomar aire, la mayoría de las veces basta con tocar alguna nube. En mi caso, ha sido el nombramiento como fiscal delegada de tutela penal de la igualdad y contra la discriminación -lo que comúnmente llamamos “fiscal de odio”- como mucha gente -mucha más de la que imaginaba- sabe.

No se trata de un ascenso estratosférico ni de un cargazo de quitar el hipo, sino de cubrir uno de los puestos posibles en el organigrama de mi fiscalía, después de 27 años, que no es moco de pavo. Pero no es esa la cuestión. La verdadera cuestión es que me he encontrado con una nueva vuelta de tuerca en una materia que me apasiona cuando creía que había tocado techo. Y que, de pronto, una se siente con fuerzas, con ganas, con ilusión.

Ojo, advierto a los cenizos que se callen sus bocazas a ver si las personas ilusionada vamos a acabar siendo un colectivo vulnerable y hubiera que proceder en consecuencia. Dejen que el tiempo vaya acabando con el gas del globo, no hace falta pincharlo con una aguja nada más empezar a elevarse para caer a tierra a plomo.

Al hilo de todo esto, me quedado cuenta de que soy una privilegiada. He alucinado con la cantidad de personas que me han felicitado por ello y, aún más, con la cantidad de gente que ha mostrado su confianza en que lo haré muy bien. Espero no defraudar a nadie, aunque me sienta abrumada con el cariño y, por qué no decirlo, con la repercusión en los medios. Se ve que tanto predicar con la necesidad de comunicar las cosas, al final ha producido su efecto.

Aprovecho este momento para aclarar algo que me han preguntado muchas veces. No, no dejo violencia de género. Entre otras cosas, porque no está la Justicia en general ni la Fiscalía en particular como para ir desperdiciando medios personales y menos aún en nuestro caso, que, como todo el mundo sabe, los y las fiscales somos como el chicle, que nos estiramos y estiramos hasta hacerle la competencia la mismísima Elastic Girl de Los Increíbles. Pero, aunque nadie lo haya planteado, no hubiera querido dejarlo en la medida de existir una compatibilidad humanamente posible. Si me dejara la violencia machista, creo que me sentiría como huérfana o sufriría un síndrome de abstinencia de tamaño XXL. Y eso no es otra cosa que una muestra de que me han inoculado una nueva dosis de anticuerpos de ilusión y tengo mi organismo a prueba de virus de desencanto por una temporada. Y, por supuesto, son materias muy relacionadas, con ese nexo común de la igualdad.

Eso sí, acabo con mi etapa como portavoz. Hay que hacer las cosas bien y no tenía la intención de acumular títulos como si fuera la duquesa de Alba. Con ser, como me ha dicho alguien, no solo violenta sino además, odiosa, tengo suficiente. Aunque eso no implica que vaya a dejar de lado mi relación con los medios de comunicación ni mi apuesta por la transparencia. Vais aviados si esperabais otra cosa.

No sigo con la chapa. Igual hoy me pasé de umbralismo y me arriesgo a que me envieís a paseo. Pero creía preciso compartir este nuevo chute de ilusión y, sobre todo, agradecer a quienes me han llamado, me han comentado en redes sociales, me han ofrecido su ayuda y su experiencia o me han dado su cariño. Eso ha sido un premio extra. Y por eso, para todas vosotras y vosotros va el aplauso hoy. Mil gracias de mi parte y, desde luego, de mi toga y mis tacones. Y nada mejor que esa fabulosa interpretación del El beso de @madebycarol2 para plasmarlo

Por último, comparto esta maravilla de articulo de despedida como portavoz de mi amiga y periodista Loreto Ochando. Solo por leer algo asi, vale la pena el camino recorrido..y el que queda por recorrer.

Adiós Susana, hola fiscal Gisbert

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