Los antecedentes neolíticos de la desigualdad de género

Neolítico Pleno del NE de la Península Ibérica –
Francesc Ràfols /Pastwomen.net

Marta Cintas Peña, Doctora en Historia. Grupo de investigación ATLAS – Territorios y Paisajes en la Prehistoria Reciente de Andalucía, Universidad de Sevilla

El feminismo ha experimentado un impulso considerable en los últimos años, llenando portadas de periódicos, conversaciones, calles y plazas. En la Universidad, la renovación también ha irrumpido con fuerza, especialmente en las Ciencias Humanas y Sociales, donde las personas y las relaciones que establecen entre ellas constituyen el objeto de estudio por excelencia. Entre los muchos temas que se han hecho un hueco en la agenda se encuentra el de la desigualdad entre hombres y mujeres, problema cotidiano y estructural que sigue afectando nuestras vidas.

La desigualdad de género es una realidad, pero su origen sigue siendo un tema controvertido. Ríos de tinta han corrido ya desde finales del siglo XIX para intentar explicar por qué hay diferencias de poder entre mujeres y hombres, y cuándo aparecieron. La arqueología prehistórica tiene mucho que decir al respecto. Por eso, hace unos años nos embarcamos en una línea de investigación que ha dado frutos recientemente en forma de tesis doctoral.

La Prehistoria y el origen de la desigualdad de género

La Prehistoria comprende el enorme periodo en el que la humanidad se desarrolló con anterioridad al inicio de la escritura, herramienta revolucionaria que cambiaría para siempre el devenir social.

La escritura permitió contabilizar y controlar el excedente, establecer normas, impulsar el comercio, registrar historias y leyendas, apuntalar el poder de las élites.

Gracias a la investigación de autoras como Gerda Lerner, sabemos que para entonces la desigualdad entre hombres y mujeres ya hacía tiempo que había empezado a asentarse como un hecho social de profundo alcance. Por eso, si queremos rastrear sus comienzos debemos ir más atrás, al tiempo de las sociedades ágrafas.

¿Fue en el seno de las sociedades cazadoras y recolectoras del Paleolítico Superior cuando se sentaron las bases de la dominación masculina? ¿Durante la sedentarización y la domesticación de plantas y animales que tuvo lugar en el Neolítico? A pesar de la relevancia que, en nuestra opinión, tiene esta cuestión, aún son escasas las aproximaciones arqueológicas a ella. Las teorías abundan, su constatación material apenas existe.

El Neolítico como marco temporal

Aunque en la actualidad nuestras vidas presenten un ritmo frenético, los cambios se sucedan muy rápidamente y nos hayamos acostumbrado a tener un control absoluto del tiempo, las cosas no siempre han sido así. Huelga decir que en la Prehistoria todo transcurría a una velocidad muy diferente y las grandes transformaciones requerían de siglos e incluso milenios. La creación y consolidación de la desigualdad de género no fue una excepción. Las mujeres no se despertaron un día descubriéndose en una posición subordinada, ni los hombres se encontraron a sí mismos en el plano dominante de la noche a la mañana.

Materiales recuperados en el yacimiento del Alto del Reinoso.
Manuel Rojo Guerra / Agencia Sinc, CC BY

En el largo camino hacia la dominación masculina seguramente no hubo uno, sino distintos elementos, avances y retrocesos, que irían poco a poco acortando el espacio de ellas y ensanchando el de ellos. A partir de la citada investigación llevada a cabo a lo largo de cuatro años de tesis doctoral hemos encontrado evidencias materiales de lo que consideramos es uno de estos elementos: el ejercicio de la fuerza o la violencia asociada a los hombres durante el Neolítico.

En los restantes parámetros analizados, los resultados obtenidos no son interpretables en clave de desigualdad. Todo ello se ha publicado recientemente en formato de artículo en la revista European Journal of Archaeology bajo el título de “Gender Inequalities in Neolithic Iberia: a Multi-Proxy Approach”.

Esqueletos, tumbas y representaciones

Con el objetivo de analizar posibles diferencias entre mujeres y hombres, llevamos a cabo un análisis de 21 yacimientos diferentes distribuidos a lo largo y ancho de la geografía ibérica. Todos ellos pertenecientes al Neolítico, desarrollado en la península entre los milenios VI y IV a.C. En estos 21 yacimientos se habían excavado y estudiado antropológicamente un total de 515 esqueletos, lo que supone una cifra considerable para este período.

En el estudio tuvimos en cuenta tres grandes grupos de evidencias. En primer lugar, las bioarqueológicas, con variables como la proporción entre hombres y mujeres, las enfermedades observables en sus huesos, su dieta, la movilidad o las marcas óseas de los trabajos realizados en vida. En segundo lugar, las funerarias, entre las que sobresalen el tipo de enterramiento, el ajuar asociado a cada uno de los sujetos, la organización espacial de las tumbas o el carácter individual o colectivo del depósito.

Por último, añadimos un tercer bloque de representaciones, concretamente las del arte rupestre levantino, caracterizadas por su naturalismo y por presentar figuras humanas entre las que a menudo es posible distinguir mujeres de hombres.

El papel de la violencia en la dominación masculina

Como en todas las investigaciones, en algunos casos obtuvimos resultados interesantes, en otros no tanto. Sin embargo, una vez comparados los datos de hombres y mujeres en todos los campos considerados, y tras realizar las pruebas de significación estadística, vimos varias cosas que llamaron nuestra atención.

Primero: la razón de sexo obtenida era de 151, es decir, si hubiéramos estado frente a una población viva, habría habido 151 hombres por cada 100 mujeres, lo que resulta completamente imposible de forma natural. ¿Por qué? La razón de sexo expresa la proporción entre hombres y mujeres en una población dada. De forma natural, nacen 104 o 105 hombres por cada 100 mujeres, así que los valores que estén muy alejados de esas cifras suelen ser indicadores de influencia cultural.

Segundo: casi siempre que se producía una asociación de género era con relación a los hombres.

Tercero: aunque había muchas variables en las que hombres y mujeres no presentaban diferencias, todas las variables que mostraban una distribución estadísticamente diferencial estaban relacionadas con el ejercicio de la fuerza física o la violencia.

Concretamente, se trata de los traumas en sus esqueletos, los proyectiles asociados a ellos en las tumbas y su representación en escenas de violencia en los abrigos y cuevas del arte levantino.

Vida cotidiana. Actividades en el interior de la cueva del Toro, Antequera (Málaga). Neolítico Antiguo.
Miguel Salvatierra / Pastwomen.net

Además, al reunir datos procedentes de otras investigaciones vimos que siempre que hay distinciones bioarqueológicas o en el tratamiento funerario, ellos son los beneficiados y las mujeres (y las niñas y niños), relegadas a un segundo plano. Ellas aparecen en menor número en las tumbas y en las representaciones, apenas presentan asociaciones propias de ajuar, no se vinculan con elementos de violencia y no toman parte en escenas de caza ni de enfrentamiento.

¿Podemos hablar de patriarcado en el Neolítico?

Rotundamente no. No podemos afirmar que los grupos humanos que vivieron en la península ibérica entre el 6 000 y el 4 000 a.C. lo hicieran en una organización patriarcal.

Por el contrario, sí podemos plantear que es en el Neolítico cuando aparecen las primeras evidencias de diferencias culturales entre hombres y mujeres y que estas diferencias están asociadas con la violencia, más vinculada a los hombres.

A tenor de los datos disponibles, el Neolítico, etapa “revolucionaria” en palabras de Gordon Childe, parece haber sido el momento en el que se sentaron las bases de la dominación masculina que aún pervive.

->

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
The Conversation

CATEGORÍAS
Comparte

COMENTARIOS

Wordpress (1)
  • comment-avatar
    Osvaldo Buscaya 5 meses

    “Los antecedentes neolíticos de la desigualdad de género”, remite a la Nota 1 de 1/12/2009 de mi Femeninologia Ciencia de lo femenino sobre que, mi punto de vista, es sólo eso, un punto de vista producto de mi apreciación, percepción y lectura de lo real que sería mi consideración de la realidad, donde para el otro sería la irrealidad. Siempre sería una elección. Mi elección es el psicoanálisis (Sigmund Freud). Dentro de mi elección consideramos que nuestra civilización sería el resultado de haber pasado del esquema de la horda primitiva, donde el macho más viejo poseía exclusiva y absolutamente su privilegio sobre las hembras. En esta hipótesis, en el fondo de los tiempos, el ingreso al actual esquema de la civilización, se produciría por la rebelión de los restantes machos más jóvenes que liquidan y comen al represor, para posteriormente surgir la culpa y el arrepentimiento. Esta rebelión, en definitiva, por la situación de las hembras, implica la posesión sobre un objeto. Se trató de una rebelión “masculina”, donde la finalidad era reemplazar a otro “varón”, lejos de “liberar” al otro sexo, todo lo contrario; lo femenino cambiaba de amo: se cambiaba para que nada cambie y así llegamos al siglo 21, en que el nacimiento del clan y el totemismo, en su “evolución” nos lleva al presente esquema de la civilización. La literatura sobre el tema nos eximiría de profundizar, esta cuestión, no obstante, podemos agregar que las fases del denominado complejo de Edipo marcan diferencias fundamentales entre el varón y la mujer, respectivamente, en su ingreso a la “civilización”. Predominó el varón en este desarrollo milenario, quizá, como prioritaria necesidad que permitió el desarrollo de los aspectos científicos y técnicos.
    Sin embargo, la irresoluble perversión no sublimada y la ambigüedad sexual del varón que posee la decisión final en este esquema, donde el varón sigue siendo la ley, nos precipita a un desencajamiento que hace retroceder lo “bueno” y aumentar lo “malo” de la comunidad global que afectaría lo local de cada área mundial. Son las mujeres, precisamente desde mi punto de vista la alternativa única para revertir esta tendencia, dado que lo masculino represor no permitió desde el principio de la historia la participación de lo femenino. Hoy por razones que han desbordado la “capacidad” de lo masculino se produce la fisura en el muro implantado contra la mujer y posiblemente estemos en el momento histórico para que enfrenten al verdadero contrincante. Pero es mi lectura de la “cosa”, sin pretender convencer atento que es una elección en los múltiples caminos a seguir. La naturaleza no es amoral ni moral. Lo moral, lo ético es una imposición del encéfalo. La imposición se impone. Imponer es poder. Con el poder se derrota el sistema genocida, con más poder que el del sistema genocida. Siempre es una elección si se presenta la oportunidad, la conveniencia y la interpretación. Siempre sería prevalente la elección y la decisión. Es un hecho de poder; seguir así en esta línea o la mujer intenta otra vía, pero de intentarlo debe derrotar al varón. No tomar el poder le significa, a la mujer, proseguir en el enredo “leguleyo” del varón que abruma con “avances” y elocuencia sobre informes y programas de desarrollo humano. ¿Que serían en realidad estas “disposiciones”, producto del sistema masculino? Papeles “pintados”. No se pretende emitir un juicio de valor, sólo describir desde mi punto de vista. Lo real indicaría que es un juego de “poder” y el problema, en definitiva, es de la mujer.
    Por eso el sentido y la verdad del feminismo (la mujer) es absolutamente la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual.
    Mi Femeninologia Ciencia de lo femenino es la serie de configuraciones que con mi conciencia voy recorriendo constituyendo, más bien, la historia que desarrollo en la formación de mi conceptualización. Es decir, una suerte de escepticismo consumado, que en realidad sería, el propósito de no rendirme, a la autoridad de los pensamientos de otro, sino de examinarlo todo por mí mismo ajustándome a mi propia convicción; o mejor aún, producirlo todo por mí mismo y considerar como verdadero tan solo lo que yo hago.
    *Hoy, como ese infante entre los 4 a 5 años adaptando mi pensar en la realidad, interpretando mi actividad onírica . . . . .
    Por Osvaldo Buscaya (Bya)
    (Psicoanalítico)
    Femeninologia (Ciencia de lo femenino)
    Lo femenino es el camino
    Buenos Aires
    Argentina
    22/06/2019

  • Disqus ( )