Denuncia contra el intento de silenciar el abolicionismo

Denuncia contra el intento de silenciar el abolicionismo

El feminismo ha sido históricamente abolicionista de la prostitución

En España tenemos un ejemplo pionero y extraordinario de cómo el propósito de lograr una sociedad donde exista la verdadera igualdad y justicia entre mujeres y hombres pasa por erradicar esta forma de esclavitud. Nos referimos a los Liberatorios de Prostitución que desarrolló en 1936 la organización de mujeres anarquistas Mujeres Libres.

Ahora, más de 80 años después, el Espacio de Igualdad Lucía Sánchez Saornil (Plaza Eurípides número 1, distrito de San Blas-Canillejas) nombrado en memoria de una de las integrantes de la agrupación, organiza una exposición sobre la vida y obra de esta luchadora (“Conociendo a Lucía Sánchez Saornil”) y censura esta parte de su historia, lo que supone una completa falta de respeto hacia ella y sus compañeras y el trabajo que realizaron, y un robo a todas nosotras.

El conocimiento de la historia feminista y el legado de quienes nos precedieron deben ser parte fundamental del activismo feminista

“Frente a cada trabajo feminista, existe la tendencia a percibirlo como si saliera de la nada”, así denunciaba Adrienne Rich como se ha ocultado sistemáticamente la obra y lucha de las mujeres en el sistema patriarcal. Es inconcebible que quien se haga llamar feminista silencie parte de la vida de otras mujeres. Precisamente nosotras, que sabemos cómo el patriarcado nos ha privado de conocer a cientos de mujeres de todos los ámbitos y disciplinas, no podemos obrar de la misma manera y omitir la historia de las mujeres, que nos pertenece a todas y es parte de esa genealogía que debemos recomponer y cuidar, para ser justas con aquellas y con el resto de las mujeres que nos acompañan, hombro con hombro, en la lucha feminista.

El conocimiento de la historia feminista y el legado de quienes nos precedieron deben ser parte fundamental del activismo feminista, para agradecerles su esfuerzo y trabajo y para aprender de ellas, porque muchas de las cuestiones que ahora debatimos y que podríamos pensar que son ideas ingeniosas e inéditas, ya las reivindicaban las mujeres que defendieron los derechos de las mujeres en el pasado.

En España contamos con unas referentes que, mucho antes de que aparecieran obras capitales y teóricas fundamentales del feminismo universal, ya fueron pioneras en sus acciones y demandas y en sus críticas al sistema patriarcal. Las anarquistas que fundaron Mujeres Libres en el año 1936 son algunas de esas mujeres. Durante la Segunda República, las mujeres españolas lograron derechos fundamentales como el sufragio o el reconocimiento en el artículo 25 de la Constitución de 1931 de que el sexo no podía ser fundamento de privilegio jurídico. Pero la consecución de la igualdad formal o la promoción de ésta desde la ley no es garantía de una igualdad real, de la existencia de una verdadera conciencia colectiva que no reproduzca la jerarquía patriarcal. Muchas de las mujeres que participaban activamente en las luchas sociales y la vida cultural de la época eran conscientes de que sus compañeros, que defendían con vehemencia la libertad de todos los individuos y luchaban contra la opresión de clase que sufrían, contradecían sus ideales cuando se trataba de las mujeres, pues no las consideraban unas iguales, sino que perpetuaban la misoginia contra ellas.

Es inconcebible que quien se haga llamar feminista silencie parte de la vida de otras mujeres. Precisamente nosotras, que sabemos cómo el patriarcado nos ha privado de conocer a cientos de mujeres de todos los ámbitos y disciplinas, no podemos obrar de la misma manera y omitir la historia de las mujeres

Las fundadoras de Mujeres Libres eran sabedoras de su condición de ciudadanas de segunda, y por ello lucharon por lograr la verdadera emancipación de las mujeres. Lucía Sánchez Saornil fue una de esas combativas mujeres. Esta anarquista despuntó en su juventud como poeta. Cuando en 1916 comenzó a trabajar en la Compañía Telefónica entró en contacto con el mundo anarcosindicalista, en concreto con la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Entonces Saornil cambió el verso por la prosa y empezó a defender los derechos de los trabajadores y trabajadoras de las fábricas. Se implicó activamente en numerosas acciones y puso su pluma a disposición de la lucha con sus colaboraciones en revistas como Solidaridad Obrera o Campo Libre, llegando a ser secretaria de redacción de la publicación CNT.

La lucha por las mujeres, una cuestión de género y clase

Su incursión en la lucha por los derechos de la clase trabajadora le hizo darse cuenta del machismo estructural que existía en el seno de los movimientos obreros, incluida la propia CNT. La teoría sobre la igualdad de los sexos era asumida por los diferentes grupos, pero en la práctica pervivían las mismas desigualdades: las mujeres cargaban con la totalidad del trabajo doméstico, existían diferencias salariales y en el ámbito privado los hombres oprimidos por motivos de clase se convertían en tiranos. En palabras de la propia Lucía, “el último esclavo, una vez traspuestos los umbrales de su hogar se convierte en soberano y señor”. El carácter pionero y revolucionario del nacimiento de Mujeres Libres es esa crítica al ámbito privado y a cuestiones que otras feministas no habían considerado relevantes.

Hay que señalar que estas mujeres no subscribieron el término “feminista” (aunque sin duda encarnaron mejor que nadie el sentido de la palabra feminismo) porque no compartían la visión de los grupos feministas de su época. Para ellas, la igualdad legal era muy insuficiente, por ello apuntaban a los estratos “privados” y a la raíz de esa desigualdad. Además, su implicación en la lucha de clases no las permitía empatizar con las mujeres burguesas en muchos aspectos.

Junto a Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada Guillén y Amparo Poch y Gascón fueron las otras dos mujeres que fundaron Mujeres Libres, involucradas en la lucha obrera y conscientes también de ese machismo estructural, presente en las mentes de sus compañeros. Mujeres Libres nació como una agrupación para apoyar a las mujeres obreras, que consideraban víctimas de una triple opresión: la esclavitud del trabajo, su condición sexual y la ignorancia. Por eso las acciones e iniciativas que pusieron en marcha estaban destinadas a alfabetizar a las obreras, a formarlas y capacitarlas, a ofrecerles educación sexual y, en definitiva, a lograr su emancipación. Cuando la guerra estalló, participaron activamente en apoyo al frente popular y formaron a las mujeres para que suplieran las necesidades de la sociedad y aprovecharan la ausencia de los hombres para acceder a diferentes trabajos. También las formaron militarmente para que, en caso de ser necesario, se unieran a las filas.

Para conseguir su propósito, promovieron diferentes espacios, como centros culturales, jardines infantiles, comedores populares, orfanatos, programas de radios, bibliotecas, etc. Con el objetivo de dar a conocer sus labores y atraer a más mujeres a participar, pusieron en marcha una publicación, que recibía también el nombre Mujeres Libres. En los trece números que vieron la luz, incluyeron textos de toda clase, poesía, cartas, entrevistas… Sus aportes a la lucha anarquista y a la feminista son numerosos, pero si hubo una iniciativa que fue especialmente destacada y sin duda adelantada a su tiempo, esa fueron los liberatorios de prostitución.

Es responsabilidad de las personas encargadas de dicha exposición dar las razones por las que han arrancado una parte de la historia de las mujeres de este país y han arrebatado a quienes visiten el espacio la oportunidad de conocer la obra completa de Mujeres Libres

En ellos, las anarquistas de Mujeres Libres buscaron proporcionar cuidados médico-psiquiátricos, apoyo moral y material y la ayuda necesaria para que las mujeres pudieran abandonar la prostitución (aunque tenían claro que estos centros serían un “fin paliativo”, no la solución). En el quinto número de Mujeres Libres, anunciaron la creación de los liberatorios y señalaron que “la empresa más urgente a realizar en la nueva estructura social es la de suprimir la prostitución”.

Con una postura centrada en ofrecer lo necesario a las mujeres que sufrían este infierno para huir de él, y conocedoras de que la consecución de una sociedad justa e igualitaria pasaba por el fin de esta esclavitud, es más que evidente el valioso modelo que estas mujeres son en la actualidad para el feminismo, que, repetimos, es abolicionista.

Extracto del número 5 de Mujeres Libres en el que se anuncian los Liberatorios. La página incluye también un poema de la propia Saornil que lleva por título “Romance de la Libertaria”

Cualquier momento es oportuno para leer sobre estas mujeres y recordarlas (aquí se puede acceder a los número de Mujeres Libres digitalizados), pero lo ocurrido durante este mes de junio es lo que ha propiciado la escritura de este texto. Que un espacio de igualdad reciba el nombre de una figura como la de Lucía Sánchez Saornil es una excelente noticia, y la mejor manera de que esta gran mujer tenga el reconocimiento que merece. Sin embargo, las personas responsables de elaborar la exposición que recorre su trayectoria han eliminado una parte vital y fundamental del trabajo de Saornil y sus compañeras. Que la ausencia de los liberatorios haya sido involuntaria es poco creíble, pues a pocos clicks hay acceso a documentos e investigaciones donde se habla de esta importante iniciativa.

Aquí, en un detalle de la misma página, se habla de las medidas que se pretenden poner en marcha en los liberatorios para apoyar a las mujeres

Es responsabilidad de las personas encargadas de dicha exposición dar las razones por las que han arrancado una parte de la historia de las mujeres de este país y han arrebatado a quienes visiten el espacio la oportunidad de conocer la obra completa de Mujeres Libres. Lo que es seguro es que no parece una casualidad.

En los últimos meses, asistimos a numerosos intentos por silenciar y estigmatizar el discurso abolicionista. El hostigamiento llega desde diversos sectores, algunos que, sorprendentemente, se denominan feministas, pero no se inmutan frente al avance del proxenetismo y el discurso de la “libre elección” que idealiza a la industria del sexo, responsable de la mercantilización de las mujeres en todo el mundo y perpetuadora de la misoginia. Entre esas voces se encuentra también la de la propia CNT, que se posiciona a favor del discurso regulacionista a la vez que reivindica (las partes que le interesa) la obra de Mujeres Libres.

El abolicionismo es molesto ahora como lo era cuando Mujeres Libres lo reivindicó, pues ataca directamente a los cimientos del patriarcado y a uno de los principales privilegios masculinos. Pero las feministas no vamos a callarnos por más que intenten silenciarnos. Muy al contrario, denunciaremos todas las veces en las que se intente silenciar el discurso abolicionista, de las que están y de las que estuvieron antes que nosotras.

Mujeres Libres fue una agrupación de mujeres que enseguida supo que la prostitución era una institución patriarcal que debía abolirse, ahora hay quien pretende borrar esto de su legado. Lo lógico sería una subsanación, una rectificación por parte de las personas responsables, que utilizan el dinero público para organizar una exposición que tergiversa la historia de las mujeres.

De momento, animamos a todas indagar en el trabajo de Saornil y sus compañeras para conocerlas y continuar el camino que ellas abrieron.

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