Por una ciudad abolicionista

Por una ciudad abolicionista

El pasado 11 de mayo se celebró en Barcelona el II Foro de ciudades abolicionista. Más de cien mujeres, algunas de fuera de Cataluña  que habían llegado para la marcha abolicionista de la mañana, decidieron pasar la tarde hablando, escuchando y analizando cuestiones referentes a la prostitución. El encuentro fue organizado por la entidad L’Escola y su directora Nuria González conjuntamente con varias entidades abolicionistas.

El acto contó con un cartel de lujo; para la primera mesa la catedrática Ana de Miguel, la realizadora Lula Gómez, la exmagistrada Elena Rábade y la superviviente de la prostitución Rosen Hicher impulsora de Mouvement du nid. La segunda mesa estaba prevista para que representantes de los diferentes partidos en campaña afrontaran debatir la cuestión, solo acudieron representantes del PSC, PP y Actúa. En los párrafos siguientes dejo un comentario de los asuntos tratados en el encuentro y de los planteados inicialmente. No es un resumen sino una reflexión a posterior de las intervenciones, conversaciones de pasillo y sobre algunas de las notas tomadas.

El tema planteado fue la prostitución como sistema de explotación y sus diferentes agentes; esa actividad que nos venden como un servicio libremente elegido, cuya realidad en cambio retrata un inmenso negocio ilícito. Según Eurostat en el mundo hay más de 20 millones de personas que están siendo prostituidas, más del 80% son mujeres y niñas. Nuestro país es destino de prostitución; para mujeres tratadas, también de turismo sexual, de pedófilos y puteros y también ocupa el tercer lugar del ranking mundial de máximos consumidores. Más de 2 millones de hombres consumieron prostitución en 2017.

En España hay unas 300.000 mujeres en situación de prostitución, tantas como el sector de la logística o el transporte. Por establecer una referencia sobre la cantidad, hacemos una comparativa con el número de fisioterapeutas que es de 51.000, o médicos 138.000 en el sistema público. Hay casi tantas mujeres en prostitución como en Alemania, cuya población es de 83 millones de habitantes, en España hay 46 millones. La tendencia en nuestro país es la pedofilización ya que la media de edad baja alarmantemente, algo que nos confirman los titulares de prensa cada semana. Como señala Richard Poulin y otros expertos en la cuestión, la tendencia a la pedofilizacion, a la trata de niños y niñas, incluso en edades muy tempranas, es lo general, la edad media de inicio en la prostitución ha bajado a los 12 años y van en descenso.

La prostitución mueve una actividad económica en dinero negro de 8 millones de euros al día, cerca de 3 mil millones al año, el 0’5 del PIB. Solo en inversión en prensa, confidentes del sector, admiten gastar 40 millones de euros al año y en mordidas a  taxistas 30 millones. Esto solo en España, pero en Europa mueve 32.000 millones de dólares al año, y 108.000 millones de dólares en todo el mundo.

Cuando las cifras alcanzan estas dimensiones estamos hablando de un fenómeno social que nada tiene que ver con las circunstancias de unas cuantas mujeres que dicen elegir libremente la actividad.

Es un hecho social por sus dimensiones en cuanto a afectación social, pero también por sus características sistémicas y estructurales. Es una actividad económica de extracción de beneficios y concentración de muchísimo dinero en unas pocas manos, orquestada y organizada de manera mafiosa. Es un negocio criminal que sigue la lógica expropiatoria del capitalismo más salvaje y que ha sido propiciada por un mercado que funciona al margen de los Estados, algo que por otra parte es el germen habitual de cualquier criminalidad.

En el sistema prostituyente los actores siempre son los mismos en idéntico papel. El sistema se reproduce y desaparece por las mismas causas en cualquier parte del mundo. Se reproduce porque hay un sector de población que es expulsada a los márgenes y no se le deja otra vía de subsistencia. El sistema se estructura en base al sexo, la raza y la clase social. Y tiende a desaparecer en cuanto cambian sus circunstancias y se integran en la sociedad con el ofrecimiento de otras opciones vitales más óptimas de superación de la exclusión y la pobreza. Es una actividad de carácter global que se vale de la laxitud y connivencia de los Estados y solo acepta la lógica de los mercados.

Los agentes de expropiación son criminales y delincuentes que intermedian con otras señoreadas élites extractivas. Es decir son  mafias internacionales, comparten sistemas operativos de extracción y acumulación de beneficios, itinerarios especulativos y rutas de tráfico.

Quienes quieren diferenciar la trata de la prostitución lo hacen con una ceguera interesada pues tratar, traficar, no significa otra cosa que trasladar a una persona por el territorio y si la finalidad es prostituirlas, esto va a suceder en nuestras calles, plazas, rotondas, clubs y pisos. Una parte de los prostituidores conviven con nosotros con normalidad y los puteros serán los hombres de nuestro entorno próximo, nuestros familiares y vecinos. Se trata a mujeres y niñas para saciar la demanda creciente que el propio sistema prostituyente alimenta para que aumente su negocio y sus actores principales puedan amasar fortunas. Se trata porque las mujeres autóctonas, todavía algunas, podemos elegir no prostituirnos porque tenemos otra fuente de ingresos para sobrevivir. Trata y prostitución son vasos comunicantes.

En estos momentos la verdad es más revolucionaria que nunca, reconocerla  evidencia que la prostitución es un hecho social y debe ser intervenida en todos sus actores para su comprensión y erradicación, algo que es absolutamente posible como demuestra el hecho de que estuviera a punto de desaparecer en Europa desde los años 60 hasta finalizada la década de los 70 del pasado siglo.

Para conseguir su erradicación se debe intervenir sobre los grupos de inversión que apoyan  la creación de burdeles y negocios afines. Esos ciudadanos tan integrados y respetables que solo buscan acumular beneficios y les da igual la vivienda, la hostelería o el tráfico de órganos, siempre, cuando les pille de camino la oportunidad de un paraíso fiscal.

Se debe intervenir policial y punitivamente, de manera coordinada internacionalmente, sobre las mafias internacionales que viven al albur de la globalización, es decir de mercados sin Estado. Todos esos individuos organizados para el crimen, abuso, extorsión o trata que no aceptan ningún tipo de responsabilidad social y que desde el más millonario de los capos psicópata hasta el último apalizador corrompen cualquier sistema democrático.

Se debe intervenir restrictivamente sobre los medios que amplifican y difunden la cultura de la violación alimentando una cultura putera y contribuyen a mitificar y alimentar una prostitución  glamurizada de la que extraen enormes beneficios.

Se deben exigir responsabilidades a la academia como máxima institución de conocimiento y cuya contribución se debe a  la comprensión de los hechos sociales. Durante años su función ha sido entorpecer y dificultar la investigación y conocimiento de uno de los fenómenos sociales más  brutales, cuyos efectos se proyectan sobre todas las mujeres y niñas  y afectan a toda la sociedad. Desde la academia se hacen enormes esfuerzos por naturalizar y legitimar la prostitución como un derecho, eliminando toda posibilidad de análisis crítico o sociológico del fenómeno.

También se debe intervenir sobre los puteros que generan la demanda, es decir, nuestros hijos, maridos, padres, hermanos, sobrinos… de cualquier clase social o profesional. Y sobre toda la sociedad, porque como tantos hechos sociales complejos, nos afecta a todos. NO hay una sociedad dividida por la posición ante la prostitución, el rechazo es unánime, lo que hay son dos millones de puteros solo en nuestro país que generan un problema social con su demanda.

Y se debe intervenir sobre todo, con las mujeres y niñas en situación de prostitución porque si les decimos que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera ya nadie, jamás, nunca, hará nada por ellas. Y todas las mujeres más tarde o más temprano estaremos destinadas a ejercerla porque nadie encontrará motivos para ofrecernos otra alternativa. La esclavitud ha sido desde el neolítico el más perfecto y enriquecedor sistema de explotación y expropiación de unas élites sobre el resto de la base social. Su abolición implicó la renuncia a estos privilegios no por cierre del negocio, sino por la imposibilidad de reconocerse persona civilizada en la mirada de otro ser humano injustamente oprimido y explotado. La prostitución de millones de mujeres, niños y niñas es la esclavitud del siglo XXI.

Son imprescindibles las políticas dirigidas a las mujeres prostituidas, y crear de nuevo las condiciones que contribuyeron a la casi desaparición de la prostitución, nos estamos refiriendo a políticas públicas distributivas que generen oportunidades para las mujeres y proyectos de futuro para las niñas. Nos referimos a políticas sociales de prevención dirigidas a toda la sociedad y sobre todo a los hombres y jóvenes que generan la demanda. La sanción social sobre la demanda de sexo de pago tiene que provocar el mismo rechazo que provoca el canibalismo.

También son una exigencia las políticas paliativas que permitan a las mujeres en situación de prostitución iniciar un proyecto vital, con soluciones pragmáticas y materiales concretas, de soporte vital, psicológico, laboral, sanitario, habitacional… Y por supuesto pedimos políticas reparativas de compromiso social con las mujeres que han sido prostituidas. Es nuestra obligación como sociedad después de una ceguera interesada y cómplice desde siempre.

Dichas políticas deben ser diseñadas por los políticos y gobernantes que son  nuestros representantes y nunca con la colaboración o siguiendo la lógica o imposición de los proxenetas que es una lógica antisocial y expropiatoria. La patronal del sexo es una organización criminal y sus staffs de inversión, negociación y marketing no pintan nada en plataformas de decisión y consenso civiles y democráticos.  Y mucho menos se debe priorizar su presencia antes que la de la sociedad civil. Con la mascarada de son prostitutas organizadas no pueden introducir los intereses del negocio y hacerlos prevalecer sobre el interés de toda la sociedad.

El abolicionismo es mucho más que una sanción social, más aún que un presupuesto ético para la convivencia en igualdad, es la misma democracia y su ley, por más que le pese a sectores negacionistas. El abolicionismo es un proyecto político integral que afecta a toda la sociedad y fundamenta sus relaciones de convivencia y responsabilidad social. Es la abolición completa de la esclavitud. Es una causa absolutamente legítima aunque disguste a los sectores más retrógrados.

El  proyecto político de erradicación de la esclavitud, en nuestro país  se inicia sobre 1500 y se fue prolongando hasta 1880,  un proceso que se reprodujo en otros países de nuestro entorno cultural. En todos ellos las mujeres siempre fuimos olvidadas y la prostitución siempre estuvo regulada aquí y fuera de nuestras fronteras, como una ocupación para la supervivencia, dado que no nos dejaban otras opciones laborales. Solo el valor político de la II República y como iniciativa de Clara Campoamor se abolió la prostitución porque mientras existiera esta actividad como “ejercicio profesional” nadie ofrecería trabajo digno a mujer alguna, estas fueron sus palabras.

Quiero concluir con una última reflexión; cuando un hombre compra el acceso al cuerpo de  una mujer o niña y paga por sexo y por ejercer violencia sobre su cuerpo,  participa de un acto político de abuso y opresión que lo envilece, y lo denigra como persona. Está abusando de su poder y privilegio para deshumanizar a otro ser humano. Esta es la condición del putero, asumir la consecuencia sobre sus actos es su responsabilidad. El dinero tiene una enorme carga simbólica, determina las relaciones sociales, pero no podemos subyugar toda relación social a su imposición, no todo puede tener precio, no todo puede ser comprado. Como sociedad podemos decidir que así sea.

En la segunda mesa protagonizada por los candidatos políticos se pasaron dos preguntas en referencia al posicionamiento de cada partido sobre esta cuestión y sobre las políticas al respecto reflejadas en sus programas. El desarrollo de la mesa fue accidentado por dificultades con la megafonía y la iluminación, una vez casi fueron resueltos no quedó tiempo para el debate y la interacción. Quedaron claras en la apreciación de las asistentes que la prostitución es un problema social, internacional muy grave y que el abolicionismo es mucho más que un movimiento, es un proyecto político para toda la sociedad y requiere leyes abolicionistas y políticas abolicionistas que nunca han existido o ningún gobierno desde el inicio de la democracia ha intentado.

Cruz Leal

Abolicionista, porque el abolicionismo es la revolución del feminismo como último ideal universalista.

 

 

 

 

 

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