La paridad en los altos cargos en la UE, una tarea pendiente

La paridad en los altos cargos en la UE, una tarea pendiente

Ninguna mujer ha presidido hasta ahora la Comisión Europea y solo dos han estado al frente de la Eurocámara

Durante sus siete décadas de historia, la Unión Europea ha evolucionado hasta convertirse en un referente democrático a nivel mundial y se ha ampliado a países donde hasta hace no tantos años gobernaban dictaduras. Pero, pese a propugnar la igualdad como uno de sus principios fundamentales, los hombres siguen copando los cargos de responsabilidad. Al menos hasta ahora.

Las elecciones al Parlamento Europeo, y con ello el proceso para elegir al futuro presidente de la Comisión Europea, al del Consejo, al alto representante de política exterior y al presidente del Banco Central Europeo (BCE), han reabierto el debate sobre si ha llegado el momento de que una mujer finalmente sea la jefa del ejecutivo comunitario.

A nivel nacional, han pasado ya cuatro décadas desde que Margaret Thatcher se convirtió en la primera jefa de Gobierno europea, y son varias –aunque menos numerosas– las jefas de Estado y de Gobierno de la UE, con la canciller alemana, Angela Merkel, como la abanderada de todas ellas desde 2005.

Sin embargo, nunca hasta ahora una mujer ha sido presidenta de la Comisión Europea. Las primeras comisarias fueron la griega Vasso Papandreou y la francesa Christiane Scrivener, en 1989, mientras que en la siguiente comisión, la que comenzó su andadura en 1995, también hubo solo dos mujeres: la danesa Ritt Bjerregaard y la sueca Anita Gradin.

En 1999, con Romano Prodi como presidente, Loyola de Palacio –primera comisaria española– se convertiría en la primera mujer vicepresidenta de la Comisión, que incluyó a un total de ocho mujeres. Con Jose Manuel Durao Barroso al frente, se llegó a nueve comisarias, una cifra que se ha mantenido en la actual legislatura con Jean-Claude Juncker, si bien son ya 28 los estados miembro –cada país tiene un comisario–.

Para Carme Colomina, investigadora del CIDOB, el que la Comisión Europea no haya tenido hasta ahora a una mujer al frente «es una anomalía insostenible que lastra el discurso del ejecutivo comunitario en materia de igualdad de género», habida cuenta además de que las mujeres representan el 52 por ciento de la sociedad europea.

ASIGNATURA PENDIENTE PARA LA UE
Una opinión que comparte la directora de programas del Real Instituto Elcano, María Solanas, que lo considera una «asignatura pendiente» habida cuenta de que la «igualdad de género forma parte del proyecto europeo».

Según Colomina, «en pleno intento de involución en materia de derechos en algunos estados miembro, de intentos de utilización del debate de género como terreno de lucha ideológica, la Unión Europea debería mandar una señal contundente de compromiso con la igualdad, más allá de los equilibrios políticos, geográficos y de género» en el nuevo reparto de los altos cargos.

Uno de los problemas, que ya denunciaron primero Barroso y después Juncker, es que los gobiernos de los estados miembro no proponen a mujeres para ser miembros de la Comisión, lo que impide alcanzar la paridad. En esta ocasión se ha planteado la posibilidad de que los estados propongan a un hombre y una mujer, facilitando así al futuro jefe del ejecutivo comunitario la conformación de su equipo.

«Si los estados no proponen a mujeres, al presidente de la comisión le resulta complicado sacarse nombres de la manga», resume Solanas, que considera que la opción de los dos nombres podría «ser una buena táctica» para ayudar a alumbrar un ejecutivo paritario en esta ocasión. Asimismo, sostiene que «hay mujeres suficientemente preparadas y dispuestas» para ocupar altos cargos en las instituciones europeas. «No hay excusa para decir que no hay mujeres ni candidatas», recalca.

La investigadora del CIDOB coincide. «En estos últimos años, las mujeres han demostrado una capacidad de movilización política muy importante en toda la UE, pero los avances conseguidos en cuanto a representación femenina en las instituciones europeas son insuficientes», denuncia. «Ha llegado el momento de mandar un mensaje político claro en este sentido», subraya Colomina.

LOS PARTIDOS NO PROPONEN A MUJERES
Sin embargo, los dos principales grupos en la Eurocámara –a priori llamados a copar los principales cargos a repartir– no han propuesto a una mujer como su ‘spitzenkandidat’, es decir, su jefe de filas de cara a ocupar el puesto de presidente de la Comisión. Tanto el Partido Popular Europeo (PPE) como la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D) han nombrado a un hombre, Manfred Weber y Frans Timmermans, respectivamente.

El tercer mayor bloque en la Eurocámara, el conformado por los liberales, ha optado por nombrar lo que ha denominado un «equipo Europa» integrado por siete nombres como candidatos para los altos cargos en la UE de los que cinco son mujeres. La actual comisaria de Compentencia, la danesa Margrethe Vestager, se ha convertido en su cara visible y ha sido la encargada de representar al grupo ALDE en los debates entre los candidatos.

Por su parte, los verdes europeos han propuesto una terna de dos candidatos, la alemana Ska Keller y el holandés Bas Eickout, como candidatos a presidir la Comisión Europea, si bien ha sido la primera la encargada de participar en los debates previos a las europeas en representación de su grupo.

Como recuerda Solanas, la investigadora de Elcano, dado que no solo hay que designar a quién será el presidente de la Comisión Europea los próximos cinco años, si finalmente este cargo no recae en una mujer no sería un fracaso siempre y cuando alguna mujer fuera designada para otro de los cargos importantes.

«Tiene que haber mayor equilibrio entre hombres y mujeres» en general, subraya, puesto que actualmente además de Juncker como presidente de la Comisión, también son hombres quienes presiden el Consejo, el polaco Donald Tusk y el BCE, Mario Draghi, así como la Eurocámara, Antonio Tajani. Solo Federica Mogherini rompe este predominio masculino como alta representante de política exterior.

Entre los nombres que suenan ahora en las quinielas figuran, además de Vestager, la directora gerente del FMI, la francesa Christine Lagarde, la directora general del Banco Mundial, la búlgara Kristalina Georgieva, así como la presidenta saliente de Lituania, Dalia Grybauskaite, la vicegobernadora del Banco de Francia, Sylvie Goulard, y la ministra de Defensa alemana, Ursula Von der Leyen.

Asimismo, también se ha mencionado a Merkel, aunque la canciller alemana dijo hace unos días que no ocupará ningún cargo político, «ni siquiera en Europa», cuando termine su mandato.

LA EUROCÁMARA, LEJOS DE LA PARIDAD
La propia Eurocámara, cuyos 751 integrantes serán elegidos entre el 23 y el 26 de mayo, adolece de falta de paridad, si bien se han hecho avances considerables desde que en 1979 se realizaron las primeras elecciones directas. Así, en aquella ocasión, solo había un 16,3 por ciento de mujeres mientras que en 2014 supusieron el 36,9 por ciento.

La imposición de cuotas de género por parte de algunos estados miembro en sus listas a las elecciones europeas ha hecho que el número de mujeres eurodiputadas haya aumentado, pero la disparidad entre países es más que considerable. Así, por ejemplo, colo el 16,7 por ciento de los representantes de Chipre son mujeres, mientras que en el caso de Finlandia suponen el 69,2 por ciento.

En cuanto al puesto de presidente del Parlamento Europeo, populares y socialistas han venido rotándose durante décadas, con alguna excepción, en el cargo durante periodos de dos años y medio, si bien hasta la fecha solo dos mujeres han ocupado el puesto.

La primera en hacerlo fue la francesa Simone Veil, quien fue de hecho su primera presidenta tras las primeras elecciones directas de 1979 y estuvo en el cargo hasta 1982. Después de ella, solo la también francesa Nicole Fontaine ha ocupado el puesto y fue entre 1999 y 2002.

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