¿Por qué siguen existiendo los roles de género?

¿Por qué siguen existiendo los roles de género?

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Soldadoras en un astillero de Pascagoula (EEUU) en 1943.
The U.S. National Archives

Celia de Anca, IE University

Ayer saliendo de casa me encontré con los vecinos. Salió primero la madre, empujando el carrito de su nuevo bebé. Detrás salía su hija de tres años, asimismo empujando un carrito de juguete con su muñeco bebé dentro. Luego salió el padre, sacándose del bolsillo las llaves del automóvil. Le seguía de cerca su hijo, con su flamante coche nuevo de juguete. La persona que me acompañaba al verlos pasar exclamó: ¡Qué manera de perpetuar los roles de género!

Y me quedé pensando que sí, que algunos estudios indican que parte de la falta de mujeres en puestos de responsabilidad se debe a los roles de género que, aunque van cambiando con la sociedad, de alguna manera siguen actuando en nuestro subconsciente; la mujer cuida y el hombre se encarga de conseguir, trabajando, el coche y el resto de bienes familiares.

Príncipes y princesas

Pero también pensé que no es tan fácil la solución. ¿Qué podemos hacer? ¿Dejamos de fabricar muñecas y coches y ponemos a nuestros niños y niñas a jugar con construcciones? Desde hace un tiempo, no mucho, la sociedad ha aceptado que las niñas jueguen con coches y los niños, con muñecas (aunque sea más raro). Pero, hagamos lo que hagamos, y lo he visto en muchas ocasiones, muchas niñas quieren ser princesas y jugar a las mamás, independientemente de la educación de género neutra que sus padres les hayan querido dar.

A lo mejor es que el modelo de género está a un nivel todavía más profundo que el de la educación infantil. Franz Kafka expresaba el drama del individuo, viviendo en un presente tensionado entre dos fuerzas contrapuestas: la primera, el pasado, que se empeña en seguir vivo en nuestro interior para poder actuar en el presente; la segunda sería la fuerza del futuro, que lucha por ocupar el espacio presente sin dejar rastro alguno del pasado. En medio estamos nosotros, intentando lidiar con lo que heredamos y lo que queremos ser.

Y es esa tensión la que la investigación señala como base de muchas de las barreras internas que dificultan el cambio de modelo en la sociedad, tanto para hombres como para mujeres. Y en parte, solo en parte, (las barreras externas siguen alzadas) es la causante de que la mujer en el mundo siga ocupando solamente el 25% de los puestos ejecutivos a nivel global y el 19,4% en España.

El Centro de Diversidad de IE University lleva tres años desarrollando una investigación y profundizando en esas barreras internas, que ha resultado en una herramienta digital que mide el hueco, el gap, entre lo heredado, lo aspiracional, y la tensión resultante: el Gender Aspiration Gap Indicator (GAPI).

Mind the gap

Los resultados de las muestras obtenidas hasta ahora en distintos grupos de hombres y mujeres apuntan a un significativo consenso sobre la existencia de brechas de roles de género tradicionales y emergentes que pueden fácilmente reconocerse e identificarse. Contrariamente a lo esperado, los resultados de la investigación indican que no existe un modelo claro de roles de género emergente, sino que existe una considerable diversidad en la construcción de modelos individuales aspiracionales.

La conclusión apunta a la existencia de una gran diversidad de caminos hacia el éxito, lo que en sí es positivo. Pero esa falta de claridad en el camino a seguir y la falta de referentes hace que muchas mujeres se encuentren entre dos tensiones, sus aspiraciones personales y aquello que creen que se espera de ellas por ser mujeres. Esto al final se convierte en una barrera para su desarrollo profesional. Como consecuencia, muchas, al final, tiran la toalla y no llegan a donde podrían haber llegado.

Kafka apuntaba a una solución para poder resistir la tensión: transcender nuestro presente para poder reconciliarnos con el pasado, y ya en paz con él, integrarlo en el futuro. Porque romper con nuestro pasado sin habernos reconciliado nos deja rencor y malestar, y vivir en él nos impide ser quienes estamos destinados a ser.

Pero el camino de Kafka es social e individual. Social porque sólo si la sociedad rompe las barreras externas se podrán romper la internas. Pero también individual porque cada uno tenemos un ritmo distinto y debemos aprender a transitarlo. Dicho de otro modo, el gap entre nuestro modelo heredado y nuestro modelo aspiracional es distinto para cada uno.

Ritmo y tensión

Por eso muchas niñas querrán jugar con coches o pistolas, y muchas otras querrán ser princesas y jugar con muñecas. Y eso no es un problema, siempre que cada mujer sea consciente de cuál es su camino y su ritmo, y pueda así gestionar su tensión. Si la tensión es demasiado grande, muchas mujeres pueden acabar optando por cortar sus aspiraciones y quedarse en lo heredado evitando sufrimientos. Igualmente, muchas otras tomarán el camino opuesto, cortando con el modelo heredado de forma radical y teniendo una vida profesional a veces salpicada de culpa y duda. A la vez, el hombre también sufre desgarros entre lo heredado y aquello a lo que aspira.

Si aprendemos a ser conscientes de nuestras tensiones internas y a gestionarlas, cualquier camino para vivir es sano. Así de diversos somos. Y con esa diversidad la sociedad tiene que permitir la multitud de caminos que estamos destinados a emprender.The Conversation

Celia de Anca, Directora del Saudí Spanish Center for Islamic Economics and Finances (Scief) y del Centro de Diversidad del IE Business School. , IE University

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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