Hablemos de los prostituidores y puteros

Hablemos de los prostituidores y puteros

Lo primero que me pregunté al leer el artículo de Francisco Molina es si él sería capaz de entender la palabra con la que titula su artículo aplicada a una hija suya o a su madre, mujeres al fin como las otras de las que el habla. Lo cierto es que me agrede el título del artículo, tanto como esa palabra tan frecuente en el español, que ha construido un lenguaje acorde con su machismo patriarcal.

Escuché a Dolores Juliano como en el siglo XVIII apenas había cárceles para mujeres, y si hoy se observa, quienes cometen delitos y quienes están en la cárcel, constatará que hay entre la población reclusa más de un 90% de hombres y menos de un 10 % de mujeres. Hablaba Dolores Juliano en su  libro “Presunción de inocencia. Riesgo, delito y pecado en femenino“ cómo las mujeres, aunque son las más pobres en cada sociedad y las que asumen mayor cantidad de responsabilidades, cometen muy pocos de los delitos asociados a necesidades económicas. Evitan delinquir desarrollando estrategias alternativas que van desde la capacitación mediante el estudio a la construcción de redes de apoyo, en el trabajo sumergido y el «trabajo» sexual, entre otros.

La prisión representa para ellas un problema mayor que para los hombres, en la medida que rompe sus vínculos familiares y las aleja de lo que viven como sus deberes de cuidado. Así, las mujeres eligen, dentro de las opciones de que disponen, las soluciones que les parecen mejores, o menos malas. Esta estrategia del mal menor no siempre lleva a buen puerto. A menudo se sale de la sartén para caer en las brasas, pero al menos permite jugar con alguna alternativa.1

En relación a la opinión de la iglesia sobre lo pecaminoso del sexo aprendimos leyendo a Uta Ranke Heinemann en su libro «Eunucos para el reino de los cielos»2, cómo el sexo ha estado considerado también pecado dentro del matrimonio, como la iglesia se apropió de pensamientos estoicos y pretendió que todas y todos fuéramos eunucos. Pero con el tiempo, en nuestra Iglesia que es y siempre ha sido misógina, San Agustín habló de entender  la necesidad de qué los hombres pudieran descargar sus bajas pasiones en unos espacios que comparaba a los vertederos de basura que también las ciudades necesitaban.

Para San Agustín, los prostíbulos funcionaban como un seguro contra la corrupción de las costumbres y los desórdenes sexuales, del mismo modo que las cloacas y sentinas, aunque repletas de inmundicias, salvaguardaban la sanidad del resto de la ciudad: «cerrad los prostíbulos y la lujuria lo invadirá todo».3

Había pues mujeres en esas cloacas, no sabemos cómo las distinguían de las otras seguramente por eso se empeñaron en separarnos entre nosotras queriéndonos mostrar a unas como malas y a las otras, las que les darían a hijos que llevarían los apellidos de ellos, como buenas.  Establecieron la trinidad posible para las mujeres, las malas, llamadas como lo hace el señor Molina y las buenas que podían ser Madres o Vírgenes. En su misoginia la Iglesia apostó por las vírgenes y solo hay que ver como llamamos a la Madre de Jesús.

Nos dice Ana de Miguel que la prostitución es una escuela de desigualdad social. Sabemos que el cuerpo de la mujer no es un espacio de trabajo, aunque la sociedad pueda llevar a algunas mujeres a esa situación vejatoria y altamente peligrosa para su integridad física o mental.

Nos preguntamos si Francisco Molina al escribir su articulo habrá pensado lo que significa, vivir con el estigma de la palabra, con la que lo titula sobre sus hombros. Dice Virginie Despentes en su libro Teoría King Kong, que quiso vengarse de una violación que la dejo traumatizada cuando era joven, cobrando por su compañía y por el uso de su cuerpo a los hombres, que el rasgo común de las que pasaban por esa situación era intentar que nadie conociera que eso había pasado, no querían que nadie supiera que habían sido prostitutas.

La sociedad no perdona a las mujeres que han compartido su cuerpo por dinero. A los hombres sí los perdona

Sabemos que no hay mujeres en situaciones de privilegio y con posibles que se vendan, que siempre la salida de permitir ser usada, es una respuesta a una situación límite, de necesidad infinita, sabemos que los riesgos que sufren las mujeres que se prostituyen se multiplican exponencialmente con relación a las mujeres que no lo hacen, las violencias que sufren son diarias.  Es por eso que desde la izquierda la respuesta a la prostitución no es la regulación ni la legalización, es permitir que todas las mujeres y en todos los países tengan derecho a un trabajo digno.

Sabemos además que el acceso a la red nos muestra a todas y todos, una sexualidad perversa, que celebra la vejación y el dolor en los rostros de las mujeres. Si la historia la escribieron los hombres olvidándonos, el porno lo han hecho los hombres sacando a la luz sus paranoias más abominables, machistas y denigrantes y el cine normal, hecho también, hasta ayer, mayoritariamente por hombres ha ayudado mostrando muchas mas mujeres que se prostituían de las que hay en realidad y siempre en un papel feliz. Recordamos a Veronica Forqué encantada de conocerse mientras se vendía en ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

También recordamos a Julia Roberts en la película Prety Woman, que nos muestra una joven prostituta que encuentra a su príncipe azul (un tipo impresentable que no era capaz de tener relaciones normales con mujeres iguales a él y debe pagar por compañía y sexo). Son innumerables las películas que dan rienda suelta a sueños sexuales masculinos en los que se ayudan de felices prostitutas. Recordamos a Maria Schneider que actuó en ”El último Tango en París” que jamás perdonó ni a Bertolucci ni a Marlon Brando por violarla de forma real en la tristísima escena de la mantequilla, para según Bertolucci, mostrarnos claramente al público  el sentimiento de humillación de la joven, mas allá de que fuera actriz. El guion de la película era del mismo director.

Es tristísimo también  recordar a mujeres que trabajaron en cine porno que se han sentido tremendamente utilizadas y han sido juguetes rotos de esta denigrante industria.

¿Nos podemos imaginar, que puede ser sentirse violada cada día e incluso varias veces al día?, ¿penetrada por seres desconocidos con olores colores y formas diversas? ¿Nos podemos imaginar a estas mujeres teniendo que hacer todo lo que muestra el cine porno?.

Desde el feminismo que quiere la igualdad, que está contra la violencia, entendemos que la labor de cualquier gobernante, y más de izquierdas, es trabajar por conceder a todas sus ciudadanas la posibilidad de una vida digna sin violencia y con un trabajo que le permita vivir.

Proponemos relaciones igualitarias y de respeto, pedimos se controle la pornografía y los medios que mediante anuncios casi pornográficos mandan un mensaje distorsionador que produce la infelicidad en los hombres y que es origen de agresiones sexuales y violaciones y en oposición se trabaje para conseguir una cultura que deje de proponer al hombre como un predador sexual, sin capacidad para mostrar sus debilidades, olvidando otras dimensiones de su personalidad como ser un padre amoroso y responsable, cuidador de sus hijas e hijos o un amigo solidario y menos competitivo, en definitiva un ser integro, respetuoso de sus semejantes e incapaz de usarlos para su solo disfrute.

Ninguna esclavitud es aceptable, tampoco el abuso para que las personas hagan actos que perjudiquen a la humanidad o a ellas mismas. Las niñas y niños soldados deben dejar de existir ya. Ellas y ellos tienen que estar en el colegio formándose para el futuro en valores de amor y respeto. Tampoco es aceptable el uso del cuerpo de las mujeres para el placer personal de los hombres. Ya no nos vale el que nos hablen de su incapacidad de controlarse cuando controlan el poder del mundo.

Con el nombre de «trabajadora sexual», no se pueden esconder las vejaciones de que son objeto, y la desvalorización social y el rechazo que sobre ellas pesa. Se puede pretender vender su ocupación como terapéutica, como se puede creer que cierta bebida es la chispa de la vida. Grandes mentiras que hablan de personas con necesidades a resolver, que no pasan por usar a mujeres como cosas y que pretenden que continúen los negocios millonarios, de mafias, proxenetas, anunciantes, clubs y demás submundos a costa de mujeres y muchas veces niñas  que están en un estado límite.

La pelota cambió de terreno, desde el feminismo insistimos en que los comportamientos de los prostituidores y puteros son una puerta abierta a la desigualdad, a la injusticia, al dolor  y a la violencia contra las mujeres  y cualquiera que apoye su actitud va en contra de los derechos humanos de las mujeres.


1-http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2013/12/maria-dolores-juliano-corregido.html

2 Uta Ranke Heinemann “Eunucos para el reino de los cielos” de la Editorial Trotta. Madrid, 1994

3 https://personal.us.es/alporu/histsevilla/prostitucion_publica_justificacion.htm

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