Trabajar en un mundo de hombres

Trabajar en un mundo de hombres

EP BRANDS

Encontramos en tres centros de CLECE el futuro, presente y pasado de la mujer en España

Carla Rigat, gerente de Mantenimiento de Clece, reunida con su equipo

Cientos de miles de personas salieron a las calles el pasado 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, para reivindicar la igualdad real. En Madrid salieron a la calle 350.000 personas, una demostración de fuerza que mejora incluso las cifras de la histórica manifestación del año pasado. En Barcelona fueron más de 200.000 y hubo manifestaciones y concentraciones en todos los puntos de España.

“Involucramos a las familias para concienciarlas en la necesidad de educar en igualdad y huir de los clichés de género”, Inmaculada, directora de la Escuela Infantil Municipal El Globo

Ese mismo día, los niños de la Escuela Infantil Municipal ‘El Globo’ de Valladolid, gestionada por Clece, filial de ACS. vivieron una jornada muy especial centrada en reforzar el valor de la igualdad. “Trabajamos con niños y niñas de 0 a 3 años y lo hacemos a través del juego, involucrando también a las familias para concienciarlas de la necesidad de educar en igualdad y huir de los clichés de género”, nos comenta Inmaculada Ausín, directora del centro. “Nosotros plantamos una semilla que las familias recogen y tienen que seguir regando la planta para que pueda crecer”, añade.

Inmaculada Ausín es la directora de la Escuela Infantil Municipal El Globo de Valladolid

Niñas que sueñan con ser astronautas, policías, ingenieras…

La jornada se inició con la lectura del cuento Max y los Superhéroes, de la editorial Algar. Es la historia de un niño al que le fascinaban los superhéroes, en particular una supeheroína que tenía en casa y que no era otra que su madre. Tras la lectura del cuento, los niños y niñas decoraron una plantilla de recortables de niño o niña con trajes de diferentes profesiones y se fotografiaron en un singular photocall.

La ingeniera Carla

Mientras estas niñas astronautas, policías, ingenieras, jardineras, futbolistas se preparan para el futuro, sigue habiendo profesiones masculinizadas en las que las mujeres están en absoluta minoría. Es el caso de Carla Rigat, una ingeniera de 36 años que trabaja como Gerente de Mantenimiento de Clece en Cataluña y Baleares. No sólo era la primera mujer en ocupar ese puesto en la empresa sino que era la única mujer en su departamento.

Carla ha tenido suerte y reconoce que nunca ha sufrido discriminación. De hecho, entró en el departamento como Jefa de Servicio y dos años después fue promocionada junto a un compañero para un puesto de nueva creación, Jefa de Grupo. “Fue difícil el cambio de papel aunque no tanto por el hecho de género como por la promoción interna. En sí no he encontrado nunca dificultades”, nos comenta.

Aunque no ha sufrido discriminación en relación a sus compañeros, sí ha vivido situaciones significativas con algunos clientes, que se sorprenden de encontrar a una mujer en su puesto y, además, joven.

“He ido a reuniones con un colaborador de mi equipo y el cliente se dirigía a él, al hombre”. Carla, ingeniera de 36 años, gerente de mantenimiento de Clece

“Me ha pasado en varias ocasiones que en reunión con clientes o futuribles clientes potenciales a las que he acudido con un colaborador de mi equipo, el cliente se dirigía a él, al hombre. Y no solo esto, sino que cuando se dirigían a mí utilizaban otro tono, más condescendiente. Creo que a esta actitud se les llama ‘mansplaining’, se ignora la experiencia y conocimientos que yo pueda tener sobre el tema”, añade.

Carla confía en que la situación se revierta. En este sentido, se muestra esperanzada ante el hecho de que con los técnicos más jóvenes la sensación es diferente: “Creo que es un tema generacional y cada vez me encuentro con más clientas mujeres. Al final somos dos tías en una mesa hablando de motores”

Sobre el techo de cristal, Carla hace una interesante observación: “Siempre he creído que los cargos se tienen que asignar por méritos y que los que tienen que estar arriba sean los mejores. Pero en mi reflexión interna a lo mejor sí que es necesario forzar la presencia de mujeres para llegar a una situación más justa. Las mujeres no tenemos las mismas posibilidades que los hombres para acceder a una entrevista de trabajo y, aunque llegues, seguro que al filtrar curriculums hay más hombres”.

Aunque queda mucho por hacer, Carla es el ejemplo de que las cosas están cambiando.

La perito mercantil Esther

Esther Herce Cañas, de 91 años, fue una de las primeras perito Mercantil en España

Hemos encontrado a otra mujer pionera que intentó abrirse camino en un mundo de hombres a mediados del siglo pasado. Esther Herce nació hace 91 años en Logroño y fue una de las primeras mujeres perito mercantil en España. Pese a su preparación no tuvo demasiadas oportunidades profesionales. “Si hubiera sido un hombre habría tenido acceso a empresas más grandes o fábricas más fuertes, tipo multinacionales donde los sueldos eran más altos”, lamenta.

Esther Herce trabajó en la antigua fundición Casa Elías de Logroño

Acabó trabajando en una fundición en Logroño, la antigua Casa Elías, donde desempeñaba funciones de contabilidad. “Con un contrato de oficial y pagándome parte de mi sueldo en dinero negro -cosas de la época-. Ya sabía que eso me iba a perjudicar de cara a la pensión, pero bueno, pensaba ‘mientras tanto ese dinero es mío’”, asegura. Sólo trabajaban tres mujeres, ella, otra compañera de administración aunque con menos responsabilidad que Esther y la empleada de limpieza.

“Pillé a mis compañeros escondiendo papeles para que no me cuadraran las cuentas”, Esther, 91 años, perito mercantil

Tuvo problemas con sus compañeros hombres, a los que llegó a “pillar” escondiéndole papeles con la intención de que no le cuadraran las cuentas. “Para ellos, yo sabía demasiado y encima era mujer”. Esa actitud hizo que se replanteara irse a Brasil donde vivía una hermana suya. A su regreso a España volvió a su antiguo puesto de trabajo y su formación en idiomas fue un plus añadido cuando la fundición compró una maquinaria inglesa. “Las instrucciones de la máquina sólo existían en ese idioma, así que tuve que encargarme yo de todas las gestiones, incluida la traducción al castellano de la guía de funcionamiento de la máquina. Tiempo después me enteré, que mi guía traducida incluso se había ido a Sevilla para ayudar a otras empresas que también habían comprado esa máquina”.

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