Postureo con velo

Postureo con velo

 

El pasado 15 de marzo fue un día de espanto, sangre y dolor para la comunidad musulmana de Nueva Zelanda. En la ciudad de Christchurch, un terrorista asesino llamado Tarrant disparó a personas, incluyendo niños, mientras rezaban y retransmitió las matanzas que tuvieron lugar en dos mezquitas a través de Facebook.

Mientras escribo estas líneas, leo que ayer, 25 de marzo, se organizaron actos de vigilia multitudinarios en Christchurch y en Auckland. El país entero parece estar volcándose en gestos varios para intentar mitigar el dolor de la matanza (con 50 personas fallecidas la peor en la reciente historia del país), apoyar a la comunidad musulmana y recordarles que son bienvenidos. La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, no se ha andado con tonterías: la venta de armas de asalto y semiautomáticas ya está prohibida.

Tambien he estado viendo en los medios sociales imágenes de mujeres cubriéndose con el hijab  como gesto de solidaridad hacia las víctimas. Desde la Primera Ministra visitando la mezquita de Kilbirnie en Wellington, o la periodista Samantha Hayes en televisión, hasta neozelandesas de a pie. Por supuesto tal iniciativa esta siendo cubierta por los medios (como la revista de moda Harper’s Bazaar), incluyendo fotos de chicas con su maquillaje y selfies acompañados de mensajes vacuos sobre unidad y tolerancia. El hash tag, que lo tiene, es #headscarfforharmony, o sea, velo por armonía, entre las personas, se supone. La gente lo ve como un gesto de comprensión, pero yo, exceptuando a Ardern, lo veo como el postureo típico del feminismo liberal y del neoliberalismo, que realmente no sirve de nada.

El caso es este: El hijab, como todos los velos que se les impone a las mujeres en esta religión, es una tradición sexista. Todas las religiones organizadas son en realidad el brazo ejecutor del patriarcado. Ya, ya sé que hay mujeres que dicen cubrirse por decisión propia. Las feministas radicales insistimos en repetir que no nos referimos a los actos individuales, si no a la obligación de cubrirse (o desnudarse por mandato patriarchal). Ese es el problema.

En resumidas cuentas, estamos viendo un gesto bienintencionado pero machista para protestar una matanza que es otro caso de violencia machista.

Por supuesto, esta incómoda verdad, el hecho de que la inmensa mayoría de estas matanzas en el mundo entero estén causadas por hombres no es lo que los medios quieren oír. Sophie Walker, fundadora del partido feminista Women’s Equality Party en Reino Unido ha recibido en Twitter un alud de abuso e insultos por decir cosas como que el 97% de los asesinos en masa estadounidenses son hombres. O hablar de las cavernas de internet donde el asesino de Christchurch pululaba en grupos de incels y racistas. Tarrant escribió una especie de declaración y en ella se ve claramente que está obsesionado con las minorías étnicas, las cuales, según él y otros supremacistas blancos, están reemplazando a la raza aria a base de tener familias numerosas y de la inmigración. Clave en este reemplazo es que las mujeres blancas, tan poco solidarias y egoístas ellas solo piensan en sus carreras en lugar de parir como vacas. Sophie Walker ha hablado de esto en Twitter y de como la masculinidad está unida a la violencia, tanto si eres un racista como Tarrant, o un jihadista. Y como respuesta ha han tildado de oportunista al “usar la tragedia” para tratar temas del género (nunca es el momento adecuado, claro), la han llamado troll y estúpida, le han recordado que “las mujeres matamos más hijos al abortar” etc. Los insultos no han venido unicamente de particulares, sino tambien de medios como Sky News.

Claramente, el postureo de hijab y morritos por Instagram es mucho más guay que el denunciar públicamente la violencia sexista. Pero sólo analizando estas matanzas desde la perspectiva feminista radical, analizando el racismo y profundizando en asuntos como la desigualdad económica y el descontento social y como éstos alimentan la masculinidad tóxica se podrá ayudar a que estas tragedias no vuelvan a repetirse.

Lo otro no es más que maquillaje y campañas de márketing por Instagram.

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