Mujeres representan 5,4 % en la pesca extractiva , 62,9 % en marisqueo y son amplia mayoría en industria auxiliar y de transformación.

Mujeres representan 5,4 % en la pesca extractiva , 62,9 % en marisqueo y son amplia mayoría en industria auxiliar y de transformación.

La soledad de las mujeres en tierra les proporciona, al mismo tiempo, independencia y libertad de toma de decisiones en ausencia del pescador

Mujer, titulada de alta cualificación marítimo pesquera, se enfrenta a la falta de oportunidades en el sector pesquero a las dificultades de conciliación y a los estereotipos de género del sector marino, incluidas supersticiones que se han mantenido hasta hace bien poco como que un cura y una mujer en un barco traían mala suerte. Contra todo esto luchan todos los días del año las mujeres en tierra y mar, con ayuda de iniciativas como el proyecto Redmar, que lidera la Fundación para la Pesca y el Marisqueo (Fundamar) y que busca la igualdad de oportunidades en el sector.

Las tripulaciones españolas cuentan con un 4 por ciento de mujeres, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, pero la cifra no distingue entre la pesca más artesanal o de bajura y la de altura, la que se practica lejos de casa, en países como Maldivas.

Según datos del Instituto Social de la Marina de 2017, las mujeres representan un 5,4 por ciento de la pesca extractiva (1.243); sin embargo, alcanzan el 62,9 por ciento del total entre los mariscadores y son amplia mayoría en la industria auxiliar y de transformación.

«La mayoría embarcan en artes artesanales por cuestiones de cercanía de casa, porque son barcos familiares, por estereotipos de género y supersticiones antiguas, ya que se relaciona a la mujer con tareas de tierra, procesamiento y manipulado del pescado y al hombre con la pesca. Pero hay mujeres que quieren embarcar y no gozan con la oportunidad», ha explicado a Europa Press la gerente de la Fundación para la Pesca y el Marisqueo (Fundamar)–con 246 empresas y 347 barcos– María Caldeiro.

Precisamente, para buscar la igualdad de oportunidades en 2013 lanzaron, junto a la Organización de Productores de Buques Congeladores de Merlúcidos, Cefalópodos y Especies Varias (OPPC-3), el proyecto Redmar para evaluar la inserción de la mujer en buques pesqueros, ya que hasta la fecha ellas participaban en calidad de observadoras, biólogas o como control de pesquerías, todas ellas cualificadas, pero no en otras tareas marítimo pesqueras.

Tras analizar la situación, quedó «claro» que era importante fomentar la «empleabilidad» de las mujeres que querían dedicar su profesión al sector. En este contexto, apunta que la principal barrera es la falta de oportunidades, más que la falta de adaptación en la zona de tripulación o la conciliación, pero insiste en que «sobre todo la primera».

Sin embargo, destaca el alto nivel de cualificación de estas, ya que la mayoría están tituladas. «No nos demandan puestos de marineras, sino estos otros», afirma.

Durante 2018 pusieron en marcha el proyecto Redmar II, que cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica, con el que se han realizado embarques de mujeres con titulación náutico-pesquera. Tras el proyecto, ellas han transmitido que «no ha habido ningún problema de convivencia y sus compañeros las ven como uno más».

Sobre la conciliación opina que el programa permitirá «romper cuestiones» de género porque si un hombre puede estar tres o cuatro meses fuera, la mujer también. «La condición de mujer no significa que quieran tener una familia», apostilla.

De ellas, una Arantxa Toriza Pérez, con 29 años y de Viveiro (Lugo) ya está de nuevo embarcada y pescando en Malvinas como segundo oficial de puente en el barco ‘Playa Pesmar Uno’ de Marín (Pontevedra). Desde allí ha manifestado a Europa Press que lo que más le gusta es el «mar en sí» y el trabajo en equipo y lo que menos estar «tan lejos de casa».

Toriza observa que la discriminación a la mujer en el mar viene de la falta de oportunidades, ya que si un armador tiene currículos de hombres y mujeres opina que «lo más probable» es que cojan al primero, pero asegura una vez dentro si se demuestra valía «no hay discriminación». Al mismo tiempo, no ve «ventajas ni desventajas» por ser mujer en un barco y que cobra «lo mismo» que sus compañeros.

En cuanto a las dificultades diarias considera que la habitabilidad debe ser adecuada para ambos, y después «es tan fácil como cuando compartes piso con más hombres y mujeres». Arantxa Toriza defiende que sus compañeros «nunca» la han hecho de menos y se siente y ha sentido «siempre muy respetada».

Lo único que pide es que le den «un empujoncito» a los armadores para que prueben con quien tenga ganas de trabajar sea hombre o mujer y respecto a la conciliación familiar cree que «cada uno tendrá que negociar según sus necesidades». Admite que durante los meses de embarazo y lactancia una mujer no embarca pero después, «hombres y mujeres deberían tener el mismo derecho a conciliar y embarcar».

MATRIARCADOS PODEROSOS
Desde el puerto de Vigo, la armadora de Ventas Recaré, Pilar Estévez, no se ha encontrado en su vida discriminación pero quizá tenga que ver con el hecho de que es nieta de patrón e hija de armador, de cuya mano llegó a la empresa, desde la que dirige tres barcos que pescan en Gran Sol. «Me han aceptado en todo momento», ha afirmado a Europa Press.

Estévez quiere destacar también «en tierra» las mujeres ejercen «verdaderos matriarcados» donde hace y deshacen su vida familiar.

Sin embargo, sí ha observado dificultades para introducir a las mujeres en tripulaciones pero garantiza que en sus barcos «no hay resistencia alguna» y ya ha «avisado» a sus tripulaciones de que este año irán mujeres a bordo sus barcos en «cualquier» tarea sin que hasta ahora haya observado «mala cara alguna».

«Estamos preparados», dice Estévez que cree que a las mujeres de sus barcos les será «fácil» conciliar porque sus campañas son mareas de 14 o 15 días fuera de casa. «Nada impide a una mujer conciliar 15 días, aunque necesita una red de apoyo», reconoce la armadora.

Por su parte, Uxía López-Doriga Sandoval, de Vigo, está casada con un marino, es hija y nieta de marinos y tiene una alta cualificación. Ha realizado trabajos desde 2012 como observadora, bióloga en barcos en Canadá, Islandia, Noruega, sin «ninguna mala experiencia o discriminación», pero constata que el sector va «a ralentí» en la incorporación de la mujer y existe «techo de cristal».

Tras varios años en el mar, ahora realiza su tesis doctoral en Barcelona. Fue en un embarque en Noruega donde conoció a su marido, Juan, que se enrola durante tres meses en barcos, segundo oficial de puente, y después descansa un mes en el que acude a Barcelona para estar juntos. «Una de las ventajas es que él se puede desplazar donde yo estoy», celebra.

Por su parte, Pilar Carracelas sueña con que llegue el próximo mes de diciembre porque su marido, después de 30 años en el mar, se va a jubilar. Así, relata una vida de «incertidumbre» y «soledad» en la crianza de sus hijos, que la han hecho «dura» en la toma de decisiones.

A pesar de esta soledad, Pilar ha ejercido como administrativa en Vigo «con la ayuda de su madre» que cuidaba mientras tanto a sus hijos. «Tuve a mi primer hijo a los 22 años y el segundo a los 26 y los crié sola, pero para él era peor, él se iba y estaba solo varios meses fuera. Ha sido muy duro, pero si quieres a la persona… no cambiaría nada», afirma con alegría, aunque añade que la primera vez que su marido se embarcó, ella lloró durante 40 días.

También recuerda la vida de renuncias en la que se acompañaba de muchas amigas con maridos también marinos y pescadores, con las que ha visto pasar la vida y compartido dificultades. «Éramos todas muy valientes», asegura.

Desde luego, cree que su marido se adaptará perfectamente a su vida en tierra y como ella aún no se jubilará será él quien se encargue de las tareas del hogar, excepto planchar, que no le gusta, y disfrutará más de su nieto de 16 meses de lo que pudo disfrutar de sus propios hijos.

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