4.000 años de violencia contra las mujeres una guerra que aún no ha terminado

4.000 años de violencia contra las mujeres una guerra que aún no ha terminado

La violencia contra la mujer, la intromisión violenta del Estado y de los hombres para controlar el cuerpo de las mujeres, está documentada desde hace casi 4.000 años.

Es la guerra más larga de la Historia. Y aún no ha terminado.

Este libro, entre el reportaje periodístico y el ensayo divulgativo, habla de crímenes de honor, de abortos clandestinos, de manadas, de matrimonios infantiles, de los castigos a las insumisas, de prostitución y trata, de la ablación femenina. Y también de otras violencias, más sutiles, menos evidentes: de sentencias judiciales, de la exclusión de las mujeres en la Historia, de las vejaciones en la publicidad y en la pornografía, de la brecha salarial o de la sumisión santificada por costumbres y religiones.

La guerra más larga ¿Por qué este libro?

En todas las sociedades, incluidas las que se tienen por más avanzadas, se ha ejercido a lo largo de la Historia, y se ejerce en nuestros días, una violencia sistemática sobre la mitad de la población. Violencia física, pero también muy diversas y sutiles formas de violencia cultural y estructural practicadas sobre niñas y mujeres.

A través de los siglos y de todas las geografías puede narrarse una crónica de la infamia, de la opresión y de la desigualdad. Una crónica cuyos rostros más visibles son los actos de violencia física y sexual: las violaciones, los asesinatos machistas, el maltrato, la esclavitud sexual, los matrimonios forzados, la trata, los infanticidios de niñas, los castigos físicos a las insumisas… Una crónica con violencias menos detectables, pero de más largo alcance: la violencia cultural, creadora de estereotipos y construida desde la religión, la educación, el lenguaje, la publicidad, el arte, las tradiciones, las leyes, etc., herramientas todas ellas que se utilizan para lograr la aprobación social de las desigualdades y la desvalorización simbólica de la mujer.

Pero también hay una violencia estructural que permite que la mitad de la población se beneficie siempre en detrimento de la otra mitad: la brecha salarial, los techos de cristal, la ausencia de conciliación familia-trabajo, la penalización laboral de la mujer por la maternidad…

En este libro las autoras pretenden llamar la atención sobre cómo todas estas formas de violencia ejercidas de forma sistemática contra las mujeres han traspasado tiempos y fronteras y se han convertido en una constante en la Historia de la humanidad.

Pero este libro es también una narración sobre cómo la lucha de las mujeres ha conseguido avances que han permitido mejorar la vida de millones de personas: el derecho al voto, la legalización del aborto y del divorcio, el acceso a la educación, la liberación sexual, … Conquistas de las mujeres que siguen protagonizando la que puede considerarse la guerra más larga de la Historia.

¿Cuándo empezó todo? La legitimación de la violencia

Todas las formas de violencia contra las mujeres están vinculadas directamente al sistema patriarcal en que se organizan y se han organizado siempre todas las sociedades. Un sistema basado en la dominación masculina sobre las mujeres. Esa dominación exige primero convertir a la mujer en un ser débil, inferior, necesitado de control. Exige también el consentimiento y la sumisión de las mujeres, de forma pacífica o mediante el uso de la violencia. La devaluación de la mujer ha sido una constante histórica y la normalización de la violencia ha sido legitimada por las religiones, las costumbres, los pensadores o los filósofos.

Para Aristóteles la mujer es “un varón deforme”; Cervantes las califica de “animal imperfecto”; Quevedo escribió que la mujer “es buena cuando está en la sepultura”; Rousseau defendía para las niñas una educación basada en la obediencia, la castidad y la sumisión, y opinaba que «la mujer está hecha especialmente para complacer al hombre»; Nietzsche aconsejaba llevar un látigo para tratar con mujeres, y Schopenhauer creía que «solo infundiéndoles temor puede mantenerse a las mujeres dentro de los límites de la razón». Sin olvidarnos de Hegel, para quien las mujeres, a las que excluye de la ciudadanía, deben vivir solo para la familia y para el varón: «En el hijo, la madre ha traído al mundo a su señor».

Pero también es cierto que, lentamente, las actitudes empiezan a cambiar y que el nivel de aceptación de la violencia contra las mujeres disminuye. Al menos 127 países han aprobado leyes que condenan la violencia de género, 15 tienen leyes relacionadas con el acoso sexual y 52 contemplan la violación conyugal.

El silencio secular frente a los acosos, los abusos y las violaciones empieza a ceder, y a través de manifestaciones multitudinarias y de la aparición de movimientos como #Metoo, Ni una menos, «No es No» o Time’s Up, las mujeres están diciendo que el tiempo de callar ante la violencia se ha terminado.

Violencia cultural- tradiciones y leyes que hieren a las mujeres

A lo largo de la Historia, numerosas construcciones culturales han creado y consolidado el papel secundario y devaluado de las mujeres en el mundo, garantizando así su sometimiento a la dominación de los hombres. Religiones, leyes, prohibiciones, tradiciones aberrantes como la ablación o costumbres que hieren el cuerpo de las mujeres son algunas de las herramientas para construir la desigualdad.

En nombre de las religiones

Las religiones monoteístas a través de sus libros sagrados (Biblia, Corán) han servido para justificar la inferioridad y subordinación de la mujer a lo largo de la Historia.

“De los innumerables pecados cometidos a lo largo de su historia, de ningún otro deberían arrepentirse tanto las Iglesias como del pecado cometido contra la mujer”. UTA RANKE-HEINEMANN, primera mujer que obtuvo un doctorado en Teología Católica.

LA BIBLIA incorpora dos de las metáforas más poderosas relativas al género: el mito de la creación y el mito de la caída. La creación del hombre a imagen y semejanza de Dios y la creación de la mujer a partir de la costilla de Adán a imagen y semejanza del hombre consolida y perpetúa la inferioridad de la mujer. El mito de la caída convierte a Eva, la mujer, en el origen de todos los males.

Sin ir demasiado lejos, esto dice el papa Francisco, supuestamente progresista, sobre la ordenación de las mujeres:

“Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a
partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma
dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y
que no se pueden eludir superficialmente. El sacerdocio reservado a
los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la
Eucaristía, es una cuestión que no se pone en discusión.”

En el año 2000, el libro La mujer en el Islam, del imán de Fuengirola, Mohamed Kamal Mostafa, enseñaba a sus lectores cómo pegar a la mujer sin dejar marcas. Ingresó en prisión condenado a un año y tres meses, aunque la pena fue suspendida a cambio de que realizara un curso sobre derechos humanos.

Abortos ilegales: cuando el Estado decide

Cientos de miles de mujeres se ven obligadas cada año a abortar clandestinamente, en condiciones de alto riesgo, por causa de legislaciones que castigan a las mujeres y no reconocen el derecho al aborto. Cada año se producen en el mundo más de 25 millones de abortos inseguros, según un estudio conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto Guttmacher de Estados Unidos. La mayoría de los abortos inseguros (el 97%) ocurren en países en vías de desarrollo en África, Asia y América Latina. A lo largo de la Historia, numerosas construcciones culturales han creado y consolidado el papel secundario y devaluado de las mujeres en el mundo, garantizando así su sometimiento a la dominación de los hombres. Religiones, leyes, prohibiciones, tradiciones aberrantes como la ablación o costumbres que hieren el cuerpo de las mujeres son algunas de las herramientas para construir la desigualdad.

Está demostrado que prohibir el aborto no reduce su número. Sí lo hacen la educación sexual, el uso de anticonceptivos y una mayor igualdad de género.

La situación ha mejorado desde 2005, pero el Instituto Guttmacher ha advertido en su último informe de 2017 que algunos países con leyes ampliamente liberales han incorporado restricciones cada vez mayores que limitan el acceso a procedimientos legales para abortar. Como en Estados Unidos, donde la llegada de Donald Trump ha generado nuevas amenazas sobre el derecho al aborto.

“Las mujeres que abortan deberían recibir alguna forma de castigo”. Donald Trump en una entrevista.

La situación en España

España está hoy en el grupo de países cuyas leyes de interrupción del embarazo son menos restrictivas. Con la ley vigente, dentro de los plazos legales, es suficiente la decisión de la mujer (con consentimiento paterno en menores de edad). Pero para llegar aquí se ha recorrido un largo camino.

En 1976 se realizaron en España unos 300.000 abortos clandestinos en los que murieron 3000 mujeres, según datos del Tribunal Supremo.

La llegada de la democracia permitió que las mujeres reclamaran este derecho en la calle. Las movilizaciones obligaron al Gobierno de Felipe González a elaborar la primera Ley del Aborto de la democracia. En 2009 el gobierno de Zapatero presentó un nuevo proyecto para instaurar el criterio de plazos. Esta ley entró en vigor en 2010 provocando virulentas reacciones en los sectores más conservadores de la sociedad. El Partido Popular presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional que, a fecha de hoy, aún no se ha pronunciado.

En 2013 Gallardón intentó modificar la ley presentando un nuevo proyecto que suponía un retroceso respecto a la ley vigente en España en los últimos 24 años. La contestación en la calle y la falta de apoyo de los grupos parlamentarios tumbaron su proyecto y provocaron la salida del ministro.

Sentencias judiciales: de víctima a culpable

«Peculiar forma de mostrarse». «Ausencia de aflicción».
«Ningún síntoma de abatimiento durante su declaración ante el tribunal». «No hay ningún acto del que se pueda desprender un “no” de la joven». Abogados de «La Manada» en el juicio por violación.

La estrategia de los abogados de La Manada es bien conocida: se trataba de sembrar dudas sobre el comportamiento y la forma de vida de la mujer para que fuera más fácil argumentar que consintió y disfrutó del sexo con cinco desconocidos que se jaleaban unos a otros mientras hacían con el cuerpo de la mujer lo que les venía en gana.

El 27 de abril de 2018 se conoció la sentencia sobre La Manada. El Tribunal, la Audiencia de Navarra, no apreció agresión sexual, es decir, violación, y condenó a los acusados por un delito de abusos sexuales continuados y sin consentimiento.

En las calles la opinión fue unánime

Era difícil entender la sentencia. Si no hubo consentimiento y sí penetraciones múltiples, ¿no es eso violación? “… la persistencia [en España] de prejuicios discriminatorios que impactan negativamente en los derechos de estas víctimas en el proceso judicial. A diferencia de lo que sucede en otro tipo de delitos, las mujeres víctimas de violencia de género, incluyendo la violencia sexual, se enfrentan habitualmente a prejuicios por parte de las autoridades que ponen en duda la credibilidad de sus testimonios, lo cual introduce una pesada carga para demostrar la veracidad de su relato”. AMNISTÍA INTERNACIONAL sobre la situación en ESPAÑA

“Yo sí te creo” #Cuéntalo

La sentencia de La Manada ha marcado un antes y un después. Nunca antes en la Historia de España un juicio por violación había despertado tanto interés. Ni tanta indignación. Una vez más se ponía en cuestión a la víctima.

La indignación saltó a las calles, a las portadas de periódicos, a las redes sociales. Incluso los partidos políticos hablaron de cambiar el Código Penal.

Pero no son solo las leyes. Son las mentalidades que siguen sospechando de una mujer que se pasea sola de noche con un desconocido, que vuelve tarde a casa, que no se deja matar…

Ablaciones y “otras tradiciones” que hieren y matan mujeres

Si hay algo de lo que puede presumir la sociedad patriarcal es de imaginación y de fantasía extremas a la hora de inventar y poner en práctica rituales aberrantes relacionados con la sexualidad de las mujeres.

Ablaciones: Cada año, 3 millones de niñas son sometidas a la tortura de la mutilación genital. La ONU estima que en el mundo hay al menos 200 millones de niñas y mujeres mutiladas; de ellas, 44 millones han sufrido esa práctica antes de cumplir 14 años. Esta costumbre está fuertemente arraigada en casi una treintena de países, la mayoría de África. Aunque muchos de los países donde se realiza son de mayoría musulmana, la mutilación es anterior al islam y al cristianismo y es considerada una tradición cultural que se perpetúa también entre las comunidades de migrantes en Europa.

La mutilación, en cualquiera de sus formas, busca el sometimiento de la mujer, su control frente a las relaciones sexuales, su incapacitación para estas relaciones y el placer.

La modelo Waris Dirie, Flor del desierto, fue la primera mujer en confesar que había sido mutilada. Hoy es una reconocida activista que lucha contra la ablación.

Planchado de pechos en Camerún: Piedras, palos u otros objetos, siempre calentados sobre las brasas, se pasan repetidamente, durante meses, para interferir en el desarrollo de los senos de las pequeñas, haciéndolas menos deseables a ojos de los hombres y evitar así las violaciones. En la mayoría de casos son las madres o las abuelas las que ejecutan el planchado, muchas de ellas convencidas de estar haciendo lo mejor para sus hijas al permitirles librarse de un matrimonio temprano o de una violación. Parece que nadie ha pensado en que sean los violadores, no las niñas, quienes reciban un tratamiento similar.

Granjas de engorde de niñas en Mauritania: En Mauritania ser gorda es una bendición. Es una buena base para encontrar marido, porque los hombres allí lo encuentran sexi. También dice del estatus de la familia. Por eso, las familias llevan décadas sobrealimentando a las niñas mauritanas desde los cinco años para cumplir con los ideales masculinos de belleza. Incluso se habla de “granjas de engorde”. El objetivo: alcanzar los 80 kilos de peso antes de cumplir los 15 años y ser así una candidata al matrimonio.

Las novias temporales de Kenia, con el “rebordeado”: Rojos y cargados de cuentas, esos collares que adornan los cuellos de las niñas y adolescentes son el símbolo de una tradición extremadamente cruel. Cuando los guerreros están en periodo de formación y no pueden casarse, alguno de sus parientes masculinos visita a una familia de la comunidad para negociar un “rebordeado”. Le entregarán entonces al guerrero a una niña de la tribu, de nueve años o menos, para que disponga de ella cuando le apetezca. Los collares rojos significan que la niña ya está comprometida con un guerrero. Un guerrero que tendrá relaciones sexuales con las niñas pero que no se casará con ella. No les está permitido tener hijos, y los anticonceptivos están prohibidos, así que, si el embarazo sucede,
se procede al aborto. La mayoría de las niñas quedan embarazadas, muchos bebés mueren , y los que sobreviven se regalan o se asesinan. La niña puede permanecer años con un guerrero, y luego puede casarse con otro hombre que no sea de la tribu. Pero antes de la boda, tendrá que sufrir la ablación, porque de lo contrario, no le está permitido dar a luz un hijo.
La reclusión de las mujeres durante la menstruación en Nepal: Una tradición por la que se expulsa de sus hogares a las mujeres que están con el período menstrual, rechazadas y obligadas a permanecer en establos o pequeñas chozas para evitar que el resto de la familia sea contaminada. No son pocas las que mueren en los cobertizos, asfixiadas por el humo de las hogueras o por ataques de serpientes.

Mujeres customizadas

“No está mal ser bella, lo que está mal es que te obliguen a serlo”Susan Sontag

Transformaciones, customizaciones, que cambian cuerpos, que violentan cuerpos de mujeres para que cumplan los ideales de belleza creados por la tradición y, hoy, por la publicidad y la industria.

Mujeres jirafa de Tailandia: alargan artificialmente su cuello mediante la progresiva colocación de anillos de latón, de cinco kilos de peso como mínimo. El primero lo colocan cuando las niñas tienen 5 años. Y nunca se retiran del cuello: con ellos duermen, trabajan y viven toda su vida. Pero esta tradición en la actualidad solo se sostiene por motivos económicos. El turismo es la principal fuente de ingresos para estas familias, por eso son las propias madres las que obligan a sus hijas a seguir con esta aberrante costumbre.

Pies de loto: Vendas y ataduras para deformar dolorosamente el pie, condicionaron durante siglos la vida de millones de mujeres chinas, haciéndoles dependientes de sus maridos e impidiéndoles una existencia autónoma.

Zapatos que no son para caminar. Zapatos para quedarse sentadas, para quedarse quietas. En 2017 las ventas de zapatos de altísimo tacón descendieron un 12% y al tiempo subieron un 37% las de zapatillas deportivas. Las grandes firmas de moda empiezan a incluir deportivas, zapatos planos y bailarinas en sus colecciones. Y algunas actrices han empezado a denunciar esta tiranía en las alfombras rojas.

Tristes y apáticas: La moda nos enseña con claridad los modelos imperantes en la sociedad. La moda propone modelos muy concretos de mujer. Movimientos en redes sociales como el Body Positive, con sus fotos de mujeres gordas, reivindican la diversidad de cuerpos.

La tiranía de la belleza: desde el Photoshop al bisturí. En 2016 se realizaron en el mundo 23,6 millones de intervenciones estéticas. El 84,6% de los pacientes fueron mujeres. España ocupa el duodécimo puesto del ranking mundial.

Las niñas quieren ser sexis… con ayuda de sus madres. El problema de la hipersexualización de las niñas.

Mujeres veladas. Solo para sus ojos. Oponerse al velo no es nada fácil. Se contemplan penas de cárcel para las infractoras y castigos corporales para las reincidentes.La tiranía de la belleza: desde el Photoshop al bist

Fabricando modelos de mujer

Desde muy niñas, las mujeres reciben mensajes e imágenes sobre cuál ha de ser su lugar en el mundo. En los pupitres de la escuela o en los libros de texto, que las ignoran y borran de la Historia, las niñas empiezan a asumir tempranamente su papel secundario. La falta de referentes las aleja de las carreras de ciencias y orienta sus preferencias hacia carreras feminizadas. La publicidad, los medios, incluso los videojuegos, consolidan estereotipos y convierten a las mujeres en burdos reclamos sexuales, cuando no en objetos de violencia y humillación. Al tiempo, el cine, los cuentos infantiles, las series o las novelas difunden las falsas narraciones en las que se basan los mitos del amor romántico. De esas falsas narraciones beben muchos adolescentes para construir, desde la desigualdad, la renuncia y el control, sus primeras relaciones. Todos los estudios señalan que el sexismo entre menores está lejos de remitir y que está creciendo el número de los condenados por violencia machista: 266 en 2017.

Hasta 1970 no se abrió el camino en España a la coeducación, que significó el final de la idea de que mujeres y hombres debían recibir una educación diferente. Hubo que esperar hasta 1969 para que, por ejemplo, la Escuela de Ingenieros del ICAI admitiera a la primera mujer.

Las elecciones que hace niños y niñas no están en el ADN. Han sido condicionadas por los mensajes que reciben desde los pupitres de la escuela.

Las investigaciones afirman que a los seis años niños y niñas ya han interiorizado que mujeres y hombres no valen lo mismo. ¿Cómo es esto posible?

Los cuentos clásicos con los que nos hemos criado han llegado hasta nuestros días con narraciones trasnochadas. Las niñas princesas. Los niños héroes.
Los libros de texto nos muestran un mundo sin mujeres. Esto se deduce de numerosos estudios, que han denunciado la omnipresencia masculina y la valoración primordial de lo masculino en los manuales. La presencia de mujeres oscila entre un 1% en Tecnología y un 12% en Literatura.

El texto escolar, como instrumento pedagógico, es uno de los mecanismos invisibles a través de los cuales aparecen y se refuerzan las desigualdades. INSTITUTO DE LA MUJER

El talento de las mujeres ha sido sistemáticamente silenciado en la Historia, la Ciencia o el Arte. Hoy sabemos que muchos hombres se apropiaron de la obra de brillantes científicas y que a las mujeres se les prohibió durante siglos cualquier actividad artística.

Artistas y activistas como las Guerrilla Girls han denunciado la ausencia de mujeres en los museos

El papel de la publicidad: la maltratada imagen de las mujeres

Sobran leyes en España para proteger la maltratada imagen de la mujer en la publicidad y en los medios de comunicación. No faltan normas, falta que la industria, las agencias y los medios de comunicación cumplan la ley. Y también que la ley persiga y sancione a quienes no la cumplan. No pocos anuncios presentan imágenes vejatorias y estereotipadas de las mujeres.

Los videojuegos: no se admiten mujeres

Los personajes femeninos son habitualmente doncellas en peligro, mujeres trofeo o hipersexualizadas extremas. Por su parte las jugadoras denuncian el machismo y el acoso online.

El amor romántico. Un mito peligroso

Las falsas narraciones del mito del amor romántico pretenden que el amor verdadero justifica los celos enfermizos, la posesión y el maltrato. El machismo no remite entre los adolescentes que en un 40% piensan que el hombre debe ejercer la autoridad en la pareja.

Violencia física y sexual-Los hombres que hacen daño a las mujeres

Según la ONU, la mitad de todas las mujeres víctimas de homicidio son asesinadas por sus parejas o por sus familiares masculinos; la mayoría de los hombres son asesinados por personas que ni siquiera conocen.

Es feminicidio «el asesinato de mujeres realizado por hombres motivado por odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad de las mujeres» (Diana Russell y Jane Caputi).

En España, 919 mujeres han sido asesinadas por sus parejas en los 14 años que van de 2003 a 2017. Una cifra similar, aunque algo superior, a la de los asesinatos de ETA en 52 años.

¿Por qué los hombres matan a las mujeres?

No es la ira, ni un arrebato de locura. Los asesinatos no son, como se definían hasta hace no mucho, «crímenes pasionales». Tras cada mujer muerta hay un hombre que antes ha querido someterla, que no acepta un NO, que no admite una separación.

La violencia de género no es violencia doméstica

Muchas mujeres asesinadas lo son por el hecho de ser mujeres. Negar la violencia específica contra las mujeres, como hacen últimamente algunos políticos, contribuye a perpetuar los crímenes y el maltrato.

Una encuesta del año 2000 sobre violencia de género en España realizada por el Instituto de la Mujer cifra en 1.865.000 mujeres el número de víctimas de algún tipo de maltrato entre la población total de mujeres españolas mayores de 18 años.

En India, miles de mujeres se han organizado para defenderse de los maltratadores. Son las Gulabi Gang, el ejército del sari rosa.

Según la encuesta de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), más de nueve millones de mujeres del continente han sido víctimas de una violación.

En España, para que una agresión sexual se considere violación se requiere violencia o intimidación. La ley nunca debería interpretar la falta de resistencia física de una mujer como señal de consentimiento. “No es no” y nunca quiere decir SÍ.

El 12 % de las europeas (22 millones), y el 20 % a nivel mundial, ha sufrido alguna forma de abuso sexual a manos de un adulto antes de haber cumplido 15 años.

A las múltiples formas de acoso contra las mujeres se ha unido el ciber-acoso, que se ceba particularmente en las niñas y jóvenes.

Sin duda 2017 fue el año en que las mujeres perdieron el miedo a hablar. El movimiento #Metoo destapó las prácticas de hombres poderosos que aprovechan su posición para abusar y acosar a las mujeres.

La fiesta como excusa

“Toda la plaza estaba llena de hombres. Observaban a las mujeres. Una mujer contó que le habían roto el vestido y la ropa interior.” (Testimonios de la Nochevieja de 2015 en Colonia, Alemania)

Colonia, Alemania. Nochevieja de 2015. En los alrededores de la Estación Central, junto a la catedral, miles de personas celebran en la calle la llegada del año nuevo. Hay muchas mujeres y muchos hombres. Y un gran número de ellos aprovechan la multitud y el ambiente festivo para acosar y abusar de centenares de mujeres. En los días siguientes se conocen, muy lentamente, más detalles.

Las denuncias de mujeres agredidas en Colonia sumaban 1.092 según la Fiscalía, casi la mitad por delitos sexuales; el resto, por robos. Se denunció, además, una violación.

Río de Janeiro. Carnavales de 2017. Un total de 2.154 casos de agresiones en los cinco días de carnaval.

Sanfermines. Pamplona. Quizás fueron la primera llamada de atención sobre los abusos y agresiones que soportan muchas mujeres en las fiestas populares.

Lo que está claro es que el ambiente de fiesta anima a estos depredadores a tocar y coger lo que no es suyo.
Una mujer que ha bebido, NO está invitando a que soben su cuerpo.

Las muertes impunes en Ciudad Juárez, México

Desde hace más de veinte años, la zona fronteriza de Ciudad Juárez con Estados Unidos se ha convertido en un cementerio. En terrenos baldíos, vertederos y cunetas aparecen con terca rutina los cuerpos de mujeres violadas, mutiladas, torturadas y luego asesinadas.

Hasta 2017, la Red Mesa de las Mujeres de Ciudad Juárez había contabilizado más de 1.500 mujeres asesinadas, en una sola ciudad, ante la pasividad de las autoridades.

Violación: arma de guerra

La violación ha acompañado desde siempre a las guerras. En todas las guerras los hombres mueren o son ejecutados. Pero en conflictos como los Perú, Guatemala, o la antigua Yugoslavia, las violaciones masivas y sistematizadas convirtieron el cuerpo de las mujeres en territorio de guerra, en instrumento de genocidio, en armas para la desmoralización y humillación del enemigo.

Mujeres perdidas

Faltan en el mundo entre 150 y 200 millones de mujeres. Se han perdido, por la preferencia de sus familias a criar hijos varones, en decenas de miles de infanticidios de niñas. Muchas son descartadas antes de nacer en abortos selectivos por sexo, feticidios, unos 500.000 al año en la India. Faltan también, por causas diferentes, las que son raptadas para el matrimonio o para la explotación sexual. También las secuestradas y desplazadas en tiempos de guerra y conflictos, como en Colombia, donde más de tres millones de campesinas fueron arrancadas de sus hogares durante la guerra contra las FARC. Sangrientas dictaduras, como las de Argentina y España, hicieron desaparecer a las hijas e hijos de las represaliadas. En India, las viudas, sin importar su edad o condición, desaparecen también, como muertas en vida, por ser consideradas abominables.

Violencias legalizadas

Muchas de las violencias contra las mujeres están penalizadas y perseguidas por las leyes. Muchas otras son legales, alegales, o están tan normalizadas que no se perciben como violencias. El uso de eufemismos las hace más tolerables.

No son matrimonios precoces, son violaciones
¿Puede casarse una niña de 10 años? En Sudán y en Yemen, sí. ¿Puede una niña de 12 años ser obligada a pasar la noche de bodas con un hombre que triplica su edad? En Colombia, sí. En España, hasta 2015 las niñas de 14 años podían contraer matrimonio. Ahora la edad mínima son los 16. Los matrimonios infantiles, los celebrados antes de cumplir los 18 años (a veces solo con 10 o 12), han legalizado la temprana explotación sexual de 750 millones de mujeres en todo el mundo.

Cada 15 segundos una niña de menos de 15 años es obligada a casarse Save the children

No son madres subrogadas, son vientres de alquiler

El eufemismo “maternidad subrogada” oculta un suculento negocio basado en la explotación legalizada del cuerpo de las mujeres. Mujeres vulnerables, que engendran a los hijos de otros y que por contrato renuncian a cualquier derecho durante y después del parto. Los precios que pagan los futuros padres a las agencias oscilan entre 40.000 y 200.000 euros.

El movimiento #Nosomosvasijas denuncia que se considere a las mujeres

como simples úteros gestantes que pueden alquilarse al mejor postor

No es prostitución, es trata

La prostitución está hoy ligada a la trata, la coacción y la explotación. La mayoría de las prostitutas no lo son por libre elección. La trata supone un suculento negocio. Para los empresarios del sector los ingresos por prostituta y año alcanzan los 45.000 euros. En España hay unos 1.700 clubes de alterne. Y aunque raramente se habla de ellos, son los hombres, los clientes los que mantienen este negocio.

Ninguna mujer nace para puta. Amelia Tiganus, ex prostituta y activista

Pornografía: escuela de violencia

La red ha disparado el acceso a la pornografía. Cada año se ven más de 100.000 millones de vídeos porno en el mundo. El porno es hoy violencia, humillación, trato degradante, cosificación y basurización de la mujer. La sublimación de todas las fantasías masculinas sobre qué se puede hacer con el cuerpo de las mujeres. Y según lo que se ve en estas webs, se puede hacer de todo. A los 10 años, los niños ya han entrado en contacto con imágenes extremas que normalizan la violencia: el porno es el nuevo educador.

Castigos para las insumisas
La Historia ofrece numerosos ejemplos de mujeres castigadas por no cumplir los cánones de comportamiento sexual que han dictado Gobiernos y clérigos. Alrededor de 200.000 mujeres, según algunas fuentes, fueron perseguidas y quemadas en la hoguera bajo la acusación de brujería en la Europa de los siglos XVI y XVII; desde tiempos inmemoriales algunas son lapidadas, también hoy, tras una acusación de adulterio; cada año, entre 5.000 y 20.000 mujeres son asesinadas de forma extremadamente cruel por sus padres y hermanos para lavar supuestos agravios de honor.

Violencia estructural- Mujer, trabajo y poder: la violencia silenciosa

No se percibe como violencia, pero lo es. Es violencia que las mujeres dediquen al cuidado del hogar y de los niños y dependientes más del doble de horas que los hombres; es violencia que tengan que reducir su jornada laboral para poder dedicarse a esos cuidados; también, que cobren menos por hacer trabajos de igual valor que los hombres, que sus jubilaciones sean más bajas por esos desequilibrios, que la pobreza en la vejez se cebe en las mujeres. Es violencia que no puedan llegar a lo más alto en sus profesiones; que no sean dueñas de las tierras que trabajan, que persistan para ellas condiciones específicas de explotación.

Se llama «violencia estructural», y bajo ese nombre tan neutro se esconde el hecho de que la mitad de la población se beneficie siempre, en todas las épocas, de la posición subordinada de las mujeres. En algunos momentos no tan lejanos, la discriminación se normalizó en leyes que prohibieron expresa- mente el trabajo femenino. Así fue tras las dos guerras mundiales, cuando gobiernos de todo signo decretaron el abandono de las fábricas, las oficinas y los talleres y la vuelta al hogar de las mujeres. Tenían prioridad los hombres que volvían del frente.

La maternidad y el cuidado de los hijos lastran toda la vida laboral de las mujeres y las abocan a una mayor pobreza en la vejez: Las mujeres españolas dedican el doble de horas que el hombre al trabajo no remunerado (tareas domésticas y cuidados de miembros de la familia). INE.

Cuando en el hogar hay niños menores de tres años, las diferencias se disparan: las mujeres se ocupan de ellos en casi un 80 % de los casos; los hombres, solo en un 5,6 %.

Según informes de la OIT, el 35 % de las españolas reduce su jornada laboral después del permiso de maternidad.

Un 57 % de las mujeres encuestadas afirma que ha renunciado a un trabajo incompatible con ser madre, un 53 % cree que su carrera se ha visto limitada por ser madre y un 46 % reconoce que solo mediante un gran esfuerzo le es posible conciliar familia y trabajo. IESE Bussines School.

En España, la diferencia –la brecha salarial- entre los ingresos anuales medios de las mujeres y de los hombres era, en 2014, de un 35,7%

El 72% de los contratos a tiempo parcial tienen como titular a una mujer (EPA 2016)

El 73 % de las mujeres mayores de 65 años se encuentran fuera del sistema de pensiones contributivas (frente a un 29 % de los hombres mayores de 65 años). La prestación media de esa minoría de mujeres que sí tienen pensión contributiva es de 768 euros al mes; la de los hombres, 1.220 euros.

Según el informe «Mujeres en la alta dirección en España», de 2014, en 147 empresas analizadas, las mujeres representan un 13,4 % de los altos cargos (234 mujeres frente a 1.735 hombres)

Para cerrar

Este libro nació en las primeras semanas de 2018. Las denuncias públicas de abuso sobre mujeres en Hollywood copaban titulares y provocaban la caída de hombres poderosos. En Estados Unidos, las multitudinarias Marchas de las mujeres avisaban a Trump de que sus derechos no eran negociables.

En España, numerosas organizaciones preparaban desde hacía meses las celebraciones del Día de la Mujer Trabajadora. Y, por primera vez, la conmemoración incluía una huelga de las mujeres.

Lo que sucedió en España el 8 de marzo de 2018 pilló a todos por sorpresa. Cientos de miles de mujeres se echaron a la calle de forma pacífica. La prensa nacional e internacional recogió estas manifestaciones como noticia de portada. Es pronto para saber si ese día marcó un punto de inflexión en nuestro país. Pero lo que parece innegable es que una nueva intransigencia frente a la desigualdad, los abusos, las violencias diarias contra las mujeres parece haberse hecho fuerte en muchas sociedades. Y esa nueva intolerancia quizás sea imparable.

Las autoras

Lola Venegas (Madrid). Licenciada en Periodismo y en Filología Hispánica. Ha sido redactora y colaboradora en diversos medios de prensa escrita; directora de publicaciones periódicas de acontecimientos como, entre otros, la Exposición Universal de Sevilla y responsable de revistas institucionales y corporativas en diferentes departamentos de la Administración y en la empresa privada. Ha dirigido diversas publicaciones periódicas sobre mujeres y desarrollo, medio ambiente, turismo, enología y gastronomía, patrimonio cultural y etnográfico.

Isabel Martínez Reverte (Madrid). Licenciada en Filología Hispánica y en Ciencias de la Información. Ha dedicado su vida profesional al periodismo, primero en prensa escrita y luego en TVE, y ha formado parte de las redacciones de programas como Documentos TV, Informe semanal y En portada, en los que realizó numerosos reportajes dedicados a la mujer. Uno de ellos, Africanas: el corazón de la vida, ganó la Medalla de Oro del Festival de Nueva York y el premio Rey Juan Carlos. Es coautora, junto a su hermano Jorge M. Reverte, de La matanza de Atocha.

Margó Venegas (Madrid). Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid. Ejerció como abogada especializada en la defensa de los derechos de las mujeres hasta 1985, año en que fijó su residencia en Zaragoza y decidió dedicarse a la actividad artística. Pintora y escultora, fundó en 2004 en Zaragoza el espacio EL SOL SALE PARA TODOS, un lugar de experimentación e intercambio de iniciativas artísticas y culturales desde el compromiso con el medio ambiente y el reciclaje de los materiales. Es autora de dos libros dedicados a trabajos artísticos a partir del reciclaje.

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    Osvaldo Buscaya 2 meses

    “4.000 años de violencia contra las mujeres una guerra que aún no ha terminado”, es la verdad y realidad de la irresoluble perversión no sublimada y la ambigüedad sexual del varón que posee la decisión final en este esquema, donde el transexual perverso varón sigue siendo la ley, satisfaciendo su homosexualidad sádica sobre la mujer como mero objeto de uso. Son las mujeres, precisamente desde mi punto de vista la alternativa única para revertir esta tendencia, dado que lo masculino represor no permitió desde el principio de la historia la participación de lo femenino.
    “La violencia contra la mujer, la intromisión violenta del Estado y de los hombres para controlar el cuerpo de las mujeres, está documentada desde hace casi 4.000 años” y hoy por razones que han desbordado la “capacidad” de lo masculino se produce la fisura en el muro implantado contra la mujer y posiblemente estemos en el momento histórico para que enfrenten al verdadero contrincante. La naturaleza no es amoral ni moral. Lo moral, lo ético es una imposición del encéfalo. La imposición se impone. Imponer es poder. Con el poder se derrota el sistema genocida, con más poder que el del sistema genocida. Siempre es una elección si se presenta la oportunidad, la conveniencia y la interpretación. Siempre sería prevalente la elección y la decisión. Es un hecho de poder; seguir así en esta línea o la mujer intenta otra vía, pero de intentarlo debe derrotar absolutamente al transexual perverso ecuménico varón irreversible ambiguo sexual. No tomar el poder le significa, a la mujer, proseguir en el enredo “leguleyo” del varón que abruma con “avances” y elocuencia sobre informes y programas de desarrollo humano.
    “En todas las sociedades, incluidas las que se tienen por más avanzadas, se ha ejercido a lo largo de la Historia, y se ejerce en nuestros días, una violencia sistemática sobre la mitad de la población. Violencia física, pero también muy diversas y sutiles formas de violencia cultural y estructural practicadas sobre niñas y mujeres”, pues la mujer es un ser irrelevante, para la civilización del varón, cunde, por donde se mire. Y cuanto más y mejor se mire, se verá que se multiplican los escenarios donde ella irrumpe, la desconsideración de la mujer y la propia y encubierta subestimación, femenina, se complementan necesariamente, y enlazadas, ellas acentúan las sombras que oscurecen el panorama social de nuestro tiempo. La moral de la civilización del transexual perverso varón en la instancia de su superyo, como heredera de la influencia paterna adscribe importantísimas funciones, que encontramos en el sadismo masculino al reflejarse en la obligada imposición sobre la mujer a un rol pasivo masoquista.
    “Todas las formas de violencia contra las mujeres están vinculadas directamente al sistema patriarcal en que se organizan y se han organizado siempre todas las sociedades. Un sistema basado en la dominación masculina sobre las mujeres. Esa dominación exige primero convertir a la mujer en un ser débil, inferior, necesitado de control. Exige también el consentimiento y la sumisión de las mujeres, de forma pacífica o mediante el uso de la violencia. La devaluación de la mujer ha sido una constante histórica y la normalización de la violencia ha sido legitimada por las religiones, las costumbres, los pensadores o los filósofos”, al ser una simbolización más “depurada” de la horda primordial; Dios padre expulsa del paraíso al varón por “culpa” de la mujer, pero ahora en la civilización patriarcal, Dios padre masculino, “expulsa” a la mujer de la civilización en su rol de culpable y castigo por la pérdida del paraíso. Esta situación donde lo único que podemos imaginar es que los “académicos” adquieren sobre el “común” una influencia más fuerte, utilizada para “dominar” aspectos que incumben a la personalidad. Es ciertamente, muy digno de tenerse en cuenta la indicación sobre la influencia de los “académicos” atento que: “Para Aristóteles la mujer es “un varón deforme”; Cervantes las califica de “animal imperfecto”; Quevedo escribió que la mujer “es buena cuando está en la sepultura”; Rousseau defendía para las niñas una educación basada en la obediencia, la castidad y la sumisión, y opinaba que «la mujer está hecha especialmente para complacer al hombre»; Nietzsche aconsejaba llevar un látigo para tratar con mujeres, y Schopenhauer creía que «solo infundiéndoles temor puede mantenerse a las mujeres dentro de los límites de la razón». Sin olvidarnos de Hegel, para quien las mujeres, a las que excluye de la ciudadanía, deben vivir solo para la familia y para el varón: «En el hijo, la madre ha traído al mundo a su señor». Es decir, la civilización del varón, presenta como un dogma su poder patriarcal derivado de la penosa sensación de impotencia experimentada. En cuanto a la equivalencia del falo, se sugiere, que el punto de vista del hombre no es lo mismo que el de la mujer, dejando así pensar que la femineidad velada/develada/castrada sólo es figura de la verdad para el varón. Éste sería el dueño de la verdad tan sólo desde ese punto de vista. “La castración de la mujer” es una de las fantasías centrales de los niños. El macho sigue siendo la ley, con su tarea sobre las mujeres, sometidas, mutiladas, masacradas, dominadas, humilladas, violadas, golpeadas, asesinadas en manos de sus parejas y/o de sus violadores, prostituidas, lapidadas, maltratadas psíquicamente, etc. etc. etc.
    “Lo que sucedió en España el 8 de marzo de 2018 pilló a todos por sorpresa. Cientos de miles de mujeres se echaron a la calle de forma pacífica. La prensa nacional e internacional recogió estas manifestaciones como noticia de portada. Es pronto para saber si ese día marcó un punto de inflexión en nuestro país. Pero lo que parece innegable es que una nueva intransigencia frente a la desigualdad, los abusos, las violencias diarias contra las mujeres parece haberse hecho fuerte en muchas sociedades. Y esa nueva intolerancia quizás sea imparable”, atento que la inmoralidad ha hallado siempre en los “lideres” un apoyo tan firme como la “moralidad”, donde el feminismo crea una actitud particular ante el transexual ecuménico perverso patriarcado, se detiene un poco ante él, vacila y acaba por traspasar también los umbrales: En éste proceso no debe tener el feminismo detención alguna y cuanto más asequible a la mujer los tesoros del conocimiento, tanto más se habrá de difundir su abandono a las premisas del transexual ecuménico perverso patriarcado; en un comienzo sobre sus formas anticuadas y absurdas, pero luego también de su hipócrita y mentirosa moral, para sustituir las “motivaciones” del transexual ecuménico perverso patriarcado por una conducta realmente civilizada con otros motivos despojando al transexual perverso varón de su poder absolutamente, para ser lo femenino el más firme substrato de la civilización.
    Mi Ciencia de lo femenino, Femeninologia, se halla sólidamente fundada en la observación de los hechos impuestos por la transexual perversa civilización patriarcal, que satisface su homosexualidad sádica sobre la mujer como mero objeto de uso, además no hemos de asombrarnos que Femeninologia pretende explicar los fenómenos psíquicos del perverso patriarcado: Una cultura cuya ética y moral hipócrita no admite la equiparación de más del 50% de la humanidad; la mujer.
    El sentido y la verdad del feminismo (la mujer) es la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual.
    Por Osvaldo Buscaya (Bya)
    (Psicoanalítico)
    Femeninologia (Ciencia de lo femenino)
    Lo femenino es el camino
    Buenos Aires
    Argentina
    05/02/2019

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