Por una presidenta del Partido Feminista

Por una presidenta del Partido Feminista

 

Estábamos charlando sobre la próxima convocatoria de elecciones y ninguna teníamos claro por qué partido decantarnos a la hora del voto. Demasiadas dudas pre-electorales, demasiadas combinaciones poselectorales que considerar. Entonces dije “estaría bien que hubiera un partido feminista, con un programa de gobierno feminista; le daría el voto”. Hubo acuerdo en la conversación. Nos preguntábamos “¿por qué no habrá un partido feminista en España?”.

Resulta que lo hay: el Partido Feminista, constituido de manera pionera por la referencia del feminismo en España Lidia Falcón en los albores de la transición posfranquista y en 2015 federado con, e integrado en, Izquierda Unida.

Tengo que decir que estoy muy contento de que haya un Partido Feminista en España y de que lo presida una figura del reconocimiento que se ha ganado Lidia Falcón. También tengo que sugerir, desde mi ignorancia y mi modestia, que tenemos un problema.

Digo un problema porque es extraño que personas sensibilizadas por el feminismo, militantes en algún caso, informadas sobre la realidad política española, con seguimiento continuado de lo que ocurre en el país y con criterio político, en términos generales, para discernir sobre el modelo de sociedad en el que querrían vivir, desconozcan que existe un Partido Feminista en España.

Como sabemos, unos de los obstáculos, otro más, diría que incluso un campo de minas (simbólico) que ha tenido y tiene que transitar, con cuidado, el feminismo en España es el reproche tradicional y miope que desde la izquierda se le ha venido haciendo. Ese reproche parte de la tesis falsa, y probablemente interesada, de que el feminismo y sus reivindicaciones contribuirían a ensombrecer, a restarle protagonismo, a solapar y debilitar, la militancia de la izquierda basada en el que sería su vector principal: la lucha de clases. La propia Lidia Falcón defiende la tesis de que la mujer es una “clase”, una clase en lucha. Por tanto, no hay que argumentar demasiado, siguiendo a la propia Falcón, para desestimar ese reproche que desde sectores de la izquierda se ha venido haciendo al feminismo. Es absurdo y, seguramente, más machista de lo que se atreven (nos atrevemos) a reconocer quienes lo han postulado alguna vez.

La cuestión es que presiento, no sin disgusto, que la integración del Partido Feminista en Izquierda Unida tiene que ver con una especie de (muy discutible, diría que desfasada) primacía de la lucha de clases sobre el movimiento feminista, que en sí mismo como decimos siguiendo a Falcón ya es lucha de clases. Por supuesto que lo presiento sin tener toda la información disponible sobre la integración del Partido Feminista en Izquierda Unida en su momento, reconociendo la legitimidad de aquella decisión y, probablemente, el acierto de quienes la adoptaron en función de las circunstancias políticas de entonces.

Pero, por favor, ¿por qué no tenemos una candidata del Partido Feminista a Presidenta del Gobierno con una lista feminista de candidatas a diputadas? ¿Por qué cuando vaya a depositar el voto en la urna el 28 de abril de 2019 no puedo elegir un programa feminista de gobierno de España, diferenciado del programa de Izquierda Unida, aunque ambos tengan coincidencias que podrán derivar a posteriori en alianzas poselectorales? ¿Por qué no tenemos la opción de pensar en una manera feminista de hacer política, cuando el feminismo es un movimiento transversal y transformador que atañe a todos los sectores de la sociedad? Si la respuesta a estas preguntas es que puedo votar a Izquierda Unida, es decir, a Unidos Podemos, es que me he explicado muy mal en este artículo. Y también que no se está capitalizando ni entendiendo políticamente el movimiento derivado del 8 de marzo.

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