‘La tercera esposa’: Minimalismo visual y melancolía expresiva

‘La tercera esposa’: Minimalismo visual y melancolía expresiva

La tercera esposa, el debut de su directora, Ashleigh Mayfair, es una producción vietnamita que la cineasta ha tardado varios años en poner en marcha, aunque con la fortuna de haber disfrutado del premio otorgado por Spike Lee a través de su fundación a su guión, que fue elegido directamente por el cineasta.

La película se centra en la joven May (Nguyen Phuong Tra My), que cuenta con catorce años, quien se convierte en la tercera esposa de un terrateniente en el Vietnam rural de finales del siglo XIX. Ya la primera secuencia de apertura, con la llegada de May junto a las otras dos esposas, expone de manera brillante el lugar destinado a la joven en su nueva vida y las confrontaciones y problemáticas con las que deberá lidiar.

Así, La tercera esposa nos introduce en el mundo de tres mujeres cuyas vidas, sexualidad y biología -a través del embarazo-, se encuentran al servicio de su marido, quien ya tiene hijos, pero ninguno de ellos un varón que garantice descendencia masculina. May queda embarazada poco después de llegar, y, poco a poco, descubrirá la relevancia de su estado.

Mayfair compone una película impresionista en su imagen, sin apenas diálogo, que busca mediante los detalles, las miradas y los gestos transmitir una atmósfera que, bajo el preciosismo de sus imágenes, esconde un mundo turbio y poco acogedor, muy sombrío.

La cineasta proyecta las emociones a través de una elegante puesta en escena cuyas imágenes dicen más de lo que su apariencia puede dar a entender. Con un ritmo lento, pero para nada moroso, la cineasta compone un melodrama casi abstracto en el que imágenes y sonidos van conformando un espacio para una historia de mimbres trágicos.

La fotografía natural de Chananun Chotrungroj crea unas imágenes muy pictóricas que transmiten el sentido cerrado del mundo en el que May se mueve. El plano queda abigarrado, claustrofóbico, a pesar de la belleza de su composición.

La tercera esposa, quizá, pueda recordar a cierto cine asiático realizado unas décadas atrás, cuando comenzaron a inundar festivales y carteleras. Algo de ellas tiene en su mirada y reconstrucción del pasado, pero no se puede negar que Mayfair posee la suficiente personalidad como para elaborar una mirada llena de melancolía a través de un minimalismo expresivo que, sin embargo, esconde una elaborada construcción a la hora de transmitir las emociones de los personajes y arrojar un acercamiento hacia lo femenino que tiene mucho que ver con nuestro presente; si bien, Mayfair evita usar su historia para hablar del presente: aunque bien ambientada en su momento, La tercera esposa, gracias a su abstracción, presenta un acercamiento mucho más amplio hacia la condición humana y, sobre todo, femenina, llena de contradicciones y ambigüedad, sin caer en maniqueísmo alguno.

La tercera esposa, en definitiva, quizá adolece de algunos problemas derivados de ser la primera película de su directora, pero nada realmente importante como para anular sus virtudes a la hora de explorar las imágenes como vehículo narrativo, poetizándolas, y proponiendo una inmersión en un mundo, como decíamos, inundado de gran melancolía y belleza.

ISRAEL PAREDES

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