La educación: centro de la agenda feminista

La educación: centro de la agenda feminista

Son pocos los libros de texto que incluyen a las mujeres en las diferentes disciplinas que son objeto de evaluación del alumnado; Matemáticas, física y química, biología, castellano o las diferentes lenguas, geografía e historia o filosofía. Todas ellas, asignaturas que presentan el desarrollo del conocimiento humano como fruto del esfuerzo de los varones en la búsqueda de la verdad, pues el hombre ha sido el principal protagonista en el progreso del conocimiento.

El sistema educativo actual continúa mostrando una concepción puramente masculina y transmite la falsa impresión de que las mujeres no han participado en la construcción del conocimiento. Su escasa presencia se contempla como un privilegio que se atribuye a la excepcionalidad que representan estas grandes mujeres. Tampoco aparecen referencias sobre esta exclusión habitual pues se considera justificada desde el punto de vista histórico. La sensación que se transmite al alumnado es que solo aquellas mujeres que han sido realmente admirables pueden ocupar un lugar en sus libros, casi como una rareza.

El sistema educativo actual continúa mostrando una concepción puramente masculina y transmite la falsa impresión de que las mujeres no han participado en la construcción del conocimiento.

Es cierto que tratar de recuperar la obra de estas mujeres es un difícil reto que se convierte en un oscuro abismo. Siglos de tradición han excluido el trabajo y el ánimo de aquellas mujeres que tuvieron la oportunidad de destacar intelectualmente. Estas dificultades aumentan a medida que retrocedemos en la historia de la humanidad. Hoy son pocas las referencias que podemos encontrar y su aparición en los libros de texto es casi inexistente. Sin embargo, existen fuentes y numerosos testimonios que nos hablan de ellas, textos que nos proporcionan la certeza de su existencia. Incluso encontramos referencias a grandes matemáticas del s.VI a. C. que pertenecieron a la escuela pitagórica como Teano de Metaponto a la que, quizás, podamos atribuir el teorema de la proporción aurea. Es cierto que poco sabemos de ella, pero también lo es que no sabemos mucho más de otros matemáticos antiguos a los que parece que conocemos mucho mejor. Otros ejemplos del s. V son Diótima, de la que Sócrates afirmó que fue su maestra, o Asapasia, una gran oradora y experta estadista. Entre los siglos IV y V d.C. descubrimos a Hipatia de Alejandría, que recibió el sobrenombre de la Filósofa, destacó como una gran científica y probablemente escribió numerosas obras de filosofía, de astronomía, de matemáticas. ¿Qué pasó con las obras de estas mujeres? Muchas de ellas desaparecieron trágicamente, las obras de Hipatia ardieron en el incendio de la gran Biblioteca de Alejandría, otras fueron desafortunadamente olvidadas y acabaron igualmente desaparecidas.

Desde hace varios años es habitual que los centros educativos compensen estos obstáculos realizando actividades tan interesantes como sugerentes. Son frecuentes las exposiciones sobre mujeres científicas, sobre grandes escritoras, artistas, ingenieras, protagonistas de la historia que durante algunas jornadas resurgen de ese olvido para recuperar una presencia que les fue arrebatada. Se trata de una medida positiva que permite involucrar tanto al alumnado como al profesorado. Mas no debiéramos quedarnos en ella, pues continúa perpetuando ese rol que la mujer ha representado a lo largo de la historia. Las recordamos expresamente y, de esa forma, no parece necesaria su aparición en los libros de texto. De este modo mantenemos la falsa sensación de que los grandes hombres, cuya presencia es imprescindible en nuestros manuales y libros de texto, serían sustituidos por grandes mujeres, ocupando una posición que no les es propia, que no les pertenece realmente. La impresión inevitable que se desprende de esta situación en el contexto actual es que este no es su sitio, hubo grandes mujeres que hay que recordar, pero su lugar natural es otro y, por esta razón no aparecen en nuestros manuales.

Excluir a las mujeres sin señalar las verdaderas causas de esta ausencia ha sido la estrategia fundamental del patriarcado en el ámbito intelectual.

La recuperación del trabajo intelectual desarrollado por las mujeres en las diferentes etapas de la historia y su aparición normalizada en las diferentes materias es imprescindible para eliminar esa falsa sensación y conseguir la igualdad. Es cierto que en muchos casos no es posible la paridad, los obstáculos que las mujeres han tenido para acceder a la educación y a la cultura y el olvido deliberado de su trabajo son hechos históricos que dificultan enormemente este empeño. Sin embargo, existen estrategias que permiten una visión más amplia y verdadera de la historia y del conocimiento humano.

Excluir a las mujeres sin señalar las verdaderas causas de esta ausencia ha sido la estrategia fundamental del patriarcado en el ámbito intelectual. Se trata de una maniobra completamente instalada y naturalizada que debemos combatir, no recreando más situaciones excepcionales, pero sí forzando su recuperación e incluyendo su trabajo de forma normalizada y explicando los verdaderos motivos por los que su presencia es menor.

Nuestro sistema educativo difícilmente contribuye a este propósito. Hasta la entrada en vigor de la LOMCE, existían ciertos contenidos en el currículo de Educación Secundaria y Bachillerato que actualmente han desaparecido y que podían contribuir a normalizar la presencia de las mujeres en el ámbito intelectual. Hace unos cuantos años que la filosofía comenzó a desterrarse de las aulas. Su presencia quedó reducida a una sola asignatura de carácter obligatorio en 1º de Bachillerato. Asignaturas como Ética en 4 ESO e Historia de la Filosofía en 2º Bachillerato perdieron su carácter obligatorio. Actualmente el alumnado de Secundaria puede escoger entre Religión Católica y Valores Éticos, no existe una materia obligatoria de reflexión moral y son muchos los centros, principalmente concertados y privados, donde ni siquiera se oferta Valores éticos. La ética, reflexión moral, es una disciplina con carácter propio que todo el alumnado debería cursar obligatoriamente. Desde el año 2013 contenidos relacionados con el feminismo filosófico, conceptos como autonomía o heteronomía moral, reflexiones sobre el bien, la justicia, la diferencia entre legal o legítimo, entre pensamiento crítico o dogmático, dejaron de ser obligatorios.

no existe una materia obligatoria de reflexión moral y son muchos los centros, principalmente concertados y privados, donde ni siquiera se oferta Valores éticos.

En aquel contexto, la Comunidad Valenciana (que este curso ha recuperado la obligatoriedad de la asignatura de Historia de la Filosofía, aunque no puede considerarse troncal como antes lo fue) incluía el pensamiento de Simone de Beauvoir junto al de Platón, Descartes, Kant o Nietzsche. La impresión era de absoluta normalidad pues simplemente muestra que también han existido grandes pensadoras. No es algo diferente ni especial, son contenidos que deberán ser estudiados. Afortunadamente, muchas comunidades han tomado medidas para recuperar la obligatoriedad de la Historia de la Filosofía. Los textos de Simone de Beauvoir, como podrían ser los de Hannah Arendt o cualquier otra pensadora, no estaban desplazando a ningún gran filósofo ni usurpando el puesto de otro gran pensador. Son textos con voz propia que muestran una reflexión imprescindible sobre la realidad humana, tanto para alumnas como para alumnos. Esta aproximación a la filosofía en el aula se produce de forma natural, se entiende que entre los grandes pensadores también hay filósofas. Precisamente por ello, se trata de una aproximación más enriquecedora y valiosa. El pensamiento de Simone de Beauvoir, de Mary Wollstonecraft, de Hannah Arendt o de cualquier otra filósofa es tan fundamental como el de cualquier otro pensador. La falsa sensación solo puede desvanecerse en el aula cuando una gran filósofa ocupa el mismo lugar que los grandes pensadores. O cuando una gran científica no es recordada en una jornada especial dedicada a las mujeres científicas sino cuando sus nombres aparecen junto a los nombres de los grandes científicos en los libros de texto. No debemos recordar simplemente los nombres de la Sophie Germain, Ada Lovelace, Marie Curie o Rosalind Franklin, sino explicar las dificultades que tuvieron para acceder al mundo de la ciencia, situándolas en los libros de texto al lado de los nombres de los grandes científicos.

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