Párate en mi esquina, donde yo no estoy

Párate en mi esquina, donde yo no estoy

Se acerca el día internacional contra la violencia hacia las mujeres y todavía los feminismos seguimos debatiendo si la prostitución en violencia contra las mujeres o no, si la prostitución es una de las peores expresiones de control de los cuerpos y la sexualidad de las mujeres. Yo como dijeran nuestras ancestras, estoy convencida de que hay sólo dos formas de colonizar los cuerpos de las mujeres, la propiedad privada, a través del matrimonio –madre-esposa—y la propiedad colectiva de sus cuerpos a través de la prostitución. Y aunque Marta Lamas insista en tacharnos de neoabolicionistas, creo que no hay mejor argumento que el escuchar la fuerza de las voces de las sobrevivientes, sobre todo en estos momentos cuando irrumpe en España la organización sindical “OTRAS”, para cuidar el negocio de los proxenetas.

Y desde las propias voces de las sobrevivientes, hoy les quiero compartir “Párate en mi Esquina, Donde yo no Estoy”, un testimonio escrito por Delia Escudilla, sobreviviente de la prostitución, argentina, psicóloga social y abolicionista, que refleja con mucha claridad la oscuridad y aberración de los argumentos de quienes quieren reglamentar o legalizar la prostitución. Cabe mencionar que Delia se reivindicaba hace algunos años como “trabajadora sexual” integrante de la Asociación de Meretrices de la Argentina y de la Red de Trabajadoras Sexual LAC. Gracias Delia por regalarnos tu testimonio:

“Párate en mi esquina donde yo no estoy, porque estoy haciendo reuniones para legitimar la violación con “factura”.

Párate en mi esquina, donde yo no estoy, porque estoy reunida con filósofas y filósofos, antropólogas y antropólogos y estudiantes de letras para reglamentar la prostitución y el uso de cuerpos adormecidos.

Párate en mi esquina, donde yo no estoy, porque yo estoy de viaje yendo a foros y plenarios para lavar cerebros de mujeres pobres.

Párate en mi esquina, donde yo no estoy, porque es “copado2” ser puta, siempre y cuando te penetren a vos.

Párate en mi esquina, dale, que yo estoy celebrando mis logros y los “proyectos dolarizados”. Lo que no sean verdades, lo celebro igual.

Párate en mi esquina, donde yo no estoy y cágate de frío y hambre, que yo estoy en mi depto. bancado por el sindicato, pensando en tu bienestar.

Párate en mi esquina, mientras yo viajo por todo el caribe trabajando por “la igualdad” y luchando por tu “trabajo sexual autónomo” que de paso me doy unas vueltas por la playa, mientras a vos te garchan3 reglamentadamente.

Párate en la esquina, así tus piernas revientan de estar parada sostenida por tacos y sobrepeso, mientras yo hago marketing de tacones, maquillaje y piernas torneadas. Párate en la esquina, así llega tu putero4 maloliente y te coge salvajemente mientras vos gemís fingiendo placer, ocultando el dolor y la bronca. Al fin y al cabo, todas y todos somos explotados.

Párate en la esquina, así te llevas el pan a tu casa y tu cuerpo deshecho, mientras yo doy charlas en la universidad explicando que ser puta es autónomo, redituable y muy glamoroso, todo eso a costa tuya.

Párate en la esquina de Constitución, de Retiro, de Liniers y de todos los lugares donde nosotras y nosotros no estamos, porque en cualquier momento pasaremos a “afiliarte” para poder sostenerte, cuidarte y sindicalizarte el orto5. Estaremos con vos aunque seas menor, aunque tengas una discapacidad, aunque tengas ITS, aunque tu fiolo6 te cague a palos y te deje azul la cara o aunque estés cagada de hambre. Nosotras y nosotros estaremos allí para ayudarte a quedarte en la esquina para siempre y que nunca, pero nunca, salgas.

Por último párate en mi esquina, donde yo no estoy, porque hay mucho lugar. Porque muchas están muertas. Una murió de un ACV, ¿sabes? Porque un putero7 glamoroso le penetró el ano y ella eliminó heces con sangre y su mente no soportó. Párate en mi esquina, la esquina donde a

“la paraguayita” el fiolo8 la dejó coja de tres tiros. Párate en mi esquina donde Gloria enloqueció y anda hablando sola, porque dice estar embarazada y que pronto tendrá una familia. Párate en mi esquina, dale, porque otras están en neuro-psiquiátricos o llenas de medicación para sobrevivir a tanta violación y yo tengo que sostener mi “kiosquito sindicalizado”. Además “las locas esas” ya son locas desde antes.

Párate en mi esquina, donde una compañera se ahorcó de tanto glamour y empoderamiento.

Párate en la esquina que se llevó a Erika (mi amiga.) Párate en mi esquina, donde yo no estoy y pásate años de tu vida allí, mientras yo sigo luchando por tus derechos desde mi oficina. Párate en mi esquina, en Plaza Miserere, que ahí no vas estar sola. Vas a encontrar a una compañera que pertenecía al sindicato, pero como no servía para la televisión, yo sindicato le di una patada en el orto9, aunque se consideraba “trabajadora sexual”.

Dale, párate en la esquina y sé parte de la peor de las violencias. De las violaciones. De la impuesta y mentirosa seducción. Sé parte de la mentira del mundo. Sé puta porque ser puta es “autónomo”, “autogestivo” y te da “libertad total”, por eso yo no lo hago ni por equivocación.

Si te cogen 10 o 20 puteros10 alégrate que “eres la que mejor coge”. Después cómo queda tu cuerpo, tu psiquis y tus emociones se soluciona con un “carnet de trabajadora autónoma11” y una caja de forros.

Párate en mi esquina, donde yo no estoy, que las que andan por ahí llamándose abolicionistas y sobrevivientes, que pudieron salir y contar todas estas mentiras, se les ocurre de “locas” nomás. Dale, párate en la esquina, no vaya a ser que un día las abolicionistas sean más y yo me quede sin mi sindicalizada tranquilad, con lo que estoy. Vos, no te preocupes que ser puta es “autónomo”, te lo vuelvo a repetir. Vos, créeme a mí. No oigas a las sobrevivientes de la prostitución, están re locas nomás y yo tengo que cuidar mi quintita.

Párate en mi esquina, donde yo no estoy, mientras desde el sindicato “yo hago petes12 como ustedes” a un pene de madera y le pongo un preservativo y te enseño cómo hacer para que el gil acabe rápido.

Párate en mi esquina, donde yo no estoy, que mientras vos soportas cansancio, violación, dolor y hemorragias, vómitos con vello púbico, humillación, vergüenza, impotencia y oís groserías de los puteros “dale, dale puta, haz lo que sabes hacer”, yo tengo que defender el “trabajo sexual autónomo”, “libre”, “autogestivo” y “voluntario” de las demás.

Párate en mi esquina, donde yo no estoy, aunque ya estés muerta.

La prostitución no es trabajo, es una de las peores violencias ejercidas sobre las mujeres, travestis, niñas, adultas y viejas”.

Y que se ponga el saco al o a la que le quede…

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