Nuestro cuerpo y el capitalismo

Nuestro cuerpo y el capitalismo

Acción, reacción. Las feministas estamos hartas de que el capitalismo busque excusas y cómplices que parapeten e intenten justificar su pretensión de utilizarnos a las mujeres como objetos para seguir lucrando las arcas de algunos. Lo hemos gritado en las calles de las principales ciudades con motivo del 25 de noviembre, Día Internacional por la Erradicación de la Violencia hacia las Mujeres. No consentiremos que ni partidos políticos ni tampoco algunas organizaciones que se reclaman feministas pero que han optado por una deriva peligrosa para los objetivos del feminismo, usurpen nuestros lemas, tergiversen y manipulen nuestras profundas convicciones, o nos descalifiquen. Lo acabamos de vivir con algunos cansinos intentos de defensa de dos cuestiones que atacan al núcleo de los derechos de las mujeres, a través de la mercantilización de sus cuerpos disfrazada, con mayor o menor habilidad, de libertad sexual: la prostitución y los vientres de alquiler.

En Barcelona, la alcaldesa Ada Colau continúa haciendo proselitismo del proxenetismo. Así, tal cual, sin ruborizarse. Lo último, el Consejo de la Juventud de la capital catalana coorganizaba con Aprosex y Otras una charla titulada “Feminismo y trabajo sexual”. En un equipamiento declarado de interés histórico por el ayuntamiento. Desde que accedió a la alcaldía, Colau ha tenido como una de sus principales obsesiones el apoyo y legalización de la prostitución. Ya en 2015 intentó una regularización de los locales, acogiéndose a una propuesta de Ciudadanos, pero las críticas lideradas por el PSC la obligaron a retractarse. Ante la polémica inscripción de los estatutos del sindicato Otras, de nuevo la alcaldesa y su gobierno salieron en su defensa y en contra del empeño del Gobierno socialista de deshacer el entuerto que le costó el cargo a una directora general del Ministerio de Trabajo.

Este intento, felizmente fallido, de legalización de un sindicato que pasaba por defender los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución cuando en realidad defendía los de la patronal – ergo, no es un sindicato – no es sino una de las muestras de rearme y ofensiva del capitalismo frente a un movimiento feminista que está poniendo en evidencia sus ansias depredadoras. Algunos medios se han hecho ya eco del dinero que mueve los hilos del fracasado “sindicato de prostitutas”, y no es dinero del que se beneficien ellas precisamente. A pesar de ello, instituciones, partidos políticos y personas que se reclaman feministas – luego deberían defender verdaderamente los derechos de las mujeres, máxime de las más vulnerables- apoyan estos postulados tras los que se esconde el neoliberalismo más feroz. Como dice Rosa Cobo en “La prostitución en el corazón del capitalismo”, a medida que se han globalizado las políticas económicas neoliberales, ha ido en aumento la industria del sexo. Una industria que, no olvidemos, está indefectiblemente ligada a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Ya en 2014, una resolución del Parlamento Europeo consideraba la prostitución como un fenómeno con innegable componente de género y una forma de esclavitud incompatible con la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales.

Otros intentos del capitalismo para hacer negocio con el cuerpo de las mujeres, pasan por legalizar algo que es rotundamente ilegal en España: los vientres de alquiler. Y no, no los voy a llamar como quiere Ciudadanos o Son Nuestros Hijos, con eufemismos del tipo “gestación subrogada” porque prefiero llamar a las cosas por su nombre. Esta semana han aparecido carteles en Madrid y Barcelona defendiendo esta práctica ilegal con uno de los lemas más emblemáticos de la lucha feminista, el que sirve para defender el derecho de las mujeres a abortar: “Nosotras parimos, nosotras decidimos”. Y ahí está el error, que no es tal sino un burdo intento de manipulación. Las mujeres que deciden abortar, lo hacen en conciencia. Lo hacen por mil causas que se resumen, básicamente, en que no quieren o no pueden traer al mundo a una criatura en el momento en el que la naturaleza ha decidido convertirlas en gestantes. Hay incluso abortos que salvan vidas de mujeres, no lo olvidemos. En cambio, las mujeres que venden sus vientres para gestar el hijo o hija de otros son, en el mejor de los casos, personas con alta vulnerabilidad que de la misma manera que venden su vientre podrían terminar vendiendo, por necesidad, un riñón o su propia sangre. Y quienes gestan para otros, lo hacen con un alto precio para su libertad y para su salud mental y física. Yo, a eso, no le llamo libertad sino esclavitud.

En la madrileña plaza de Callao se han iluminado pantallas publicitarias que cuestan mucho dinero con un reclamo feminista utilizado por una asociación pro vientres de alquiler. Sus defensores usan la misma estratagema que los proxenetas al presentar mujeres supuestamente libres y pretendidamente elegidas al azar entre el colectivo para defender la causa. En “El Proxeneta”, Mabel Lozano recoge el testimonio de un ex empresario del ramo arrepentido y cuenta como la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne, ANELA, dedica ingentes recursos a la creación de foros en Internet y redes sociales para lavar la cara a la prostitución. Amelia Tiganus, – que igual que El Proxeneta también lo ha vivido desde dentro, en este caso como víctima-, dijo hace poco que hay gente infiltrada en el feminismo para frenar la ofensiva contra la prostitución. Gente aliada con el capital, con los que son capaces de utilizar a las mujeres más vulnerables para enriquecerse, sin ningún escrúpulo. Algunos partidos que aún no se han definido respecto a estos temas y otros que lo han hecho del lado del capital y del patriarcado mientras se reclaman de izquierdas y feministas, deberían hacérselo mirar.

Es el capitalismo aliado con el patriarcado, estúpidos. Por si alguien no se había dado cuenta.

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