Manifiesto por la ilegalización del sindicato OTRAS

Manifiesto por la ilegalización del sindicato OTRAS

 

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El pasado 8M más de 6500 feministas, a título individual y desde distintos colectivos y organizaciones, firmamos un manifiesto declarándonos abolicionistas de la prostitución.

El feminismo ha sido abolicionista desde su raíz. Sin embargo, hay una intención manifiesta de intoxicar haciendo creer que abolicionismo es lo mismo que prohibicionismo. Las abolicionistas queremos la igualdad para todas las mujeres, para todas; queremos eliminar el estigma social de las mujeres prostituidas para situarlo en los victimarios, los puteros y los proxenetas que crean y sustentan esta industria de explotación de mujeres y niñas; y queremos cambiar este modelo de sexualidad que sigue priorizando una masculinidad tóxica, que se cree con el privilegio de tener siempre cuerpos de mujeres a su disposición. Si bien es cierto que algunos sectores del feminismo siguen sin declararse abiertamente abolicionistas, todo el movimiento esta en contra, como no puede ser de otra manera, del proxenetismo. Y eso es lo que nos estamos jugando aquí cuando pretendemos legalizar un sindicato de “trabajadoras sexuales”.

La legalización de OTRAS es una maniobra para legalizar de facto el proxenetismo en nuestro país. Según la ley de libertad sindical, un sindicato es, obligatoriamente, para trabajadores/as por cuenta ajena a quienes contrata una empresa, y para limitar el poder de la patronal, esto es, del empresario que los ha contratado. Por tanto, si se reconoce la existencia de un sindicato de prostituidas como tal, se estará reconociendo que hay un tercero, legal, que las contrata para enriquecerse con su explotación. Y eso es precisamente la definición de proxenetismo lucrativo, que es lo que está ilegalizado en nuestro país. Las personas pueden asociarse. De hecho, existen asociaciones de “trabajadoras sexuales” desde hace tiempo por lo que recurrir al argumento de que ilegalizando el sindicato se está persiguiendo su organización colectiva, es totalmente falso.
Es innegable que la prostitución tiene un fuerte sesgo de género: el 93% de las personas prostituidas son mujeres y niñas, mientras que el 99% de los que pagan son hombres. Esta claro por tanto que en el modelo de la prostitución son siempre los cuerpos de las mujeres los explotados, mientras que los explotadores son siempre los hombres. Por lo tanto, la prostitución es una institución machista que perpetúa el sistema patriarcal que denunciamos y contra el que luchamos las feministas, y que viola la dignidad humana.
El abolicionismo entiende que la prostitución es una forma violenta de opresión y explotación de millones de mujeres en todo el mundo. Lo que se conoce como “industria del sexo” -por cierto, una de las más lucrativas del mundo- se nutre directamente de un sistema que sigue condenándonos a las mujeres a la pobreza, a la precariedad y a la falta de recursos en todo el planeta. Las feministas hemos sido capaces de describir y oponernos a cada uno de los mecanismos de opresión que sufrimos las mujeres y sabemos que aun estamos lejos de alcanzar la igualdad. Hemos salido a las calles a denunciar la intolerable violencia sexual que soportamos, la violencia machista que nos está matando, el silencio de nuestras voces y la falta de recursos y de espacios a los que somos sometidas. Sin embargo, cuando llegamos a la prostitución, un sector del movimiento dice que las mujeres que están en situación de prostitución son libres para elegir, en un mundo en el que ninguna lo somos todavía, y afirman que solo pueden hablar al respecto las “trabajadoras sexuales”. Este posicionamiento carece de cualquier análisis feminista y mínimamente científico.

En la prostitución se manifiestan todas las violencias que las mujeres estamos desterrando en los demás ámbitos: la violencia física, psicológica, sexual, verbal, económica e institucional. Porque, además, la prostitución se nutre del racismo, el clasismo y la misoginia para mercantilizar a millones de mujeres en situaciones de vulnerabilidad, mientras que el resto de la sociedad mira para otro lado. Cuando decimos que la prostitución es un trabajo estamos condenando a las más pobres a tomar una salida que, las que tenemos más recursos y derechos, no queremos para nosotras. Además, la mayoría de las voces de mujeres que dicen ser libres para prostituirse no pertenecen a las mujeres migradas, que son las principales víctimas de trata y suponen el gran porcentaje de las mujeres prostituidas de nuestro país. La afirmación de que ellas sí eligen libremente, sirve de coartada a un sistema que explota y maltrata a una mayoría de mujeres racializadas sin papeles.

La utilización constante de las mujeres en situación de prostitución por los que quieren legalizar, no la prostitución por cuenta propia, que en nuestro país no es ilegal, sino el proxenetismo y por tanto sus negocios de explotación de mujeres, busca que nos perdamos en el debate de si las mujeres somos o no libres para prostituirnos. Resituemos el debate: lo que manifestamos aquí es que los puteros no tienen derecho a acceder a nuestros cuerpos por dinero, ni los proxenetas pueden legalizar su enriquecimiento, aprovechándose y alimentando un sistema desigual. El abolicionismo se solidariza con todas las mujeres y jamás penaliza ni persigue a las mujeres prostituídas. Lo que persigue es la penalización de proxenetas y puteros porque son ellos los que crean y sustentan el sistema que nos objetiviza, sexualiza y mercantiliza a todas.

Una panorámica de la situación en otros países donde se han legalizado supuestos sindicatos de trabajadoras sexuales sirve para poner sobre la mesa que efectivamente no son las prostitutas las que los dirigen: ninguno de ellos tienen conflictos abiertos con las patronales para llevar a cabo la lucha por los derechos de las mujeres, que supuestamente han propiciado su creación; los datos de afiliación son mínimos, y las campañas que realizan no están dirigidas a las mejora de las condiciones laborales de las mujeres. Bajo estos grupos se esconden los intereses de proxenetas que pretenden legalizar, y de paso legitimar socialmente, la actividad de explotación que llevan a cabo para seguir enriqueciéndose y, como ocurre en todos los países en los que se ha legalizado la prostitución, ser aun más ricos a costa de las mujeres que explotan.

Recurrir a la demagogia de querer presentar una prostitución mala, la trata, y otra supuestamente buena y libre no se sostiene. La trata existe porque la prostitución existe, porque:
– La demanda de los puteros es tan brutal que es imposible abastecerla con el porcentaje mínimo de mujeres que dicen ejercer libremente.
– Las organizaciones que trabajamos en contacto directo con las mujeres en situación de prostitución sabemos que no tenemos herramientas para identificar a las víctimas de trata y perseguir a sus explotadores. Tal y como esta la legislación y sin una Ley Integral Contra la Trata, solo es posible actuar si la mujer denuncia. Y sabemos que la mayoría de las mujeres no se atreven porque están coaccionadas. De hecho, muchas de ellas no se reconocen a sí mismas como víctimas de trata porque desconocen que , como establece el Tratado de Palermo, a pesar de haber dado su consentimiento en algún momento, si han sido captadas “recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad» sobre ella, ese consentimiento queda anulado.

Afirmar que el abolicionismo llevaría a la clandestinidad a las mujeres es tener la clara intención de intoxicar la opinión social, instrumentalizando de nuevo a las prostituidas.

El abolicionismo es la única respuesta a la prostitución que se ha demostrado eficaz para erradicar el estigma de las mujeres, al señalar y condenar a puteros y proxenetas, los victimarios de un sistema que se basa en que las mujeres tenemos que estar a disposición de los hombres. El abolicionismo implica una serie de medidas de amplio recorrido que consisten en ayudas legales, sociales, sanitarias, planes de vivienda, de educación, y asistencia psicológica para todas las mujeres que deseen salir de la prostitución. Así mismo, implica un cambio en el modelo de educación de toda la sociedad al cuestionar un modelo de sexualidad hegemónico en el que los hombres son sujetos deseantes -que además aglutinan el poder y el dinero- y las mujeres somos objetos complacientes. El abolicionismo implica la sanción penal no solo a los proxenetas, también a los puteros, como ya han hecho en Suecia, Francia, Canadá y otros países. Tacharnos de moralistas por luchar contra la violencia de género no tiene ningún sentido. Es justicia. Es equidad y es dignidad de todas las personas. También de las mujeres prostituidas.

Las feministas cuestionamos el modelo de masculinidad hegemónico: preguntamos directamente a los hombres cómo pueden estar con mujeres que saben que no les desean y que están en una situación de vulnerabilidad que las obliga a dar su consentimiento. Y eso, cuando lo dan. Como muy bien establece el Convenio de Estambul, que España y la UE han firmado, cualquier relación sexual en la que no haya un sí explícito o el consentimiento se haya dado en una situación de relación desigual entre las partes, sería una violación ya que en cualquier caso el supuesto consentimiento queda automáticamente anulado por considerarse viciado. Por lo tanto, en la prostitución estaremos ante una violación y no ante una relación sexual libre y deseada. Habiendo establecido que las mujeres en situación de prostitución son empujadas a ejercer dentro de un sistema patriarcal que, como mujeres nos oprime, y en el que queda anulado nuestro deseo en todo momento, las feministas afirmamos que la prostitución es una industria cimentada en la tortura por repetición, en la que las mujeres son violadas sistemáticamente por dinero.

Con el presente manifiesto, las personas abajo firmantes reivindicamos que el interlocutor de un supuesto debate sobre la prostitución no pueden ser los proxenetas ni las personas con intereses económicos en la legalización de la misma. Afirmamos que la prostitución es violencia machista, es violación de derechos humanos, y de la dignidad de las personas, y que ni el Estado ni ninguna institución, organismo, o asociación puede apoyar su legalización sin situarse del lado de los opresores. La legalización de la “industria sexual” legaliza la desigualdad entre mujeres y hombres y legitima que sigamos siendo consideradas como objetos, mercancías a explotar. Por lo tanto, no dejaremos que decidan por todas las mujeres.

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