“La violación”  de Magritte, a propósito de la legalización de la prostitución

“La violación”  de Magritte, a propósito de la legalización de la prostitución

 

Se trata de una de las obras claves del realismo mágico, del movimiento pictórico encabezado por el pintor belga René Magritte (1898-1967).

 Se trata de mostrar, superponiendo imágenes, una realidad alterada, onírica y  subconsciente como algo cotidiano y común.

Se trata de suscitar actitudes, no emociones, ante la realidad percibida de forma distorsionadamente mágica, anormal, intuitiva y no explicativa.

Se trata de  un ser fantástico concebido por la crueldad humana, la creación de una nueva mujer construída tras su destrucción. Su marginalidad la mantiene aislada en un mundo real pero espacialmente desconocido.

Se trata de una mujer que actúa sin actuar, atemporal, estática, intranscendente, contradictoria, invertida.

Se trata de una imagen carente de complejidad en primera instancia pero, analizando, de un desmesurado dramatismo que  incluso se atreve a lanzar un guiño perverso con su ambigüedad.

René François Ghislain Magritte  pretendió  con su obra “La violación”, realizada en 1934,  cambiar la percepción precondicionada de la realidad y forzar a quienes la observan a hacerse hipersensitivos/as  a su entorno y ala sociedad en que vivimos..

Dos realidades se unen en este cuadro. Por un lado el torso de una mujer, por otro el cuerpo desnudo de una niña adolescente. Es el encuentro de dos situaciones cronológicas diversas  que se unen  para evidenciar la anulación de una y otra.

La imagen se duplica y unifica ausentando la esencia de cada una. La mujer ha perdido sus sentidos, sus ojos, su nariz, su boca, expresión y emoción, su rostro se ha sexualizado y sus ojos han sido sustituídos por senos juveniles, sus fosas nasales por un vientre plano infantil y sus labios por un pubis hermético, de vello incipiente que la enmudece.

La sutil manipulación de ambas imágenes resulta paradójica y extraña. Evoca la frialdad y el vacio tras la violación. Es la mujer que tras el dramático suceso se mira al espejo y no se reconoce, la que siente que ha quedado reducida  a una sexualidad impuesta, tirana y traumatizante. Vacía, insensible, rota, perdida en un mundo ajeno.

Una sensación que le acompañara para siempre, que le hará olvidar sus dotes intelectuales, su naturaleza propia, sus sueños y proyectos, Una sensación de muerte emocional, de pérdida de la dignidad, de asco hacia sí misma, de vulgaridad y repugnancia hacia lo que no pudo evitar. Un dolor irreparable que se agravará cuando compruebe que la misma sociedad la culpará. Unos dirán que fue por su forma de vestir, otros que su forma de actuar, otros que no eran horas de andar por la calle y todos subliminalmente  dirán que es una “puta”, que consintió, provocó o asumió.

Tras la violación la mujer pierde en la obra de Magritte su rostro, sus facciones ya no existen, son invisibles y solo evidencian la desgracia de lo que ha sucedido, en la cosificación que se ha convertido. Sus cabellos despeinados son la renuncia a sentirse bella, a sentirse mujer y a convertirse en esclava y víctima de su sexo.

Un hecho tan brutal la ha metamorfoseado exterior e interiormente. Su virginal cuerpo de niña ha sido agredido brutalmente y la ha convertido involuntariamente en una prostituta. Ha dejado de ser una niña, una mujer, para convertirse en un objeto, una propiedad pública, un cuadro que se puede colocar en cualquier estancia privada o pública. Un objeto sexual al alcance de todos.

 

 

La violación deja a la niña y a la mujer en una situación vital de síndrome de stress postraumático que la conducirá en el 60% de los casos a ejercer la prostitución como consecuencia de haber interiorizado y normalizado las amenazas desde la infancia, la denigración y la vejación. El fantasma del pasado  acompaña durante toda su vida. El abuso de drogas y de alcohol también son formas de afrontar la violación que sufrieron.

La prostitución  no puede considerarse una elección o un modo de vida jamás, sino la forma de convertir al proxeneta en empresario, a las niñas en mercancías traficadas,  a las mujeres en eternas víctimas  y a la violación en un acto aberrante legítimo.

Apenas hace una semana volvía a salir a la palestra la idea de legalizar la prostitución así como sindicatos de prostitutas, con argumentos bajo mi punto de vista inconcebibles puesto que jamás un Estado de derecho puede aceptar ni permitir la agresión sexual, la violación o el abuso que conlleva intrínsecamente la prostitución.

Sin bien es cierto que este “trabajo sexual” se ha catalogado como la profesión más antigua del mundo evidencia la situación de coerción, violencia,  desigualdad y explotación a que hemos estado sometidas las mujeres.  A mi entender, el feminismo no puede darle la mínima tregua, si no que ha de exigir su penalización por encubrir el abuso y la violación.

 

 

 

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COMENTARIOS

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    David Rubio 4 meses

    Da gusto leer a alguien desentrañando la intención de un artista con su obra. Me encantó. Saludos!

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    esthertauroni 4 meses

    Hola!
    Os he enviado otro artículo y me lo ha devuelto dos veces. Habéis cambiado la dirección de correo electrónico?
    Saludos.

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