La teoría del privilegio

La teoría del privilegio

Milagros Pérez ha escrito un artículo en el País titulado “Culpables de tener derechos” que trata sobre un argumento que se escucha mucho. La autora critica las tribunas de opinión que señalan “la injusticia de que las personas jubiladas tengan pensiones más elevadas que el salario de una persona asalariada joven que trabaja diez horas para no llegar a fin de mes”. La teoría que se esconde tras este argumento “trata de culpabilizar a los que disfrutan de determinados derechos sociales para que se sientan cuestionados socialmente y se avengan a rebajarlos”.

Los argumentos como el que denuncia Pérez calan bien en la población joven, porque casi todas las personas jóvenes hemos tenido que soportar que alguien que nos saca unas décadas nos mire desde su trabajo estable y nos diga que si no tenemos un salario decente y un trabajo estable es porque no luchamos lo suficiente, o hemos tenido que aguantar que alguien nos diga que no deberíamos quejarnos tanto, que las personas jóvenes tenemos la oportunidad de viajar mucho, tener una vida sexual más entretenida y comprar objetos tecnológicos que antes ni existían. Hay personas que creen que la crisis financiera no es algo real y que los problemas que atraviesa la juventud ocurren porque “los jóvenes son unos vagos que se han criado entra algodones”.

No puede culparse a las mujeres de tener derechos que han arrancado al patriarcado.

La cuestión es que, como esos comentarios nos hacen daño y nuestras circunstancias vitales son complicadas, podemos acabar pensando que el enemigo son las personas mayores (y sus pensiones) y no las élites financieras que nos han conducido a esta situación. Este tipo de relatos llegan a utilizarse de forma completamente interesada, para proponer seguidamente el recorte de las pensiones o para sugerir una bajada de sueldo al funcionariado. Es decir, la teoría del privilegio demoniza a un sector de la clase trabajadora con la intención de que otra parte más empobrecida esté de acuerdo con la igualación hacia abajo. Y la banca siempre gana.

La teoría del privilegio también funciona muy bien contra el feminismo. Ya sabemos que un clásico argumento patriarcal, tanto de izquierdas como de derechas, es el de que las feministas son unas burguesas aburridas que se preocupan de asuntos “tan insignificantes” como el lenguaje y la corrección política. Lo triste es que este argumento cala en algunos grupos de mujeres especialmente vulnerables y los medios se apresuran a prestarles el micrófono para que realicen una crítica contra el privilegiado “feminismo hegemónico”, que es blanco, burgués y capacitista, entre otros adjetivos. El micro solo se lo prestan para que carguen contra el feminismo, claro está.

No dudo del hecho de que las personas feministas discriminan y tienen prejuicios, como cualquier otro grupo social. Nadie duda de que el sistema económico y político se ensaña con unos grupos de personas más que con otros y, por supuesto, hay una ideología prejuiciosa que opera para legitimar dicha situación. Las mujeres de colectivos especialmente vulnerables, tienen demandas que deben formar parte de la agenda del movimiento feminista y muchas de dichas demandas son cruciales para las vidas de muchas mujeres. Ahora bien, también está muy claro quién se beneficia de una división planteada en términos de “feministas hegemónicas” frente a “feministas periféricas”. Una pista: quienes se benefician no son las mujeres de colectivos especialmente vulnerables.

En este punto coincido con mi amiga Mari Mar Molpeceres, activista del movimiento de personas con discapacidad. Molpeceres considera que las feministas sin discapacidad no tienen “un privilegio” sobre las feministas con discapacidad, pues no las explotan ni obtienen nada de su vulnerabilidad. No puede culparse a las mujeres de tener derechos que han arrancado al patriarcado. La mayoría de los derechos conquistados por el feminismo benefician a las mujeres con discapacidad, pero hay algunos que no son efectivos para ellas. En la práctica, las mujeres con discapacidad tienen menos derechos y por eso tienen un papel imprescindible en la ampliación de la agenda feminista. Lo que Molpeceres quiere es que todas las feministas conozcan las problemáticas específicas de las mujeres con discapacidad y que el feminismo siga luchando para hacer efectivos los derechos de las mujeres, incluyendo en su agenda las medidas que necesitan las mujeres con discapacidad.

Como señala Molpeceres, los derechos no son privilegios. Debemos tenerlo muy presente.

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