Feminicidio, poder, violencia e impunidad

Feminicidio, poder, violencia e impunidad

Conmemoramos el día internacional contra la violencia hacia las mujeres y tenemos que entender que “la violencia es un mecanismo para mantener la autoridad de los hombres, reforzando las normas patriarcales vigentes y, en consecuencia, para rastrear los factores que convergen con ella, hay que pensar en un contexto social amplio como el de las relaciones de poder”.

 

Feminicidio e Impunidad

Todos los días y en todas partes las mujeres son asesinadas.  Crímenes en situaciones de conflictos armados o guerras; en la calle, relacionados con violaciones o con el crimen organizado, la prostitución o la pornografía; o cometidos por sus maridos, parejas, exparejas. Todos crímenes ligados a la sexualidad, en donde el factor de riesgo es ser mujer o niña.

Mientras que el concepto de violencia contra las mujeres tiene ya varias décadas, el de feminicidio es más reciente.  Y a mi manera de ver, se trata del concepto de genocidio, la intención de destruir total o parcialmente a un grupo, en este caso, las mujeres y las niñas.

El concepto es útil porque nos indica el carácter social y generalizado de la violencia basada en las desigualdades de género y cuestiona los argumentos que tienden a disculpar y a representar a los agresores como “locos” o a concebir estas muertes como “crímenes pasionales”, o bien, a atenuar su importancia en el caso de situaciones de conflicto o guerra.  Tanto el concepto de “violaciones en la guerra” como el de “crimen pasional” perpetúan la idea de que el criminal actúa poseído por fuerzas exteriores, inmanejables por él —el amor, la pasión, la venganza—, que la situación lo sobrepasa, que ha cometido actos que no controla, o muchas veces, que son justificados en el marco de otros crímenes.

El feminicidio debe ser comprendido en el contexto más amplio de las relaciones de dominio y control masculino sobre las mujeres, relaciones naturalizadas en la cultura patriarcal, en sus múltiples mecanismos de violentar, silenciar y permitir su impunidad. Y así como la sociedad disculpa; quienes interpretan las leyes, también disculpan.

Algunos de esos crímenes, como los que se dan en el marco de las relaciones personales, en los feminicidios íntimos, son disculpados con el argumento de la emoción violenta, la pasión, etc. Esta situación no hace más que reforzar la impunidad de los femicidios.[2] En consecuencia, hasta tanto no se haga visible y se comprenda su gravedad, no habrá sanción efectiva.

Las luchas de los Movimientos de Mujeres de más de tres décadas culminaron con el reconocimiento de la violencia hacia las mujeres como un obstáculo que impide la democracia, el desarrollo y la paz. Se han dado pasos importantes en algunos temas –violencia conyugal, violaciones– pero otros temas como la prostitución siguen siendo totalmente banalizados, siendo que es una forma grave de violencia contra las mujeres y las niñas, que en muchas ocasiones las lleva hasta la muerte, o la trata de personas con fines de explotación sexual, laboral o tráfico de órganos.  L

a Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen Organizado, en su Informe Global 2016 señaló que entre los distintos tipos de trata y explotación las más frecuentes son la explotación sexual y laboral y que la mayoría de las víctimas son mujeres con un 51%, cuando hombres son 21% de las víctimas, que 20% son niñas y 8% son niños. La prostitución y la pornografía son, así mismo, manifestaciones de violencia contra las mujeres, en tanto, desde la cultura patriarcal, permiten perpetuar estereotipos como que los cuerpos de las mujeres y las niñas son para el placer sexual de los pobres hombres, que no pueden contener sus irracionales brotes hormonales.  La prostitución es la violencia más antigua que se ha perpetrado contra los cuerpos de las mujeres y las niñas, es un atentado contra su dignidad e integridad corporal y un abuso de poder que deja daños físicos y emocionales profundos.

En suma, en el sistema social patriarcal, basado en las diferencias de sexo, posición económica, etnia, edad, discapacidad, o diversidad sexual, se hacen presentes en este tema, ya que existen sólo dos formas de colonizar los cuerpos de las mujeres, a través de la propiedad individual del cuerpo de la mujer-esposa, mujer-madre, mujer-hija, -el matrimonio/la familia- o a través de la propiedad colectiva de su cuerpo, la prostitución.

Y es por eso que este 25N se acordó que fuera el más abolicionista de la historia, por iniciativa de las feministas españolas, acordamos en Latinoamérica sumarnos a esta iniciativa.

Queda mucho por hacer para que los logros a nivel internacional y a nivel de las legislaciones nacionales se conviertan en herramientas, recursos y garantías reales, para la no violencia hacia las mujeres.

 

FEMINICIDIO EL CASO MEXICANO[3].

Siete mujeres y niñas fueron asesinadas cada día en 2017 en México y este año son 9 asesinadas cada día. Los feminicidios han adquirido niveles pandémicos.

 

¿Quiénes eran ellas?[4]

Las niñas y las mujeres asesinadas en México tenían distintas edades, pertenecían a todas las clases sociales y estratos socioeconómicos, aunque la mayoría eran pobres o marginales; algunas fueron mujeres ricas, de clase alta…; el abanico abarca analfabetas, con estudios básicos, otras más eran estudiantes, técnicas, universitarias, postgraduadas y con excelencia académica, aunque la mayoría tenía pocos estudios.

En su relación con él o los agresores eran: desconocidas, conocidas, cónyuges, parientas y amigas; había entre ellas solteras, casadas, ex esposas, unidas, novias, ex novias, hijas, hijastras, madres, hermanas, nueras, primas y suegras, vecinas, empleadas, jefas, subordinadas, … la mayoría eran niñas y mujeres de esfuerzo, trabajadoras formales e informales; … ciudadanas de a pie, activistas, políticas y gobernantes, casi todas eran mexicanas y, entre ellas, algunas  tzotziles como las Lunas de Acteal, otras rarámuris, otras más nahuatls; algunas eran extranjeras…

A la mayoría las asesinaron en sus casas, de las otras no se sabe dónde…; algunas tenían huellas de violencia sexual, en la mayoría de los cuerpos no hay rastro; algunas estaban embarazadas; otras eran mujeres con discapacidad.

Algunas fueron encerradas, otras secuestradas, todas fueron torturadas, maltratadas, atemorizadas y sufrieron humillaciones; unas fueron golpeadas hasta la muerte, otras estranguladas, decapitadas, colgadas, acuchilladas, balaceadas; … todas estuvieron en cautiverio; aisladas y desprotegidas, aterradas, vivieron la más extrema impotencia de la indefensión; todas fueron agredidas y violentadas hasta la muerte; algunos de sus cuerpos fueron maltratados aún después de haber sido asesinadas. La mayoría de los crímenes están en la impunidad.

 A escala nacional pensamos que era factible articular la política federal, estatal y municipal, sin embargo la incidencia de la violencia contra las mujeres sigue siendo muy alta y las acciones implementadas muy deficientes y, aun así, a pesar de las Alertas de Violencia de Género, los feminicidios no se reducen, sino que se incrementan.

Mientras, muchas mujeres y niñas siguen desapareciendo o aparecen asesinadas.  El Congreso Federal nos debe la tipificación del feminicidio como delito federal.

 


[2] Dra. Marcela Lagarde de Los Riós.  “La Violencia contra las Mujeres y el Feminicidio en México”.

[3] Lagarde, Marcela.  Resumen Informe General de la Comisión Especial de Feminicidios del Congreso de la Unión, México, Septiembre, 2006.

[4] Lagarde, Marcela, Op. Cit.

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