El malvado feminismo hegemónico

El malvado feminismo hegemónico

El diario.es publica una entrevista en vídeo a Miriam Hatibi.

El titular dice: “Desde el feminismo hegemónico se culpa de la islamofobia a las mujeres que insisten en llevar velo”.

Para empezar, pregunto ¿qué es el “feminismo hegemónico”? Agradecería que, al menos por una vez, alguien explicara quiénes son esos grupos o personas que constituyen el “feminismo hegemónico”. Me parece importante saberlo puesto que, leyendo los horrores que, según parece, perpetra, deduzco que lo del patriarcado, en comparación, es pecata minuta. Y, de hecho, muchos de estos artículos acusadores del “feminismo hegemónico” no mientan al patriarcado, o solo lo mientan de pasada mientras hacen un relato pormenorizado y terrorífico sobre las maldades cometidas por el “feminismo hegemónico”.

Para seguir, quisiera saber dónde ha lanzado semejante acusación el “feminismo hegemónico”. O sea, me gustaría saber en qué escrito o declaración el “feminismo hegemónico” culpa de la islamofobia a las mujeres que llevan velo.

Y, por último, pediría que se definiera lo que se entiende por “hegemónico”. Según el diccionario, hegemonía significa dominio, supremacía ¿de verdad hay grupos feministas que tienen dominio sobre otros? Me pregunto cómo lo hacen…

Incluso empleando el término de hegemónico en el sentido -que no es propiamente el suyo- de “mayoritario” me gustaría saber en qué datos se basan para afirmar que un análisis, un criterio, una propuesta, una táctica son hegemónicos dentro del feminismo. Yo, que llevo muchos años en el feminismo y que conozco a cientos de feministas, nunca he oído a ninguna -y menos aún a ningún grupo- culpar de la islamofobia a las mujeres que llevan velo. Nunca.

Más adelante, Miriam Hatibi señala: “estamos luchando las mujeres entre mujeres para ver quién es más feminista”. Falso. Cierto que entre nosotras hay enfrentamientos -incluso ásperos- pero no para ver “quién es más feminista” (además ¿qué estancia superior juzgaría tal cosa?).

Nos enfrentamos en torno a posiciones ideológicas. Y esos enfrentamientos y debates son absolutamente necesarios para el feminismo.
Por supuesto que, objetivamente, las mujeres tenemos un opresor común, el patriarcado. Pero sabemos que hay mujeres que asumen los valores machistas y misóginos.

También sabemos de ciertas mujeres se proclaman feministas pero dedican su energía a atacar a otras mujeres (Marta Lamas, por ejemplo). Algunas (a menudo las mismas) están dispuestas a normalizar prácticas que muchas feministas consideramos radicalmente patriarcales, la prostitución, por ejemplo.

¿Cómo no debatir de todo ello? No hacerlo, obviar esas enormes simas, supone convertir el feminismo en algo algodonoso y vacío de contenido… Juntas contra el patriarcado, sí, pero hemos de ponernos de acuerdo en qué es el patriarcado y cuáles son nuestros objetivos para derribarlo. Y para ello debemos discutir entre nosotras, pues nadie va a venir “desde arriba” (un arriba que en el feminismo no existe) a darnos la clave o las instrucciones.

Además, históricamente, la teoría y la práctica feministas se han decantado mediante el debate.
Miriam también cuenta que una amiga suya tiene un salón solo para mujeres y que algunas se lo reprochan. Dice que se lo reprochan las mismas que “desde los feminismos hegemónicos” piden autobuses solo para mujeres.

Si Miriam dijera: “hay mujeres que se dicen feministas y que reprochan a mi amiga etc.” yo no tendría nada que objetar. Seguro que las hay. Como sabemos, cualquiera puede proclamarse feminista, incluso las que no soportan que se les ponga ningún veto a los “pobres y sufridos” hombres. Pero Miriam no habla de individualidades sino de “feminismos hegemónicos”. Me asombra porque, justamente el feminismo, desde siempre, ha defendido lo contrario: la necesidad de que hubiera espacios exclusivos para las mujeres. Debe ser que yo nunca, en todos mis años tratando con feministas, me he cruzado con esos “feminismos hegemónicos”.

Por otra parte, mezclar el asunto del salón con el de los autobuses es improcedente. Sí, en ciertas ciudades (México, por ejemplo) se reclaman vagones de metro solo para mujeres a fin de protegerlas de los continuos ataques que sufren en los transportes públicos.

Nada que ver entre el hecho de reivindicar espacios para estar nosotras entre nosotras sin intromisiones masculinas y el hecho de exigir medidas y mecanismos contra las agresiones que sufren las mujeres. Ambos reclamos divergen en sus objetivos, en su finalidad. Responden a necesidades muy diferentes y pertenecen a órdenes totalmente distintos. Tan distintos como son usar un móvil para hablar con quien se quiere a usarlo para llamar a emergencias…

También el entrevistador pone su granito de arena y se permite asegurar que el dichoso “feminismo hegemónico” ordena a las mujeres musulmanas: “Tenéis que hacer esto”.
Conclusión: ese “feminismo hegemónico” no puede ser más malvado de lo que es, sobre todo con las mujeres musulmanas.

Yo, modestamente opino que:
1. Está feo eso de inventarse la existencia de feminismos hegemónicos. Digo inventarse porque, como señalé antes, ni aportan pruebas de su existencia ni criterios de clasificación.
2. Me parece tramposo que algo que una mujer (se proclame o no feminista) afirme o haga se le atribuya al feminismo –hegemónico o no-. El feminismo no es responsable de las acciones y palabras de todas las mujeres.
3. El feminismo no confunde el análisis y la crítica a una institución o práctica cultural con las personas que están en ella o la viven. Así, sabemos que los tacones, el velo, la depilación, el matrimonio, etc. etc. responden a exigencias patriarcales. Lo que no significa que una mujer que lleva tacones o velo, se depila o está casada no pueda ser feminista. Me asombra que no se sepa distinguir planos tan diferentes.
4. Miriam lamenta los enfrentamientos entre mujeres pero se dedica a lanzar insidias y feas acusaciones sin pruebas sobre esos supuestos “feminismos hegemónicos” (creo que en toda la entrevista, mienta al patriarcado una vez y cuatro, por lo menos, la malvado “feminismo hegemónico”)…

Y, de verdad, me duele que una mujer inteligente y preparada como Miriam Hatibi, una mujer que podría ser, pues, una magnífica feminista, no se tome la molestia de informarse sobre lo que dice el feminismo.

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