El Brexit del Feminismo

El Brexit del Feminismo

El pasado jueves, 1 de noviembre, asistí a una reunión organizada por Woman’s Place UK (WPUK) en la ciudad de Bath, cerca de Bristol, Inglaterra. El evento fué parte de una serie de otros que la misma organización ha estado llevando a cabo en Reino Unido para debatir la propuesta de ley “Gender Recognition Act”, traducido como, “Ley de Reconocimiento del Género”. Como otras charlas anteriores, ha estado protegida por un efectivo de seguridad, y por la presencia de la policía, en caso de acoso por parte de activistas trans, cosa que suele ser frecuente. De hecho, cuando nos estabámos acercando al lugar, había un grupo cerca pegando gritos y portando pancartas al que ignoramos mientras entrábamos.

Fué un placer encontrarme con varias caras conocidas y escuchar a un panel de lujo: la escritora Sarah Ditum, la catedratica Clara Greed, Raquel Rosario Sánchez (quien escribe también aquí en Tribuna Feminista aparte de publicar artículos en la website de feminismo radical canadiense Feminist Current), Sarah Johnson representando a WPUK y la activista Bo Novak. El tema de la charla era ponernos al corriente sobre la propuesta de ley.

Como otras charlas anteriores, ha estado protegida por un efectivo de seguridad, y por la presencia de la policía, en caso de acoso por parte de activistas trans, cosa que suele ser frecuente.

Por contexto, la ley actual (de 2004) permite a quienes pretenden cambiar su “género” hacerlo sin necesidad de operarse, pero tienen que recibir tratamiento psiquiátrico y vivir durante dos años en el género deseado. Este proceso es considerado por activistas trans como patologizador y complicado. En 2016, una especie de comité de igualdad decidió que sería buena idea quitar esas barreras y que las personas trans simplemente pudieran cambiar de identidad; esto se conoce como un proceso llamado “auto identificación”. Pero esto no es todo, lo que realmente hizo saltar la alarma fue que tambien querian cambiar una ley de 2010, llamada “Equalities Act”, traducida liberalmente como “Ley de Igualdad” la cual prohibe que personas trans hagan según que trabajos como estar empleados/as en centros de acogida para mujeres que escapan violencia machista, o mujeres que han sido violadas. Esta medida precisamente existe para proteger a personas que están en una situación de riesgo o han sufrido violencia machista.

Tal y como explicó Ditum, la propuesta del cambio de ley en teoría iba a ser un proceso fácil, y apoyado tanto por la derecha como la izquierda. Para el partido conservador es una oportunidad de parecer guays y modernos y para la izquierda, una forma de atraer a más votantes LGTB+ hacia el partido laborista.

Pero no fue así. No contaban con que las feministas inglesas iban a poner el grito en el cielo, ya que los cambios propuestos a la ley conciernen directamente a los derechos de las mujeres. Estamos hablando de que cualquier hombre se pueda auto-identificar como mujer y meterse en baños públicos donde hay mujeres y niñas, de no poder negarte a que tu ginecóloga/ mujer trans te haga un examen o que una mujer que ha sido violada tenga que ser asistida en un centro de ayuda por un hombre que diga ser mujer.

Tal y como estan las cosas ahora, gracias a la labor del feminismo radical, el proceso está parado. Llamaron a consultas el pasado mes de Julio, pero por ahora, la propuesta de cambio a la ley está un poco en limbo. Ditum comentó que al final esta propuesta es un poco como Brexit (“el Brexit del feminismo”) en que el proceso es más complicado de lo que se pensaba al principio y que el resultado final no va a satisfacer a casi nadie.

No contaban con que las feministas inglesas iban a poner el grito en el cielo, ya que los cambios propuestos a la ley conciernen directamente a los derechos de las mujeres.

El feminismo radical, en su esencia, lo que hace es pensar críticamente, y esto es lo que ha intentado hacer todos estos meses, pensar en como esta propuesta puede impactar el derecho de las mujeres a su espacio propio, alejado de la interferencia y la violencia de los hombres; algo a lo que las nosotras tenemos derecho. En realidad, aparte de las feministas radicales, muchas veces han sido simplemente mujeres “de calle” las que han estado también participando en estos debates en internet y en persona, y haciendo presión; madres preocupadas por baños neutros en los colegios de sus hijas e hijos, por ejemplo, o señoras que cuidan a personas ancianas — un empleo por ahora vetado a personas trans.

Solo que el “pensar críticamente” ha sido ardua tarea por la respuesta, a menudo violenta, del activismo trans. La organización WPUK fué creada por un grupo de mujeres en todo tipo de profesiones, desde abogadas y profesoras, a activistas en sindicatos; mujeres preocupadas por la propuesta al cambio de ley y sobre como ésta afectaría a más de la mitad de la población solo para satisfacer a aproximadamente 1% de la sociedad. También querían poder relajarse y debatir sin tener que escuchar que el hablar de coños es transfobia.

A medida que los eventos se iban organizando y la propuesta de cambiar la ley se iba haciendo pública, feministas como Julie Bindel, Germaine Greer o Linda Bellos denunciaron en los medios la invisibilización y lesbofobia de colectivos trans y queer, y fueron insultadas con el termino “Terf” (Trans-exclusionary Radical Feminist, o sea feminista radical que excluye a personas trans) y han sido des-invitadas de eventos en universidades y conferencias, cosa que ha afectado a sus carreras y sus vidas. Bellos tiene un juicio pendiente por una denuncia hecha por una activista trans, de hecho. Durante el evento del jueves, Ditum nos recordó este precio tan alto que estas feministas han tenido que pagar y siguen pagando, sólo por pensar de forma crítica sobre política relacionada con el género e intentar debatir de forma constructiva. Todo esto me ha recordado un poco a la “caza de brujas” hecha recientemente a la feminista española Lidia Falcón, quién ha sido tildada de tránsfoba para hacerla callar.

En efecto, el “feminazi” de toda la vida para censurar a cualquier mujer que quisiera denunciar su opresión por el patriarcado ha sido ahora sustituido por “terf”. Hay un número de plataformas por internet de personas trans llamando a violencia a personas consideradas “terf”, y como he comentado más arriba, la violencia ha sido trasladada de internet a la vida real: las reuniones de WPUK para debatir la ley han de ser en lugares secretos y rodeados de efectivos de seguridad. Esta manera de cerrar un debate racional es simple y llanamente censura. Parece que la libertad de expresión no se extiende a mujeres que quieren luchar por sus derechos y es ciertamente muy preocupante que, como parte de este proceso político se utilizan tácticas de intimidación a mujeres.

El miedo a ser acusadas de transfobia hace que muchas organizaciones e incluso empresas tomen medidas para acomodar los deseos del colectivo trans, aún a costa de los derechos de las mujeres. La catedrática Clara Greed es una experta en diseño urbano inclusivo y una de las cosas que hace es luchar para que hayan mas baños públicos accesibles para mujeres. Hay bastantes más lavabos para hombres (tradicionalmente más activos en la esfera pública) y por eso se destinan más fondos para ellos, a pesar de que las mujeres los necesitamos más. Greed comentó en el evento que durante años su lucha ha sido el conseguir fondos para aumentar el número de baños para las mujeres, sólo para ver como, gracias al activismo trans, en un par de años muchos centros están tomando la iniciativa de construir lavabos sin género para todo el mundo, o convertir en neutros aquellos que ya existen. El problema con esto último es que cuando se hace así, mientras los hombres pueden usar váteres y urinales, las mujeres sólo pueden utilizar váteres, así que realmente ellos siguen teniendo más opciones que nosotras y seguimos teniendo que aguantar las mismas colas largas de siempre. Por no hablar del aumento de riesgo de que cualquier tipo se meta a acosar a mujeres en los baños, cosa que ocurre más de lo que pensamos. Greed señaló que muchas agencias gubernamentales y organizaciones están encantadas de “neutralizar” los baños públicos: Es mucho más barato instalar un lavabo para todo el mundo que tener en cuenta nuestra seguridad y las necesidades especiales que conllevan nuestra anatomía. Como siempre, las mujeres perdemos.

Este problema de “asimetría” en cuanto a hacer el mundo más accessible al colectivo trans a costa de los logros de las mujeres, no de los hombres, es el problema. Las feministas estamos denunciando que ponen a mujeres trans acusadas de crímenes sexuales en cárceles de mujeres con el peligro que eso supone y ya hay mujeres trans compitiendo en deportes contra mujeres deportistas, con la ventaja tan injusta que eso presenta. Incluso en la cárcel los deseos de los hombres son más importantes que nuestra seguridad. Curiosamente, el activismo trans no exige mucho el invadir los espacios de hombres, sólo en los de las mujeres.

Aquí en Inglaterra, recientemente 300 miembras del partido laborista dejaron el partido por la decisión de dicho partido de incluir a mujeres trans en listas de candidatas a puestos, lo cual significa que un número de mujeres van a tener que ceder su posibilidad de ocupar un puesto a favor de una persona que se identifica como mujer. Las mujeres siempre tenemos que ceder nuestros pocos privilegios y derechos a favor de los hombres, parece, y nunca al contrario. Otros ejemplos de activismo del feminismo inglés incluyen el poner el texto: “Mujer: Mujeres – Nombre, hembra humana adulta” en edificios famosos de Londres como la Opera Real, la Galeria National de Arte y la oficina de la BBC, para contrarrestar la tendencia de los medios de llamarnos “personas sin próstata” y “personas que menstrúan”. Hace unos meses, unas feministas dijeron auto-definirse como hombres y se bañaron en una piscina e usaron los vestuarios solo para ellos.

Durante la reunión tratamos todos estos temas, y hablamos de los pasos a seguir. Aunque por ahora estamos satisfechas con los resultados, es importante no dormirse en los laureles y seguir haciendo presión sobre los y las representantes gubernamentales locales a medida que las consultas siguen, ya que las dos cámaras del parlamento inglés van a participar en los debates.

Se instó a las asistentes a seguir escribiendo cartas, a seguir hablando y a seguir protestando para poder agenciarnos de este discurso y que no se tomen decisiones sin nosotras. Y es que, como dijo Raquel Rosario Sánchez, “cuando los hombres se reunen para hablar de género, a las mujeres nos echan”. Es fundamental que las mujeres inglesas sigan participando en este debate cuando sus derechos están en juego.

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