Las socialistas en la Segunda República y la Guerra Civil

Las socialistas en la Segunda República y la Guerra Civil

El éxito de las mujeres socialistas a la hora de incorporar sus demandas e ideas a los programas de las distintas organizaciones (PSOE, UGT y Juventudes), no se tradujo en una presencia importante de las mismas en tareas de responsabilidad, ni en las mismas ni en plano institucional. En los distintos Congresos del PSOE que se celebraron su presencia fue más bien testimonial. Hubo muy pocas delegadas. Al menos, Margarita Nelken consiguió ser elegida vicepresidenta del Congreso del PSOE de 1932. En la Ejecutiva del Partido solamente estuvo como vocal Virginia González en 1915, siendo elegida para la nueva Secretaría Femenina en el Congreso de 1918, pero esta función desapareció al poco tiempo. Se volvió a discutir, sin mucho éxito, a mediados de los años veinte.

En las Cortes republicanas, además de Margarita Nelken, destacaron las diputadas socialistas Matilde de la Torre Gutiérrez, que además sería directora general de Comercio y Política Arancelaria, María Lejárraga, destacada escritora y defensora de los represaliados por la Revolución de octubre de 1934, y Julia Álvarez Resano, que fue también la primera gobernadora civil española.

En la guerra, en el Congreso de 1937 se recuperó la cuestión de la representación de la mujer en la organización para intentar demostrar que el Partido se preocupaba por la mujer ante el protagonismo comunista en este terreno. Se encargó a Matilde de la Torre que se preocupase de este asunto y se creara un Secretariado Femenino. En 1938 lo formaban Matilde Cantos, Claudina García y Julia Álvarez Resano, que actuaba de secretaria.

Muchas mujeres socialistas se incorporaron a organizaciones femeninas de signo comunista, para colaborar en el esfuerzo común: Agrupación de Mujeres Antifascistas y L’Unió de Dones de Catalunya, especialmente. También conviene citar la Unión de Muchachas de Madrid, controlada por las Juventudes Socialistas Unificadas. Pero existen testimonios de lo complicado que era trabajar con sensibilidades distintas, como lo atestigua Matilde Cantos. Las tesis socialistas eran difícilmente aceptadas.

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