Las cifras del paro, en precario y en femenino

Las cifras del paro, en precario y en femenino

 

La semana pasada conocíamos como todos los meses, las cifras del dato del paro, a través de unos titulares que invitaban al optimismo (las mejores cifras de paro de los últimos 10 años, en concreto desde diciembre del 2008), siempre y cuando claro, no profundicemos y no vayamos más allá de la superficie de una cifra que conviene aclarar y mucho.

Nos han dicho que hemos recuperado casi dos millones de puestos de trabajo en esta última década, cifra que nos debería «alegrar» y mucho, a pesar de datos tan demoledores como los que publicaba hace ya tiempo el portal idealista.com (en un clamoroso titular para nada inclusivo), y que cifraba en un 25% la pérdida de poder adquisitivo de nuestros sueldos a lo largo de la crisis (según un estudio de la agencia Thomson Reuters publicado en el Financial Times en 2015).

De todos los datos que nos han ofrecido diferentes medios de comunicación estos últimos días, es curioso ver cómo nos han ofrecido comparativas muy detalladas por comunidades autónomas, por sectores profesionales, por temporalidad de los contratos firmados, y por un sinfín de variables más, aunque como viene siendo habitual, se les ha olvidado una.

Tremendamente importante y clarificadora.

No sé si de manera deliberada o no, o quizás simplemente causado (vamos a tratar de no ser malpensados) por el endémico desconocimiento y falta de aplicación de la necesaria perspectiva de género para entender cómo afecta de manera diferenciada a los hombres y las mujeres cualquier objeto de estudio o análisis, pero el caso es que, se les ha olvidado contarnos, como ha afectado estos últimos diez años de crisis, y posterior regeneración del empleo, a uno y otro sexo.

Así que, nos hemos ido directamente a la fuente original, y esto, es lo que nos hemos encontrado:

 

Comparativa Total parados Hombres Hombres (%) Mujeres Mujeres (%)
Diciembre 2008 3.128.963 1.576.467 50,38% 1.552.496 49,62%
Julio 2018 3.135.021 1.279.579 40,82% 1.855.442 59,18%

Fuente: Resumen datos estadísticos Julio 2018 (SEPE)

 

 

Juzguen ustedes mismos/as.

¿Qué ha pasado durante esta década para que un problema que hace 10 años se había ido corrigiendo paulatinamente se dispare ahora de semejante manera?

Pues probablemente nada. O todo.

Salvo que el mercado laboral, si no se regula, si no se pone límites o si no se vigila de cerca, actúa de la manera que sabe.

Provocando más precariedad salarial con abusivas e injustificables bajadas de sueldo a los escalafones más bajos (los millonarios salen siempre reforzados de las crisis económicas), y mostrando ningún reparo en penalizar y de qué forma, a la mitad de la población laboral que ocupan las mujeres, como principal colectivo (una vez más) perjudicado y sacrificado por el camino.

La precariedad laboral y económica sabemos desde hace mucho tiempo que tiene rostro de mujer.

Otro dato que habla por sí solo.

Si volvemos a julio de 2018 veremos que la única franja en la que las mujeres no salen perdiendo ni se les penaliza es la franja de menores de 25 años, en los que la diferencia de la tasa de paro de uno y otro sexo apenas contabiliza unas pocas décimas porcentuales de diferencia.

 

Valores porcentuales <25 años 25-29 años 30-44 años >45 años Total
Hombres 50,40% 40,79% 37,08% 41,79% 40,82%
Mujeres 49,60% 59,21% 62,92% 58,21% 59,18%
Diferencia H-M 0,79% -18,41% -25,84% -16,41% -18,37%

Fuente: Resumen datos estadísticos Julio 2018 (SEPE)

 

La única edad a la que las mujeres por lo que se ve, no se las penaliza (también la franja de edad con una menor cantidad de trabajadores/as en paro, y más fácilmente ubicable en sectores profesionales como el de la hostelería).

A partir de ahí, la historia siempre conocida.

Con datos alarmantes en la franja de edad de los 30 años hasta los 44 años, cifra que apenas solo es posible corregir levemente en las sucesivas franjas de edades.

Después de los 25 años, ni una mayor y mejor formación universitaria (el 62% del total de los títulos universitarios corresponden a títulos obtenidos por mujeres) les va a salvar de la inevitable cercanía del «peligro» o riesgo que supone la maternidad en el acceso al mercado laboral (discriminación que obviamente, sufren todas las mujeres, vayan o no vayan a ser madres en algún momento de sus vidas).

Discriminación por otra parte, de la cual única y exclusivamente sigue siendo responsable las empresas, que siguen aplicando impunemente los inevitables sesgos y estereotipos de género en los procesos de selección y contratación de personal.

Algo que esperemos, ayude a reducirse drásticamente con medidas legislativas tales como los permisos por nacimiento o adopción iguales e intransferibles, o una puesta en marcha “efectiva” de la Ley de Igualdad que corrija y modifique todas las desigualdades y discriminaciones que el mercado laboral va dejando tras de sí, como si de daños colaterales de una guerra (comercial, económica y social) se tratara.

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