Granada, embrión del derecho a ser madre para solteras y lesbianas

Granada, embrión del derecho a ser madre para solteras y lesbianas

 

María Ruiz.

La voluntad de los profesionales, la apuesta por la igualdad y un banco propio de semen convirtieron en 1990 al Hospital Virgen de las Nieves de Granada en el primero de la sanidad pública española en ofrecer tratamientos de reproducción asistida sin preguntar la condición sexual o el estado civil. Y en lo mismo siguen.

Era 1990. Zubizarreta, Hierro y Butragueño lideraban una selección nacional que quedó décima en el Mundial de Italia, cuando ese puesto parecía bueno, y era aquel año en el que no existían los SMS que ya parecen del Pleistoceno.

España pagaba en pesetas, unas 80 por un café con leche en un bar, y en las tiendas de barrio aparecían los disquetes como revolución de un sector informático a años luz del actual, pero Granada ya fecundaba igualdad y acercaba una maternidad imposible sin preguntar la condición sexual o el estado civil.
«Hemos sido pioneros en muchas cosas y nunca pusimos cortapisas a nada; por eso, cuando vino la primera mujer con pareja femenina tampoco lo hicimos», ha explicado el responsable de la Unidad de Reproducción del Materno del Virgen de las Nieves, Luis Martínez Navarro.

Este experto habla con la normalidad que aportan los años, pero desde ese primer caso han pasado 28, casi tres décadas de evolución en un país que ni imaginaba la existencia del matrimonio homosexual, que miraba cual solterona a la que decidía no casarse y que lidiaba con una ley de reproducción aprobada dos años antes.
Martínez Navarro ha recordado que la ley no puntualizaba que los tratamientos de fertilidad debían ser para mujeres casadas y heterosexuales, lo daba por supuesto, así que el primer caso superó una leve discusión y sirvió para fecundar un camino de igualdad desde el que este hospital ha atendido a más de 200 mujeres lesbianas, solteras o transexuales.

Tener un banco de semen propio ayudó a este hospital pionero a seguir su senda de facilitar la maternidad sin preguntas en una época en la que las parejas de mujeres no tenían visibilidad ni derechos, en la que una era la madre, soltera, y la otra casi nada.

El Virgen de las Nieves gestó un abanico de posibilidades que ha mantenido de manera ininterrumpida, incluso cuando el Gobierno del PP, en 2013, decidió abortar el derecho de solteras y lesbianas a los tratamientos de reproducción asistida desde la sanidad pública.
Alejandra, Daniel y Julia son la muestra en carne y hueso, parlante e inquieta, de estos servicios de fertilidad, son el resultado de la profesionalidad del servicio de Embriología del que forman parte Ana Clavero, Ana Moral y Alba Castro y son, además, el sueño de ser madres de sus seis madres hecho realidad.

Este servicio se encarga de seleccionar donantes para una inseminación, sanos y que se parezcan a la madre, de estimular la ovulación, de las fecundaciones, de los análisis genéticos y de alumbrar las posibilidades de sus pacientes.
«Recurrir a una clínica privada para una inseminación si la Seguridad Social nos lo negara por la condición sexual se llama seis mil euros». Así resumen Saray Muñoz y Rocío Ubago el camino alternativo l que les habría tocado si vivieran en Murcia o Asturias, las dos comunidades que tendrán que sumar ahora la reproducción a su cartera de servicios básicos.

Rocío confiesa que si no hubiera encontrado a Saray habría sido madre soltera y que pese a las facilidades del Servicio Andaluz de Salud (SAS) tropezaron primero con médicos de familia que desconocían este proceso intrincado con listas de espera, tratamientos hormonales, inseminaciones que fracasan y llantos.

Tres años como Julia tiene Daniel, que nació en el primer intento de una fecundación in vitro para dar a Carmen Chica y Almudena López la alegría de una maternidad deseada que se aceleró porque les tocó el cambio de normativa del Gobierno del PP, y los miedos.

Una historia parecida pasaron Estefanía Rodríguez y Victoria Blanco, que ahora acunan a Alejandra tras tres años de proceso, y que forman parte de esa lista de madres que lo son por su empeño en serlo, pero también por un sistema preñado de posibilidades.

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