“Trabajo sexual” vs. trata y explotación sexual

“Trabajo sexual” vs. trata y explotación sexual

El robo y el asesinato son males que siempre han existido, pero a ninguna sociedad se le ha ocurrido decir: Puesto que no podemos acabar ni con el robo ni con el asesinato, vamos a inventar una forma de vivir con ellos sometiéndoles a una regla, a una cierta vigilancia, que se base, por ejemplo, sobre tres pilares: en qué lugares, a qué horas y en qué condiciones estará permitido robar y matar.- J. Butler, 1875

En el marco del Día Mundial contra la Trata de Personas nos parece pertinente visibilizar el creciente número de voces que se pronuncian por el “trabajo sexual” “seguro”, incluso las agencias de las Naciones Unidas, como el Fondo de Población (FUNUAP), la OIT, el Fondo de Naciones Unidas contra el SIDA, y hasta ONU Mujer, con una postura poco clara, las Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Comisión de Mujeres de la OEA, así como Fundaciones privadas, como la “Open Society Foundations” de George Soros, Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras, quienes desde su visión impulsan la despenalización total de la industria del sexo, que lo justifican para que no corran riesgos quienes, aparentemente, ejercen esta actividad de manera voluntaria, sin importar que sea una actividad de sobrevivencia precarizada, que perpetúa estereotipos de género, reduciendo a las mujeres y las niñas a mercancías que se compran, se venden, se alquilan.

Ciertamente no podemos negar que las mujeres en situación de prostitución han cargado desde siempre con el estigma, la persecución y la violencia. No obstante, el hecho de hablar de “trabajo sexual” es enmascarar la trata de mujeres y niñas parra la explotación de la prostitución, así como otras formas de explotación sexual. Para quien no quiera verlo, estamos hablando de un negocio ilícito de magnitud nacional e internacional que -se ha repetido incontables veces-, y que reporta el segundo lugar del mundo en ganancias después del tráfico de drogas y antes del tráfico de armas.

Existe un sector de personas que ha señalado a las abolicionistas como aliadas de la extrema derecha en Estados Unidos (George Bush), por trabajar a favor de la abolición de la explotación de la prostitución ajena y otras formas de explotación sexual. Quienes se pronuncian así, demuestran absoluta ignorancia acerca de lo que es el abolicionismo, que por supuesto no tiene nada que ver con la derecha, sino todo lo contrario, la lucha por la abolición de la prostitución es una lucha feminista.

La lucha abolicionista nace en 1886 en Inglaterra con el trabajo de la feminista Josephine Buttler, justo después de que se logró abolir la esclavitud. Entre muchas otras cosas, ella planteó que el sistema de prostitución es una forma contemporánea de esclavitud hacia las mujeres. Gracias a “La Gran Cruzada” que inició Buttler, más de mil personalidades de aquella época suscribieron un manifiesto contra la reglamentación de la prostitución, y este movimiento trascendió fronteras hacia Estados Unidos y el resto de Europa, contando con el apoyo de numerosos grupos laicos y religiosos de la corriente humanista.

El postulado de Josephine Butler hizo énfasis en la responsabilidad de los varones como proveedores y compradores de la prostitución y señaló duramente las diferencias en la impartición de justicia para hombres y mujeres, pero además sostuvo que no se debe castigar a las mujeres en situación de prostitución, ni sacarlas por la fuerza de esa situación, sino crear opciones dignas de salida (educación, empleo, salud, vivienda para ellas y sus hijas e hijos) y trabajar en la prevención, ya que la inmensa mayoría de las mujeres en situación de prostitución que “optan” por esta vía, lo hacen por sus condiciones de vulnerabilidad (pobreza, marginación, desigualdad, falta de oportunidades, etc.), es decir, porque en realidad no existen opciones.

Hoy, cuando justo hasta Holanda está reconsiderando su modelo de legalización de la Prostitución, en países profundamente patriarcales, como la India, la Presidenta de la Comisión para Mujeres, Swati Maliwal, arremetió contra los grupos pro-trabajo sexual y señaló que legalizar el comercio sexual promoverá la trata de personas de acuerdo a las experiencias de otros países en donde se ha legalizado este comercio y donde ha traído como consecuencia un aumento en la explotación sexual y la trata de mujeres y niñas.

Como todos sabemos, México se encuentra cada vez mejor posicionado como lugar de origen, tránsito y destino de víctimas de trata y explotación sexual, ocupando ya el primer lugar en Latinoamérica, producto por supuesto de nuestra cercanía al mercado más grande en el mundo de sexo de paga y de drogas. Por esta razón, y por el alarmante incremento de mujeres y niñas desaparecidas, pobres, no es posible decir que ayudamos a las mujeres en situación de prostitución cuando estamos a favor de reglamentar el “trabajo sexual”. Ninguna convención internacional reconoce la explotación de la prostitución como un empleo, simplemente porque atenta contra los más elementales derechos humanos de las mujeres y las niñas. A esta explotación sexual, se está sumando la explotación reproductiva de las mujeres pobres, para los vientres de alquiler o la subrogación de vientres, el tráfico de células, fluidos y órganos.

La fiscal de la Unidad contra la Trata de Personas del Paraguay, Teresa Martínez, futura Ministra de la Niñez, criticó a los encargados de Subsecretaría de Estado de Tributación (SET) por defender la inclusión de las actividades prostibularias a su lista de impuestos.

La agente del Ministerio Público indicó que es una locura pretender dar boletas legales a los que van a los prostíbulos y resaltó que con esta situación se percibe que se cuenta con un “Estado esquizofrénico y prostituyente”.

Y dijo, “en ninguno de los prostíbulos que he allanado, jamás he encontrado dinero en poder de las chicas, todo está en la caja”, dijo y resaltó que con la postura del Gobierno, de recaudar en concepto de esa actividad, se hacen cómplices de la explotación sexual.

Ojalá que América Latina y el Caribe siga el ejemplo de Tailandia, un país legendariamente relacionado con la prostitución y el turismo sexual, que hoy está determinado a erradicarlos. En los últimos días se han cerrado decenas de negocios relacionados con la prostitución y se ha detenido a cientos de personas. La primera ministra de Turismo dijo de manera tajante que su gobierno quiere fuera a la industria del sexo, pero ya desde 1960 y con la ayuda de la ONU, la prostitución está prohibida en aquel país.

¿No es eso lo que queremos ver de nuestros gobiernos? Cuando existe voluntad y se trabaja a favor de las víctimas, no importa desmantelar las redes criminales, ni visibilizar la responsabilidad de los consumidores, porque la prostitución no es otra cosa que el punto en el que convergen la explotación económica y la explotación sexual.

Por eso, cuando se habla de reglamentar o despenalizar la industria sexual, el lobby pro-trabajo sexual, se convierten en parte del problema, en cómplices del proxeneta que engaña, del delincuente que recluta, del político que engancha, del hombre común que viola a cambio de dinero, de la sociedad permisiva que prefiere entenderlo como “la profesión más antigua” y sobre todo, de los gobiernos que evaden la responsabilidad ineludible de brindar igualdad de oportunidades para todas las mujeres y niñas, sin excepción.

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