Mayoría de mujeres en ciencias sociales y jurídicas, pero solo el 25% en ingeniería y arquitectura

Mayoría de mujeres en ciencias sociales y jurídicas, pero solo el 25% en ingeniería y arquitectura

 

La tasa de actividad femenina más alta se traslada del grupo de edad de los 25-29 años al de 40-44 en apenas 12 años

La brecha en pensiones se reduce entre los jubilados más jóvenes (65-69 años), al pasar del 39% en 2005 al 29% en 2017, pero aumenta en el resto


Alcanzar la igualdad de género sigue siendo uno de los principales retos de nuestras sociedades, fundamentalmente en el acceso a condiciones de bienestar y a puestos de influencia y poder político y económico.

El último Panorama Social, publicación editada por Funcas, analiza la brecha de género en diferentes vertientes -laboral, retributiva, educativa y política, entre otras-, tratando de identificar problemas y de mejorar situaciones perjudiciales tanto para las mujeres como para el conjunto de la sociedad.

Inmaculada Cebrián y Gloria Moreno abordan las desigualdades de género en el mercado laboral, al que las mujeres se han incorporado masivamente en las últimas décadas. Si en 1987 la tasa de actividad femenina era del 32% y en el mercado de trabajo participaban algo menos de cinco millones de mujeres, en 2017 la tasa de actividad se situó en el 53% y el número de mujeres activas superó los 10 millones. En apenas 12 años la máxima tasa de actividad femenina se ha trasladado del grupo de 25-29 años (83% en 2005) al de 40-44 años (86% en 2017). Ello indica el fin del modelo tradicional de participación laboral femenina: la práctica de abandonar el mercado de trabajo, coincidiendo con la edad de maternidad, tiende a desaparecer.

No obstante, a pesar de la convergencia entre mujeres y hombres, persisten diferencias significativas, como muestran los indicadores de participación laboral, empleo y desempleo. En 2017, las brechas de género en población activa y empleo rondaban los 12 y 11 puntos porcentuales, respectivamente, a favor de los hombres; la tasa de desempleo, en cambio, era 3,4 puntos más alta entre las mujeres.

También los salarios marcan diferencias de género importantes. La brecha salarial, que existe en todos los países de la OCDE, oscilaba entre el 3% (Luxemburgo) y más del 20% (Estonia y Letonia) en favor de los hombres en 2017. En España se situó en el 11,5%. Según los datos aportados por Emma Cerviño, durante la crisis llegó a alcanzar casi el 19%, reduciéndose durante la recuperación económica.

Uno de los capítulos en los que las diferencias entre hombres y mujeres aún es importante es el de las pensiones, especialmente relevante, además, porque se trata de la principal fuente de ingresos para los mayores españoles.

Estefanía Alaminos llama la atención sobre el aumento del colectivo de mujeres pensionistas. Entre 2005 y 2017, el número de mujeres pensionistas de jubilación creció de media un 2,36% anual, casi un punto porcentual más que el de los hombres (1,43%).

Asimismo, si en 2005 las mujeres de entre 65 y 69 años percibían una pensión un 39% inferior a la de sus coetáneos masculinos, en 2017 esa diferencia se situaba en el 29%. Sin embargo, entre los pensionistas de jubilación de 85 o más años dicha brecha había aumentado desde el 36% en 2005 al 40% en 2017. Por otra parte, en las pensiones de viudedad, la brecha de género en los importes medios, siempre a favor de las mujeres, aumentó un 32% entre 2005 y 2017.

Ariane Aumaitre revisa la situación de desigualdad de género en Europa y subraya la importancia del ámbito educativo. Aunque los países europeos han alcanzado la igualdad en el acceso a la educación, el gran reto actual consiste en superar la segregación sectorial educativa.

En 2015, los varones que cursaban estudios universitarios en la Unión Europea estaban sobrerrepresentados en las áreas de ciencias, tecnología e ingeniería, mientras que las mujeres eran mayoría en las relacionadas con la educación, la sanidad y el bienestar (en las que representan alrededor de un 78% de todos los estudiantes) y en las de humanidades (71%).

En España, como señalan Milagros Sáinz y Julio Meneses, durante el curso académico 2016-2017 las mujeres representaban el 60% de todos los matriculados en ciencias sociales y jurídicas, pero solo el 25% de los matriculados en ingeniería y arquitectura.

 

Salud, ciencia y violencia doméstica

 La salud es uno de los aspectos en los que se plasman las desigualdades entre mujeres y hombres de forma más clara. Débora Álvarez-del Arco apunta las peores condiciones de salud entre las mujeres que entre los hombres.

La brecha de género en ciencia centra el trabajo de Antonio Mateos, que subraya los factores socioculturales que afectan a la dedicación de las mujeres a la ciencia y se refiere a variables como la distancia entre la sociedad y la ciencia y la influencia de los docentes y padres sobre las vocaciones científicas.

Por su parte, César Alonso-Borrego y Raquel Carrasco enfocan la atención en la relación entre el empleo de los miembros de la pareja y la violencia doméstica. Según los autores, son las parejas en las que la mujer trabaja y el hombre no lo hace las que presentan una mayor probabilidad de violencia doméstica.

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