Maltrato y enfermedad crónica: Abelerdo y Eloísa

Maltrato y enfermedad crónica: Abelerdo y Eloísa

Pongamos que él se llama Abelerdo y su pareja, Eloísa, y que conviven compartiendo el día a día con la enfermedad crónica de ella. Pongamos que ambos se conocieron en una de esas historias de amor, repleta de ingredientes tóxicos, que tan mal acaban fuera de los cuentos de hadas de color rosa pastelón. Como en casi todos los comienzos, ella no fue consciente, tan feliz como se sentía entre los efluvios venenosos del romanticismo, del peligro que la acechaba en esta relación. Pero ahí está: en un tiempo imprevisible, la tragedia comienza a gestarse.

Abelerdo quería a Eloísa solo para él, y digo querer, porque el muchacho solo entiende de posesiones. Muy pronto descubrió que la enfermedad crónica que padecía su compañera era una inagotable fuente de poder. Aunque ella supiera ,desde niña, manejar su autocuidado, nuestro Abelerdo se empeñó en demostrarle a Eloísa que sus «megacuidados» protectores eran esenciales y fundamentales para su supervivencia. Poco a poco, fue destruyendo la confianza en sí misma de su joven pareja para, de esta forma, asegurarse el control absoluto sobre ella.

Abelerdo se sentía, cada vez, más feliz y poderoso… Eloísa, cada día, más deprimida y dependiente. Ya no eran solo sus amigas; su trabajo, ya no eran solo sus costumbres, sus ilusiones y sueños los que iba perdiendo poco a poco, es que había depositado también en el joven Abelerdo, su cuerpo y su salud. Es decir, no se guardó para sí misma una sola parcelita de su vida… y colorín colorado, el maltrato se ha consolidado.

Este cuento podría resumir una o varias historias de las que he sido testigo, como mujer, desde que estoy inmersa en el mundo de salud, desde el punto de vista educacional. Son los mismos tristes relatos de siempre, pero con el añadido de una enfermedad crónica: un instrumento más de poder en manos de los maltratadores. Una excelente herramienta para destruir, controlar, y dañar a una mujer.

En lo que a diabetes tipo uno se refiere, que es mi mayor campo de actuación, hay una situación especialmente vulnerable: Cuando una persona está en hiperglucemia, pero sobre todo, en el caso de que esté en hipoglucemia, es posible que su comportamiento cambie, que se sienta confusa, que reaccione, emocionalmente, de forma desajustada. Y digo que es posible, porque cada persona es un ser único y responderá de forma diferente. Es necesario que el entorno conozca que esto puede ocurrir, para saber cómo actuar correctamente, desdramatizar la situación, y poder manejarla con naturalidad, y no solo desde el punto de vista físico, sino también desde el psicológico. Pero el machismo no desaprovecha ninguna ocasión en la que poder soltar y dar rienda suelta a la violencia física, piscológica y social. Compartir la vida con un «Abelerdo» es algo potencialmente peligroso para la integridad de cualquier mujer, pero, para alguien con una enfermedad crónica que pueda afectar, aunque sea puntualmente, la capacidad física o psicológica, puede convertirse en un auténtico drama.

Empoderemos a nuestras niñas desde la más tierna infancia, pero si tienen alguna enfermedad crónica, hagámoslo aún más… porque si no lo hacemos, conocer a un «Abelerdo» de los muchos que, desgraciadamente, pueblan el mundo, puede ser terrible: la tragedia está servida.

CATEGORÍAS
Comparte