El sexo no es una necesidad básica para los varones con discapacidad

El sexo no es una necesidad básica para los varones con discapacidad

En 1943 Abraham Maslow, psicólogo estadounidense y uno de los principales exponentes de la psicología humanista (corriente psicológica que postula la tendencia humana hacia la salud mental que se manifestaría en una serie de procesos de autoactualización o autorrealización) representó las necesidades de forma jerárquica.

La escala de necesidades se describe como una pirámide de cinco niveles: los cuatro primeros niveles se agrupan como necesidades de déficit: Fisiología, Seguridad, Afiliación y Reconocimiento. El quinto, situado en la parte superior, de Autorrealización
Si seguimos este esquema, veamos donde estaría la asistencia sexual. Atendiendo a dicho planteamiento, cabría encuadrarlo en el tercer nivel, el de afiliación, en concreto, intimidad sexual, pero tampoco se cumpliría porque en la asistencia sexual la intimidad es inexistente ya que, nos encontramos ante una transacción comercial, carente de sentimientos.

Por otra parte, al tratarse de una relación en la que el deseo no es correspondido, tampoco la máxima de elevar la autoestima se alcanzaría (la premisa de sentirse estimados y deseados tampoco se cumpliría). La asistencia sexual, por lo tanto, funciona a la perfección para revestir y asimilar la prostitución a un servicio social, casi caritativo. De hecho, en 2013 se puso en marcha una asociación que ofrece eyaculaciones asistidas (masturbaciones) a hombres con discapacidad de manera gratuita. No se puede llamar de otra forma que sexo por compasión. De facto, las mujeres que prestan esos servicios reciben la denominación de trabajadoras sexuales médicas. La medida fue muy aplaudida y originó bromas de pésimo gusto en sitios de Internet tan sexistas y misóginos como forocoches.

La asistencia sexual, por lo tanto, funciona a la perfecciòn para revestir y asimilar la prostitución a un servicio social, casi caritativo.

Por otro lado, este tipo de asociaciones trabajan estrechamente con asociaciones de prostitutas favorables a la regulación, que entienden la explotación sexual como un trabajo. Me refiero a Hetaira en el Estado español o AMMAR en Argentina. Quien no vea relación entre asistencia sexual o acompañamiento erótico, como prefieren eufemísticamente que se llame, y prostitución tiene un grave problema de percepción o un interés oculto por la legalización del acceso al cuerpo de las mujeres. Llamémoslo por su nombre, los hombres con discapacidad, como sanos hijos del patriarcado,
(la prostitución es una institución patriarcal) aspiran a ser puteros y son tan machistas y misóginos como los hombres sin discapacidad. Aspiran, del mismo modo que los varones sin discapacidad a asumir el control que tiene el sexo masculino en la sociedad patriarcal normativa.

Quien no vea relación entre asistencia sexual o acompañamiento erótico, como prefieren eufemísticamente que se llame, y prostitución tiene un grave problema de percepción o un interés oculto

Para concluir, la asistencia sexual no es una terapia. Nos quieren convencer de que es así. El sexo en estas sesiones no es un medio para ganar en autoestima, ya que los puteros con o sin discapacidad no son ni deseados ni queridos. El sexo no es una necesidad básicas. No te mueres por no tener un orgasmo. Comer, recibir un trato digno, tener un trabajo bien remunerado o cobrar una buena pensión que te permita dormir bajo techo, si que lo es. No nos engañemos, la asistencia sexual es un medio retorcido de regular la prostitución, sin excesiva oposición.

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