«Largas y sangrientas batallas «

«Largas y sangrientas batallas «

Como se ha demostrado a lo largo de la Historia, las revoluciones son cíclicas e intrínsecamente permanentes. Hijas de la extrema necesidad y del agobio, no siempre tienen una razón económica. Para hacer una revolución, la necesidad y el afán de libertad apremian. La feminista tiene que asumir que cualquier triunfo no es el logro de la victoria, sino más bien el inicio de otra lucha que vendrá después.

Campañas de Twitter como el #MeToo o #Cuéntalo han puesto en evidencia el dique burocrático de contención que supone para una denunciante oficializar una agresión sexual dando rienda suelta a las propias experiencias anónimas; ¡más, muchas más que las que se denuncian! En este país, con una imperiosa necesidad en formación de género desde las escuelas infantiles, se producen al año 1200 violaciones; tres al día; una cada ocho horas. Eso quiere decir que vivimos rodeadas de agresores sexuales porque estos se sitúan en la mayoría de las ocasiones en el entorno de la víctima: bien posicionados y aceptados socialmente en la mayoría de los casos. No es sorprendente cuando la defensa de una violación rebate el hecho alegando la calidad humana de los agresores en su comunidad afectiva y familiar. Vivimos en un mundo en que un delincuente sexual, o varios a la vez, tienen el don de la sociabilidad extrema sencillamente porque su entorno no considera la violación como una forma de delincuencia.

En este contexto normalizado de privilegios, ¿para qué pedir consentimiento en sus relaciones sexuales? ¿Para qué procurar una pensión digna a las viudas que nunca han trabajado fuera del hogar, si nunca han sido una clase beligerante?

¡Mala vida tenemos las mujeres! Muchas, demasiadas, asesinadas por parejas o exparejas dejando a la damnificada prole bajo la patria potestad de un asesino maltratador; desde enero de 2013 a febrero de 2017 se contabilizaron 166 niños y niñas a los que les arrebataron la infancia de la manera más cruel. Crímenes estos que se producen en demasiadas ocasiones cuando la mujer ha decidido poner fin a la relación e intenta rehacer su vida. ¡De poco sirven órdenes de alejamiento en estos casos! El apoyo institucional es meramente testimonial porque ninguna fuerza política ha logrado dotar a los presupuestos del gobierno de la partida económica necesaria para afrontar cualquier forma de violencia hacia la mujer y de hacer eficaz su gestión; y es que hay víctimas y víctimas, negar lo contrario es dejar en evidencia el poso cultural que arrastramos; la sociedad reduce la violencia hacia la mujer de manera simplista, con frases hechas y poniéndola en el foco de los comentarios, tan simples como la respuesta de tantas juristas a la pregunta de cómo valoraban la sentencia de la libertad provisional de la manada (me niego a ponerlo en mayúsculas) ¿Ajustada a Derecho? ¿Para quién? Para un sistema patriarcal que elabora legislación para proteger sus privilegios, como ha ocurrido con todas las formas de poder político, judicial y religioso a lo largo de la Historia; la mujer como condimento, procreadora, cuidadora, en segundo plano, ciudadana de estatus inferior a la que solo se le reclama cuando hay que votar….y de eso también hace bien poco. En este contexto normalizado de privilegios, ¿para qué pedir consentimiento en sus relaciones sexuales? ¿Para qué procurar una pensión digna a las viudas que nunca han trabajado fuera del hogar, si nunca han sido una clase beligerante? ¿Para qué pagar los cuidados si en el rancio Franquismo “sus labores” era una profesión reconocida y sin remunerar?

Somos las hijas de una revolución que se alza una y otra vez por pura supervivencia. Necesitamos, como todo lo desfavorecido, juntarnos para que la sociedad vea que no somos instrumento partidista, sino mujeres hartas de que se nos violente en cualquier parte por el hecho de que el patriarcado no usa el término “igualdad” para relacionarse con nosotras. Por eso nosotras, a diferencia de los privilegiados, necesitamos nuestros aniversarios, para que nuestros logros no queden en el olvido: que hace siglos no éramos ni ciudadanas, que se nos ha negado la Educación, que hace 60 años estábamos condenadas al único horizonte del matrimonio sin tener forma de ganarnos la vida…que ahora se nos escucha más aunque no sea suficiente.

El 8M fue la constatación de la revolución feminista, lenta pero firme. Faltan varias generaciones para que podamos hablar de igualdad. Y muchas batallas.

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