Débiles sin capacidad de ofensa o victimarias

Débiles sin capacidad de ofensa o victimarias

Históricamente una de las premisas esgrimidas por el sistema patriarcal era la no existencia de daño sobre las mujeres. Ejemplos de esta premisa son las frases coloquiales tipo: “de que os quejáis si sois las que mandáis”, “en el sexo es la mujer la que tiene la última palabra”, “no sé dónde quieren llegar las mujeres”, “vamos no seas histérica que tampoco es para tanto”, “las leyes hoy en día están a favor de las mujeres y eso es extremista”.

Quiero desde aquí expresar mi solidaridad con Juana Rivas y con todas las mujeres víctimas de la violencia sexista  que no solo no reciben justicia sino que además son condenadas por su osadía anti patriarcal.

También, quisiera incidir, para que abramos un debate al respecto, sobre la categoría víctima. Desde muchos ámbitos  se cuestiona que solo se nos ve a las mujeres como víctimas y esto bajo mi punto de vista no se corresponde con la realidad patriarcal. Creo que se nos sitúa o bien como débiles o bien como victimarias.

Si no hay víctima, no hay agresión, ni agresor, ni posibilidad de exigencia de justicia. De hecho, en la mayoría de las ocasiones,  las mujeres víctimas no reciben justicia, ni reparación del daño sufrido. A las mujeres se nos ve como indefensas sin capacidad de ofensa porque supuestamente no tenemos capacidad de defensa, de ahí que el estado se situé como “protector” de las mujeres y las instituciones como tutoras de los derechos de las mujeres. “Aquello de todo para las mujeres pero sin las mujeres”. Donde el estado y sus instituciones son los únicos legitimados para decidir sobre las mujeres pero sin la voz de ellas.

Si no hay víctima, no hay agresión, ni agresor, ni posibilidad de exigencia de justicia.

Es cierto, que muchas mujeres víctimas se viven desde la indefensión aprendida. Dicha indefensión significa que nada está en mis manos para cambiar mi propia realidad. Esto implica situarse como esclava o como débil sin capacidad de actuar.  Pero claro, ver y sentir como el sistema protege a los agresores, además de ver como una gran parte de la sociedad convierte a las mujeres en victimarias, es parte de lo que justifica que muchas mujeres víctimas no puedan cerrar la vivencia y se queden en ese bucle dañino que no  les permite salir de la vivencia del daño. Como dice A. Valcarcel: “La justicia es la paz de la agraviada”.  ¿Dónde está la justicia? Cuando hablamos de justicia patriarcal nos referimos precisamente a como la actual justicia sigue impregnada del código patriarcal y aplica un doble rasero a la hora de interpretar y actuar contra los delitos machistas. Victimizando a los agresores y otorgándoles el privilegio de la ofensa, el daño.

Este orden patriarcal poco ha cambiado en esencia y las sentencias que en España estamos recibiendo son contra derecho pero ajustadas al código patriarcal. Código patriarcal que niega el daño a las mujeres y victimiza a los agresores, volviendo sus delitos atenuados por el alcohol, por  sus instintos incontrolables,  por su personalidad o simplemente porque ella, la mujer, le provocó una cólera enfermiza y el pobre agresor no tuvo otra opción que atacar.

El otro modelo en el que se nos ubica es como victimarias, provocadoras de la violencia por nuestra conducta, por nuestra rebeldía, como en el caso de Juana Rivas, a la que no reconoce como víctima sino como una alterada que reacciona de manera desproporcionada contra los derechos de un buen padre. Este caso, no solo la condena a ella sino que también es un aviso a todo el movimiento social que generó su indefensión judicial, #JuanaEstáEnMiCasa. O como en el caso de la manada que provocó una reacción de los jueces que no hemos visto en otras en otras denuncias políticas sobre la actuación de la “justicia”. Nos quieren silenciadas. Y ya sabemos que el silencio es la impunidad de los verdugos. Así que nos atacan por ser feministas, por activistas, por osar a cuestionar al sistema, por situarnos como sujetos de derecho que afrontamos cualquier vulneración de los mismos desde la denuncia no solo legal sino pública. Por ello, seguiremos llenando las calles con nuestra sororidad, con nuestro atrevimiento porque ya no queremos la protección de la esclava infantilizada, en realidad nunca tuvimos tal protección, exigimos justicia.

Así que en estos días, como en tantas otras ocasiones, seguiremos llenando las calles para acompañar a Juana y a todas las María, Leire, Nagore, Silvia…. Y a todas las que el sistema patriarcal condena por querer ser sujetos de derecho y no esclavas.  ¡No nos van a silenciar!

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