Corre Juana, corre

Corre Juana, corre

Afirmar que en España la justicia es patriarcal y no defiende la seguridad y libertad de las mujeres es un hecho ya comprobado. Esta misma mañana veíamos cómo Juana Rivas era condenada a cinco años de cárcel y seis sin poder ejercer la custodia sobre sus hijos.

Mientras los violadores son puestos en libertad, los maltratadores como Francesco Arcuri son protegidos por la justicia y las mujeres maltratadas condenadas a prisión. ¿Hace falta alguna prueba más para darse cuenta de que el sistema judicial discrimina a las mujeres permanentemente?

Afirmar que en España la justicia es patriarcal y no defiende la seguridad y libertad de las mujeres es un hecho ya comprobado

Más allá de la discriminación es innegable que existe un castigo. Comenzando por el cuestionamiento voraz y constante hacia el testimonio de la mujer, para seguir con una persecución contra su persona y cualquier acto que pueda desacreditar su experiencia. Somos Liliths puestas en un brete, perseguidas por el poder judicial masculino, diseñado para escarmentar a las mujeres mientras los hombres salen impunes.

En el caso de Juana Rivas el juez la acusa de haber “explotado el argumento del maltrato” con el fin de quedarse con la custodia de sus hijos. No me cabe ninguna duda de que este juez nunca ha tenido que atravesar una situación de desigualdad y violencia continuada con dos menores en peligro ante un progenitor maltratador.
De haber sido así la empatía hubiese jugado a favor de Juana.

La mujer que huye desde otro país hasta el suyo, con sus dos hijos, tras años de maltrato sólo busca protegerles de la violencia. Los menores deben vivir libres de violencias, en un entorno seguro, y eso no puede darse si su progenitor es un maltratador. Un maltratador nunca va a ser buen padre.

Encarcelar a Juana Rivas equivale a encerrar a todas esas madres que han puesto por delante de su libertad, su seguridad y su vida a sus hijos e hijas. Si Juana ingresa en prisión el mensaje que envía la justicia es: “Respeta a tu maltratador, no escapes de la violencia”.

Sepan que tenemos derecho a sobrevivir, no sólo como mujeres, sino también como madres. Para entender esto es necesario comprender que un hombre violento desarrolla comportamientos violentos, juegos psicológicos, chantajes y agresiones constantes contra su pareja diariamente. Esa misma persona genera patrones y educa a los niños en la normalización y reproducción de esa violencia, ¿cómo entonces va a garantizar que esos menores crezcan seguros y en un entorno no-violento?

La justicia patriarcal no se está limitando a castigar a las supervivientes de maltrato como Juana, sino que además premia a los maltratadores. Les otorga credibilidad, jurídica y social, les da la custodia de los menores a modo casi de trofeo, y el derecho al pavoneo posterior, que busca legitimar la naturaleza violenta del machismo.

No es justo que nos obliguen a vivir con miedo, o que el precio que tengamos que pagar por salvar a nuestros hijos del maltrato sea nuestra propia libertad.

Yo no soy madre, pero pienso en la mía, en mi abuela, en las madres de mis amigas, en mis amigas con hijos ¿qué no harían ellas por protegerles? La respuesta es clara, harían todo lo posible para alejarles de la violencia.

Si la sociedad se echa las manos a la cabeza porque haya menores atravesando horrores de guerra, ¿por qué no se escandaliza igual cuando son expuestos a maltrato diario en sus hogares? ¿por qué no existe aún conciencia sobre esto? La guerra más dura, cruel y devastadora para las mujeres se libra a menudo de puertas para dentro, ignorarla no hace más que reforzarla.

No es justo que nos obliguen a vivir con miedo, o que el precio que tengamos que pagar por salvar a nuestros hijos del maltrato sea nuestra propia libertad

Mientras, las instituciones nos piden que al primer signo de maltrato llamemos al 016, y yo me pregunto ¿para qué? Una vez más nos cargan la responsabilidad del maltratador a nuestros hombros, en lugar de interpelarle a él.

Si la justicia de verdad nos protegiese y velase por nuestra seguridad, Juana Rivas no hubiese tenido que esconderse, no hubiese tenido que huir. Tampoco habría recibido esta sentencia.

El argumento del maltrato no se puede explotar, simplemente es. Es motivo suficiente para entender que nadie tiene derecho a abusar y maltratar a una persona por su género. Mucho menos a poner en riesgo la seguridad de menores al convivir con ese tipo de adulto.

Está claro, ante jueces machistas necesitamos justicia feminista, esa que se pone en marcha por medio de la sororidad, la misma que permitió que Juana se escondiese e hizo que dijésemos: “Juana está en mi casa”.

Ahora ese sentimiento de justicia me impide decir otra cosa que no sea “Corre Juana, corre”, y corre lejos.

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