Algunos hombres buenos

Algunos hombres buenos

 

Cuando comenzaron a contabilizarse las cifras de mujeres asesinadas dentro de la pareja, de mujeres maltratadas que llegaban con numerosas heridas a los hospitales,  cuando el parlamento comenzó a concienciarse de la gravedad del problema y en las calles de las ciudades se oyeron las primeras voces de indignación, me asombré  cuando, tras las iniciativas y manifestaciones contra estos hechos, solo veía mujeres. ¿Dónde estaban los hombres?

 ¿Dónde estaban y están los hombres que aman a las mujeres? Aquellos que aman a sus hijas y a sus parejas, aquellos que se asombran ante las actitudes de otros hombres e incluso aquellos que en actitudes privadas han llegado a enfrentarse a ellos. Porque yo, los he conocido y no a uno, a unos cuantos. He conocido a hombres que han intermediado en una agresión de su amigo hacia su mujer, que se han metido en medio aun siendo bastante más pequeños y con menor fuerza. He conocido a hombres que se han levantado de la mesa para no seguir sentados con otro hombre, cuya mujer nos acababa de enseñar las heridas de su última agresión. He conocido a hombres que han sujetado el brazo de otro y enfrentándose han dicho muy claramente, la tan manida frase de “A las mujeres no se les pega”.

He conocido a hombres cuyo primer impacto profesional como forenses, fue la agresión a una mujer y se han especializado, mucho antes de que existiera, en Violencia de género. He conocido a hombres dejándose la piel, y poniéndose en peligro profesionalmente, por salvar a una prostituta de las manos de sus proxenetas. Y he conocido a hombres, a muchos, que jamás han pegado ni agredido a sus mujeres. Y no les estoy hablando de ahora, que la sociedad comienza a concienciarse, les estoy hablando de una etapa previa a la Ley de Violencia de Género, de cuando estas actitudes partían de un íntimo convencimiento personal, de una manera de ir por la vida.

No creo, que yo haya tenido la suerte de conocerlos a todos, por tanto mi deducción lógica, es que hay muchos. Pero ¿Dónde están? Será que les resulta más fácil enfrentarse a un solo hombre, que a todas “las manadas”. Será que a esos nadie les escucha. Será que han sido engañados por aquellos que quieren seguir haciendo de la mujer un objeto manipulable a su antojo. Será que temen al feminismo, bajo la vertiente manipuladora e incierta, de supremacistas odiadoras de hombres.

Será que no nos escuchan, ni nos leen y prefieren vivir en la ignorancia, para no enfrentarse.

Desde el feminismo, de la que no me considero portavoza, pero si miembra, les voy a decir varias cosas. Vengan en nuestra ayuda, porque les necesitamos. No permanezcan callados porque los tiempos del silencio se han acabado. Y háganlo rápido, antes de que su silencio consiga, que nos vuelvan a impedir hablar, a ustedes y a nosotras.

necesitamos que hablen, en público, en privado, que escriban, que se manifiesten.

El feminismo es la voz de la igualdad,  que aprieta a una sociedad en que los puestos de poder en todos los órdenes, están y siempre han estado, copados por los hombres, e impiden que se escuche la voz de las mujeres. Que permite con ello, que muchas mujeres se encuentren en manos del verdugo que por desgracia la vida les ha traído, en vez de con un compañero, para ayudarse mutuamente a andar el camino. El feminismo es la voz de la mujer que ha salido de la ignorancia en que la han tenido sumida durante siglos. Y se ha dado cuenta, que ella vale tanto como cualquier hombre, y se merece lo mismo, y reclama su cuota, su espacio como  52% de la población. El feminismo surge ahora en masa, porque las mujeres han tenido acceso en masa a las universidades. Y se han encontrado con todas las piedras del camino en la vida laboral. Y se han dado cuenta, que por mucho que las leyes aparentasen que eran iguales, no se las trata por igual. No tenían las mismas oportunidades y llevaban doble carga laboral.

No, el feminismo no odia a los hombres como género masculino, odia a aquellos hombres que se han aprovechado y se aprovechan de las situaciones de debilidad y vulnerabilidad en que en muchas ocasiones, y debido al papel que nos ha adjudicado esta sociedad injusta históricamente, nos encontramos las mujeres.

Por tanto, necesitamos a los hombres, para que ellos nos ayuden a marcarle los límites a sus congéneres. Y necesitamos que hablen, en público, en privado, que escriban, que se manifiesten. Que  enfoquen sus trabajos,  y sus decisiones en los mismos,  desde la perspectiva de género. Y que no teman, porque ese camino les llevará hasta nosotras, hacia sus compañeras de vida.

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