La fotografía de la mujer indígena hecha por ella misma

La fotografía de la mujer indígena hecha por ella misma

 

Agricultoras, recolectoras o empresarias, las indígenas pueden ser eso y mucho más si tienen la oportunidad de demostrar lo que valen, una imagen que en Latinoamérica están intentando proyectar por sí mismas desprendiéndose de clichés.

La guatemalteca Alicia MucúChoc, del pueblo maya q’eqchi’, decidió tomar su cámara y captar a una comadrona atravesando un río para llegar a la parcela donde también cultiva plantas nativas.

GRAF6540. ROMA, 24/06/2018.- Fotografía facilitada por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Agencia de Noticias de Mujeres Indígenas y Afrodescendientes (Notimia) y el Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI), que eligieron ésta junto a otras elaboradas por mujeres indígenas latinoamericanas en un concurso reciente. Una mujer del pueblo Maya Q’eqch’i, comadrona comunitaria, atraviesa un río en su recorrido diario para llegar a sus cultivos en el departamento de Alta Verapaz, en el centro de Guatemala. La autora es la guatemalteca Alicia MucúChoc. EFE/Alicia MucúChoc

Su fotografía, premiada en un reciente concurso convocado por la ONU y otras organizaciones, «refleja la relación entre las mujeres y la naturaleza», pues «aparte de cuidar a los hijos, deben trabajar la tierra», comenta a Efe en conversación telefónica.

«Esta sociedad machista nos ha excluido y los medios de comunicación no nos tienen en cuenta», lamenta esta aficionada al mundo audiovisual que, además, estudia para ser profesora y apoya a niñas y niños en cuestiones de salud sexual.

Vive en el departamento septentrional de Alta Verapaz, al igual que Berinda Herrera, de la asociación local de emprendedoras, que participó en el concurso con la foto de una mujer sujetando unas plantas mientras germinan.
Su organización ofrece talleres de huertos familiares para que las indígenas aprendan a generar ingresos pese a la discriminación, las menores oportunidades de trabajo y el limitado acceso a la educación y la información que arrastran.
«Trabajamos mucho la autoestima. Llegamos a pensar que no valemos nada por el machismo», dice Herrera, que recuerda que allí existen muchos casos de embarazos adolescentes y violencia contra las mujeres.

Según Eliseete Ramírez, del pueblo pjiekakjoo, uno de los más pequeños de México y en riesgo de extinción, hace falta revalorizar el trabajo en el campo y apoyar a los indígenas para que mejoren sus productos en el mercado.

Detrás de su fotografía de una mujer portando un cesto de hongos se halla un rico conocimiento que permite a las integrantes de su comunidad reconocer y recoger unas 160 especies silvestres comestibles, básicas para su alimentación.

Entre las variadas oportunidades de negocio, la mexicana Dalí Nolasco quiso mostrar con la cámara el secado de chiles, fruto picante con el que elabora salsas junto a otras doce socias.

Fotografía facilitada por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Agencia de Noticias de Mujeres Indígenas y Afrodescendientes (Notimia) y el Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI), que eligieron ésta junto a otras elaboradas por mujeres indígenas latinoamericanas en un concurso reciente. Mujeres de la comunidad Nahua dejan secar al sol chiles en la localidad de Tlaola, en el centro de México. La autora es la mexicana Dalí Nolasco. EFE/Dalí Nolasco

«Es complicado creerte una empresaria», afirma Nolasco, sobre todo cuando las indígenas acumulan obstáculos como el no poder heredar tierras o carecer de avales para créditos.

Reivindica que «a través de los emprendimientos luchan por sus derechos», por lo que pide que no se dé una imagen de ellas de «pobrecitas», sino con capacidad intelectual para innovar.

Lo mismo opina Olga Montúfar, que como Nolasco pertenece al pueblo nahua y que reclama eliminar las barreras para que las indígenas con discapacidad como ella, en silla de ruedas, puedan «entrar en el mundo».
«Las instituciones no nos consideran competitivas, pero podemos contribuir con nuestras capacidades», afirma Montúfar, quien rara vez sale de su comunidad en el bosque, a tres horas en transporte de la ciudad más cercana en el Estado de Hidalgo.

Al menos logra conectarse a internet, puerto de entrada a las redes sociales que muchas indígenas utilizan para comunicarse con otras en toda Latinoamérica.
Para dar visibilidad a su situación, el año pasado se fundó la agencia de noticias de mujeres indígenas y afrodescendientes Notimia, que opta por una cobertura diversa y basada en la agenda política de los pueblos indígenas latinoamericanos, tratando de ofrecerla también en sus lenguas nativas.
«Nos interesa lo que hacen las mujeres indígenas en el mundo» frente a los estereotipos que sigue habiendo, apunta su coordinadora, Guadalupe Martínez, sobre esta iniciativa todavía en ciernes.

A nivel global hay unos 185 millones de mujeres indígenas, cuya contribución a la alimentación, los conocimientos ancestrales y el desarrollo de sus pueblos no siempre se reconoce.

El experto de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) Yon Fernández de Larrinoa subraya que «no hay suficientes datos para incorporarlas como sujetos de derechos en políticas nacionales» como las de protección social.
Y en países que se proponen incluirlas, echa en falta el componente de interculturalidad, esto es, que «las mujeres indígenas digan cómo quieren que sus necesidades sean atendidas».

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