Una lumbrera de Oxford nos explica por qué nos violan

Una lumbrera de Oxford nos explica por qué nos violan

Un señor (cuesta llamarlo señor) nos explica por qué nos violan (Por qué los hombres violamos 

Asombran sus niveles de pensamiento, de análisis, de conocimientos, coherencia (todos bajo cero). Dice que ha hecho un doctorado en Oxford (y no tengo por qué pensar que su doctorado es como el master de Cifuentes). Pero también cabe la posibilidad de que su doctorado fuera de este tipo: Análisis del traductoma en etapas tempranas de la simbiosis fijadora de nitrógeno entre Medicago truncatula y Sinorhizobium meliloti.

No digo que el asunto de traductoma sea ininteresante, pero si te dedicas al Medicago truncatula y al Sinorhizobium meliloti, desdeñando los demás saberes, seguro que terminas siendo un burro de espanto. Y, en cualquier caso, de feminismo no ha leído nada (ni falta que le hace, piensa él).

Veamos su primer argumentazo: “la testosterona, que dificulta nuestro autocontrol”. Como lo oís… Ya puestos podía haber dicho que el pecado original los arrastra al fango. Lo del pecado original queda mucho mejor y nadie se lo va a rebatir porque es asunto de fe, mientras que ligar testosterona y violencia ya se sabe que es un bulo. Además, semejante argumento puede volverse contra ellos. Imaginad un mundo en el que las malvadas feminazis tengan el poder: obligaríamos a todos los hombres a pasar test de testosterona y al que diera unos indicadores muy elevados, lo meteríamos en un asilo, o en un parque temático de donde no pudiera salir, porque, si no puede controlarse ¿cómo lo vamos a dejar andar suelto?… “Señor mío, usted tiene la testoterona desmelenada. Lo ingresamos en un lugar debidamente acotado donde no le faltará de nada (comida, bebida, espacios para el esparcimiento, pelotas de todos los tamaños para que juegue, etc.) pero, eso sí, donde solo estará rodeado de otros seres con similares niveles de testosterona. Y ustedes ya se apañan unos con otros… a ver qué testosterona puede más”.

Segundo argumentazo: “nuestra sensibilidad” (lo pongo entre comillas porque es literal, sí, su sensibilidad) empuja a violar. Son muy sensibles y sufren mucho: “el éxito profesional o social de nuestras parejas afecta negativamente a nuestra autoestima”. O sea, están dispuestos a lamerle lo que haga falta al jefe pero eso no hiere su autoestima. Están dispuestos a gritar “¡Señor, sí señor!” ante un sargento cualquiera porque eso no hiere su autoestima, pero que una mujer tenga éxito profesional o social, eso no lo soportan. Así es que van y la violan. No sabía yo que los violadores andaban pidiendo títulos y datos profesionales a las mujeres antes de violarlas “!Ah! ¿Usted solo tiene la EGB? Entonces no la violo porque yo soy licenciado”. ¿Y los de la manada? ¿pensarían que esa criatura de 18 años tenía tres carreras o era una ejecutiva del altos vuelos? ¿o es que ellos son ultrasuperhiper sensibles y con que una mujer tenga el graduado escolar ya se ven obligados a violarla? Es más: Los que violan niñas ¿lo hacen de manera preventiva porque saben que el día de mañana se convertirán en mujeres de gran éxito profesional y social?

Tercer argumentazo: “Los hombres somos más impresionables por el entorno. Y dos cambios sociales han contribuido a que nos mostremos particularmente agresivos con las mujeres. El primero es intuitivo. La revolución tecnológica ha dejado en la cuneta de la economía a millones de hombres con estudios bajos”. O sea, la dureza de la economía, unida a la extrema sensibilidad y fragilidad de la psique masculina los impulsa fatalmente a la violación. Lo que no entiendo es por qué en vez de violar mujeres que quizá, a su vez, lleguen difícilmente a final de mes, no violan a los capitostes del Ibex 35 o a los ministros de economía de la UE… Ni explica esta lumbrera de Oxford por qué hombres con estudios y empleo también violan. Violan y asesinan. Verbi gratia: Diego Yllanez Viscay, médico, violador y asesino de Nagore Laffage.

El último argumentazo es ya de infarto: “El segundo cambio es contraintuitivo. La revolución feminista ha llenado de mujeres las aulas y los lugares de trabajo. En pocas décadas, hemos pasado de un monopolio masculino del espacio público a la paridad, o incluso superioridad femenina, en algunos ámbitos. Y, como advierten los antropólogos, las ratios entre hombres y mujeres determinan las actitudes sexuales de los primeros. Ya sea en la selva amazónica o en las universidades americanas, si los hombres son mayoría, invierten esfuerzos en construir relaciones saludables con las mujeres. Si son minoría, prefieren el sexo esporádico y se vuelven más violentos”.

¡Ah! Por eso nos matan: por nuestro bien, para que no seamos mayoría y así poder tratar divinamente a las que queden con vida.

Aunque, por supuesto, ningún antropólogo del mundo mundial sostiene semejante delirio. Y, por supuesto, en India donde faltan 63 millones de mujeres (faltan porque se practican masivamente abortos selectivo de fetos femeninos) no parece que cuiden más de las que quedan vivas sino que, por el contrario, las violan, las explotan y las asesinan con gran saña.

Y la lumbrera de Oxford termina diciendo: “El patriarcado es también terrible para la salud de los hombres”. En llegando aquí, yo lloro. Directamente, lloro.

Ahora bien, lo que me parece más extraordinario es que este tipo publique en El País. Que sí, que es muy derechoso, ya lo sabemos,  pero de ahí a jalear tales delirios…

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