Una integrante de Fademur consigue la única certificación ecológica de Madrid para sus huevos

Una integrante de Fademur consigue la única certificación ecológica de Madrid para sus huevos

 

Gloria Bermejo, de Biogranja Las Nieves, reconoce que «los ganaderos se autoesclavizan», por lo que la ayuda de Fademur es vital para suavizar su carga

La ganadera y agricultora Gloria Bermejo, miembro de Fademur, ha conseguido la única certificación ecológica de huevos de Madrid.

Este certificado prueba que su granja Biogranja Las Nieves cumple con duros requisitos, pero también que Gloria tiene tesón: el proceso para obtenerla ha durado tres años. Sin embargo, Bermejo ha explicado que para ella la certificación era secundaria, «nosotros vamos más allá y lo que me enorgullece al final es ver a mis gallinas felices, volando, y que mis consumidores lo saben».

A Gloria Bermejo López, el destino no la había marcado ser ganadera, pero se ha convertido en avicultora y, recientemente, en productora de los únicos huevos de Madrid con certificación ecológica. Después de ocho años viviendo en Londres, uno de mochilera y otro como cooperante internacional en El Salvador, Gloria decidió volver a España «por la familia», y lo hizo a su Perales de Tajuña natal.

Allí fue la sombra de su padre, moviéndose entre los olivos de la familia, hasta que llegó el momento en el que este decidió cederle el relevo. Gloria se puso entonces al frente de la explotación de olivos y se dio cuenta de que una zona de los mismos, que está situada en pendiente y llevaba 40 años sin labrarse, era irrecuperable.

Pensando qué podía hacer para darle un nuevo uso, se les ocurrió montar una granja para producir huevos ecológicos aprovechando que su pareja tenía experiencia en este sector.
Tres años después, ha conseguido la certificación ecológica para sus huevos, los únicos con este sello en toda la Comunidad de Madrid. El camino no solo ha sido largo, sino también difícil. Gloria reconoce que otros lo intentaron antes, pero la burocracia les hizo desistir. «En el Comité de Agricultura Ecológica de la Comunidad de Madrid (CAEM) me dijeron que tan solo hubo otra granja en la Comunidad que consiguió la certificación antes, hace entre 20 y 25 años, pero ya no existe».

Al preguntarle por las diferencias entre su granja y las industriales, Gloria habla sin parar: Sus gallinas tienen una superficie exterior de 8 metros cuadrados por animal, además de un espacio interior también muy grande. «En mi explotación, por ejemplo, tengo 250 gallinas y esta semana me van a llegar otras 250. Por tanto, tendré 500 gallinas en un espacio en el que una ganadería industrial metería unas 4.000 aproximadamente», dice. «Mis gallinas entran y salen cuando quieren, la gente se sorprende mucho cuando las ve volar», ríe.

Además de la calidad de vida de las gallinas, su producto también se diferencia por estar libre de antibióticos y de piensos transgénicos, ya que toda la alimentación que consumen sus animales también tiene certificado ecológico. Todo esto se traduce en gallinas más relajadas y huevos con más nutrientes.

Gloria reconoce que está orgullosa por haber obtenido la certificación, pero explica que ella va más allá y define su producto como agroecológico. «Existen productos ecológicos industriales, que están muy bien y cumplen con las reglas que se exigen, pero los productores agroecológicos como nosotros vamos más allá de estas reglas. Para mí la certificación es secundaria», explica.
Y es que, como ella dice, no tiene sentido que un producto ecológico sea vendido a cientos o miles de kilómetros, con la huella de carbono que implica su transporte. Por eso Biogranja Las Nieves vende solo en Madrid y «no venderemos fuera por convicción».

Un punto fundamental que diferencia el producto ecológico del agroecológico es que esa cercanía establece una relación de confianza entre el consumidor y el productor. Ésta es imprescindible, además, para que los consumidores reconozcan el producto porque no existen, en general sellos o certificados para diferenciarlos. Gloria explica que en algunas regiones, como Cataluña, los ganaderos agroecológicos han sacado adelante una certificación participativa, pero en la Comunidad de Madrid todavía están trabajando para ponerla en marcha. El proceso es lento porque, como bromea Gloria, «los ganaderos estamos autoesclavizados, tenemos que atender tantísimas tareas que no nos da el tiempo para todo», asegura, «por la ayuda de Fademur nos facilita tanto la vida».

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