Hombres “primarios” y nosotras detrás

Hombres “primarios” y nosotras detrás

La fotografía de Pablo Iglesias abrazado a Iñigo Errejón y a Ramón Espinar es demoledora para Podemos por varias razones. Una porque supone evidenciar una falta de democracia participativa partidaria, dando por finalizadas las primarias en Madrid para elegir candidatos o candidatas ante las próximas elecciones municipales y autonómicas. Por otro lado, por ser un ejemplo de “uso y disfrute” del poder político por parte de los hombres siguiendo las peores costumbres y formas a que nos tienen acostumbrados quienes históricamente han manejado las decisiones políticas en los partidos políticos.

Todo lo anterior con el agravante de tener detrás de ellos un frontis con la palabra “Nosotras”. Quiero pensar que ninguna mente experta en comunicación llegara a percatarse de ello y pensara que, lejos de generar un mayor agravio para las mujeres políticas de Podemos, el fondo para la escenificación de los tres “primarios”, fuera idóneo para que no se notara tanto que lo que ayer se evidenció era el resultado de acuerdos entre pares, de reuniones entre bambalinas para repartir el poder entre ellos y para ellos, como ha ocurrido en la historia de la humanidad y que desgraciadamente sigue ocurriendo dentro de los partidos políticos, de todos.

El derecho a la participación política de las mujeres, a pesar de que hemos avanzado, sigue siendo limitado y existe una desigualdad en el acceso a ella en relación con los hombres,

En este caso existe un plus, el que da ser o decir que se es feminista, que se lleve como “marca” romper con las formas tradicionales de hacer política o reivindicar incansablemente mayor democracia participativa al resto de los partidos políticos y cercenar el derecho de sus inscritos e inscritas a presentarse a unas primarias o a votar en ellas. Lamentablemente, a pesar de que en los últimos meses estamos viviendo una revolución dentro de la lucha feminista la realidad vuelve a ser tozuda y nos da toques para que no creamos que todo está cambiando realmente.

El derecho a la participación política de las mujeres, a pesar de que hemos avanzado, sigue siendo limitado y existe una desigualdad en el acceso a ella en relación con los hombres, más aún en el ejercicio de esta, sobretodo dentro de las organizaciones partidarias, se nos sigue relegando a una posición secundaria a la hora de tomar decisiones importantes “estamos pero no contamos”. Por otro lado, el patriarcado saca sus fauces y ataca a sus enemigas, las mujeres que han osado dar un paso adelante y ejercer la política, hasta el punto de que se tenga que hablar de una nueva forma de violencia de género, la que se ejerce contra las mujeres políticas, que se presenta con diferentes formas, más o menos sutiles pero que su finalidad es intentar menoscabar, anular, impedir, obstaculizar o restringir sus derechos políticos, conculca el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia y el derecho a participar en los asuntos políticos y públicos en condiciones de igualdad con los hombres, tal y como recoge, ya en 2015, la Declaración sobre la Violencia y el Acoso Políticos contra las Mujeres que tuvo lugar en la VI Conferencia de Estados Parte de la Convención de Belém do Pará en Lima.

El derecho humano a participar en política en igualdad con los hombres y libres de violencias, debe primar en la agenda política de las mujeres que ostentan cargos públicos y/o orgánicos en los partidos, desgraciadamente aunque muchos hombres nos acompañan en esta lucha son todavía muy graves las aptitudes y comportamientos que replican la historia del poder político como una cosa de ellos. Obstáculos para llegar y malabares para mantenernos y estar realmente empoderadas, frente a ello urge que apostemos por la “sororidad interpartidaria”, debemos unirnos frente a quienes nos relegan a la parte de atrás y denunciar estas formas de violencia silenciosa y silenciada.

CATEGORÍAS
Comparte