Cindy Sherman, la fotógrafa que rompe con el modelo tradicional del autorretrato

Cindy Sherman, la fotógrafa que rompe con el modelo tradicional del autorretrato

Cynthia Morris Sherman nació en New Jersey (Estados Unidos) en 1954 pero creció en Glen Ridge, un suburbio de Nueva York y más tarde en Long Island. Interesada por la pintura comenzó sus estudios en la Universidad de Buffalo, pero según ella misma afirmó en sus estudios estaba meticulosamente copiando otro arte, por lo que decidió que sólo usando la cámara fotográfica podría desarrollar sus ideas. Autoconvencida de que nunca triunfaría como pintora, encaminó sus formación hacía las técnicas de la instantánea.

En 1976 decidió mudarse a Nueva York y se instaló en Fulton Street (Manhattan) un confortable loft que le sirvió de estudio y vivienda durante mucho tiempo. Comenzó su producción fotográfica con una serie de autorretratos conceptuales​ en los que escenificó situaciones con vestuario y utilería especialmente preparado para dar a las fotografías la apariencia de un fotograma cinematográfico, utilizó la estética y planos propios del Cine Negro pero cargados de humor e ironía. Son sus famosas “Film Stills” (Fotos Fijas) ambientadas en los años cuarenta, cincuenta y sesenta. En ellas aparece ella misma adoptando diferentes roles tradicionalmente asignados a mujeres como ama de casa, prostituta, secretaria, actriz o bailarina; se autorretrató creando infinidad de personajes.

Con la misma ironía que en los autorretratos del primer proyecto y una dosis de provocación mal contenida, realizó sus homenajes femeninos de la Historia del Arte; una serie de retratos en los que se representó como los personajes de las obras de arte, así la Fornarina de Rafael o la Judith de Botticelli, pero lejos de representarlas como aquéllas, las transforma completamente, reproduciéndolas desnudas o embarazadas y situadas siempre en entornos provocativos.

Sin Título. Serie Film Still Nº 13. (1978) MoMA

Siguió trabajando sobre el mundo femenino en las fotografías que realizó a finales de la década de los ochenta, proliferan en ella las comidas que se pudren, penes de plástico rociados de ketchup e incluso mezclas provocadoramente repugnantes. Plasma lo feo en el arte como elemento de expresión y como símbolo.

En la misma línea se sitúa sus series conocidas como “Sex Pictures” muñecas sexuales desmembradas, sexo con armas, sexo con máscaras terroríficas… Sherman insiste en la crítica al papel de la mujer en la sociedad actual, pero no es ajena tampoco a la crítica social más amplia: las tiranías de la publicidad, la moda o los medios de comunicación, tratando igualmente temas relacionados con la violencia, la política o la sexualidad, utilizando imágenes relacionadas de los medios de comunicación más directas y fáciles de entender.

Mujer activa en redes sociales, se ha hecho eco de lo que el mundo ha descubierto con el nombre de “selfies” y que desde décadas ella ya estaba trabando. Ahora sus autorretratos pueden verse en Instagram. Explica que usa la aplicación FaceTune para deformar o exagerar sus rasgos y Perfect365 que simula el uso del maquillaje. Pero su objetivo no es embellecer su imagen: el resultado es cada vez más histriónico y exagerado, entre la distorsión, la monstruosidad, la exageración y lo onírico. Es fácil ver en ellas un comentario despiadado sobre la era de obsesión con el propio Yo en las redes sociales y las plataformas móviles como altavoz poderoso. También abre una discusión sobre la forma en la que se muestra el arte, sobre el papel de las galerías y museos, sobre la incipiente capacidad de los artistas de crear otros canales para su obra.

Sin título Nº 228 (1990). Serie History Portraits. MoMA

Sherman no ha aclarado si el proyecto se quedará en Instagram o saltará a las paredes de una galería “Soy buena usando mi cara como lienzo” dijo en el 2011 en una entrevista a The Guardian.

El éxito de la artista norteamérica estriba en la constante y provocadora exploración que ha llevado a cabo en torno a su propia identidad y a la naturaleza múltiple de las imágenes contemporáneas, procedentes de la televisión, el cine, las revistas, la historia del arte y de Internet, porque el artificio y la ficción, el cine y la performance; el horror y lo grotesco, los mitos, los carnavales, los cuentos de hadas, los conflictos de género y la identidad de clase son ejes de estudio constantes en su producción.

Sherman ha conseguido romper con el modelo tradicional del autorretrato, porque trascienden al sujeto, convirtiéndolos en pretextos con los que representar estados de ánimo o emociones, pero todas con un marcado carácter surrealista, cabe destacar que dejando sus obras sin título, la artista prescinde del lenguaje descriptivo, confiando en la capacidad del espectador para desarrollar narrativas que ayuden a apreciar su trabajo.

 

 

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