Barbara Bush y el Aborto

Barbara Bush y el Aborto

La semana pasada murió Barbara Bush, madre y esposa de presidentes estadounidenses (Bush padre e hijo, 1989 y 2001, respectivamente) y gran matriarca del clan Bush.

Muchos ríos de tinta están corriendo estos días recordándola; una mujer a la vieja usanza que se enamoró con 16 años de George HW Bush y abandonó sus estudios para poder contraer matrimonio con él a los 20. “Mujeres como ellas no se hacen ya”, dicen los nostálgicos, destacando su dedicación a su “precioso George”, su familia y las causas que defendió como primera dama, siempre en segunda fila, como tiene que ser.

Escribo estas líneas precisamente en los momentos en que se celebra su funeral, en Houston, Texas (EEUU). Dejando de lado por un momento el hecho de que su marido y especialmente su hijo tienen las manos manchadas de sangre, quiero recordar una historia que salió en los medios allá por 2010.

Bush (hijo) escribió en su biografía, que siendo él adolescente, su madre sufrió un aborto espontáneo. En aquel momento, en su casa la única persona que podía llevar a Barbara al hospital era él, así que tuvo que hacerlo, acompañados madre e hijo del feto en un frasco. El médico debía constatar el estado de la mujer y examinarla para asegurarse de que todos restos hubieran sido expulsados. Y también observar si el aborto había sido realmente instantáneo o provocado.

Este último detalle es muy importante, ya que en aquella época (Bush (hijo) nació en 1946 así que calculo que estamos hablando de principios de los años 60) el aborto era ilegal en Estados Unidos. La lucha para que fuera legal ocurrió en 1973 y en Texas, precisamente el lugar de esta historia. En esos momentos existían movimientos sociales que luchaban para ayudar a las mujeres a conseguir abortos clandestinos y seguros (como la organización “Jane” en Chicago) y grupos pro-derechos de mujeres estaban perfilando su discurso y estrategia para poder, de una vez, conseguir el aborto seguro y legal.

Pero a principios de los años 60, todavía era pronto, y aún se exigía a la clase médica que denunciara si una paciente había sufrido un aborto “terapéutico”, o arriesgarse a perder su licencia de ejercer. Aunque las mujeres en realidad rara vez acabaron en la cárcel por abortar (al contrario que hoy), y la ley en realidad perseguía a quienes administraban los abortos, había mucho de vergüenza y rechazo, de estigma social hacia aquellas que abortaban.

George Bush (hijo), explicó en su momento que el impacto de llevar a su madre al hospital y ver el feto en un frasco lo habían convertido en pro-vida.

Esta historia sirve para ilustrar la complicidad entre hombres a expensas de los derechos de las mujeres: Como testigo de primera fila de un episodio con secuelas que hubieran podido ser negativas para su madre (si no hubiera abortado instantáneamente) es descorazonador ver hasta que punto los hombres prefieren aliarse con el poder patriarcal aunque las consecuencias sean nefastas para las mujeres que supuestamente quieren. Y por expansión, como esa alianza acaba castigando a todas las mujeres. En efecto, una vez convertido en presidente, Bush sacó una ley para criminalizar los abortos en el tercer trimestre y lanzó iniciativas fomentando la abstinencia sexual y hasta declaró un día para la “santidad de la vida”. Por no hablar de los dos jueces supremos a los que nominó, y que son como él, del comando pro-feto.

Se ha rumoreado durante años que Barbara Bush, era, de hecho, pro-aborto. Ella, conocida por su lengua un poco viperina, se negó a hablarlo en público, pero sí reconoció que tenía opiniones diferentes de las de su marido y hasta allí llegó.

Años más tarde su nuera Laura Bush comentó, cuando ya había dejado atrás sus años en la Casa Blanca, (y realmente ya no importaba) que ella era pro-aborto. La hija de ésta, llamada igual que su abuela, Barbara, recientemente ha servido de portavoz de la organización Planned Parenthood, la cual provee atención médica a mujeres (y algunos hombres) con problemas de índole sexual, y también ofrece abortos.

Los tiempos son distintos y aunque es posible que los nostálgicos tengan razón y las mujeres como Barbara Bush ya no existan, eso es bueno. Mientras tanto, la lucha a ambos lados del aborto continúa.

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