Abril, lesbianas mil

Abril, lesbianas mil

Abril es el mes de la Visibilidad Lésbica y hoy, 26 de abril, el Día Internacional de las mujeres lesbianas, me gustaría reivindicar desde aquí la lucha que durante años hemos venido haciendo esta comunidad activista desde colectivos, páginas webs, blogs y asociaciones en este sector.

Como mujeres lesbianas estamos condenadas a una invisibilidad doble: por mujeres y por lesbianas. E incluso dentro del mismo colectivo, la L se diluye entre las letras LGBTI a pesar del primer puesto que ocupa. Somos doblemente invisibles, hasta tal punto que apenas existen datos e información sobre nosotras de manera específica. De ahí que el pasado año 2017, mi compañera Marta Fernández Herraiz (de LesWorking ) y yo nos decidiésemos a lanzar una encuesta en las redes que llevaba por título “¿Cómo somos las mujeres lesbianas?”.

El resultado fue determinante y el éxito de participación que tuvimos (más de 5000 respuestas en dos semanas en el estudio dirigido a hispanohablantes y más de 1500 respuestas en el dirigido a francófonas) fue un dato en sí mismo: necesitamos que se hable de nosotras, que nos hagan caso, que nos escuchen; necesitamos saber más sobre nuestra propia identidad y sobre la pluralidad existente dentro del mismo colectivo.

En España hemos avanzado mucho en el ámbito legal, pero las mujeres lesbianas aún tenemos muchas asignaturas pendientes en la vida social y en nuestro día a día, como la ocupación de las calles y de los espacios públicos, o bien la integración en la educación y el reconocimiento en las distintas disciplinas del saber.

Si nuestra condición de mujeres nos hace permanecer ocultas, nuestra identidad lésbica nos relega a un doble olvido. Y quienes más me preocupan, como siempre, son las nuevas generaciones: mis alumnas.

Mi apuesta es siempre la misma: VI-SI-BI-LI-DAD. Tal y como dije en una ocasión , «Es completamente posible ser visible y feliz. Ese es el mensaje que a mí me hubiese gustado tener en mi adolescencia. Y ese es el que moralmente siento que he de transmitir a mi alumnado. Con el fin de que vivan su adolescencia con una mochila mucho más ligera que la mía, mucho más sana».

Es por ello que cada 26 de abril de cada año me limito a repetir alto y claro estas mismas palabras:
Cuando la visibilidad lésbica se cuele en todas las asignaturas de todos los niveles educativos (como es el caso, por ejemplo, de la heterosexualidad), ese día tal vez -sólo tal vez- me plantee descansar un poco del activismo.

Pero, mientras ese día no llegue;
mientras la gente siga girándose por la calle al verme de la mano con mi novia, a pesar del peligro que supone para sus cuellos esos movimientos bruscos que dan;
mientras me sigan diciendo que no hace falta pregonarlo (como si no me pregonaran la heterosexualidad cada día, todos los días, en todo aquello que escucho o leo);
mientras las lesbianas que son personajes famosas o públicas sigan sin hablar con naturalidad de su orientación (como lo hace, por ejemplo, el resto del mundo heterosexual); mientras todo siga presuponiéndose heterosexual a menos que alguien diga o demuestre lo contrario;
mientras sigan negándonos -con el tremendo dolor que ello implica- y nos sigan presentando como una amiga, arrojando sobre nosotras la losa de la vergüenza;
mientras haya países en donde nos metan en la cárcel por amar a otra mujer;
mientras haya lugares en este mundo en donde ser lesbiana suponga la condena a muerte; mientras a las personas les dé vergüenza que bese a mi pareja mujer en un espacio público; mientras mis alumnas lesbianas no puedan besarse en el instituto con su chica como lo hace, por ejemplo, la totalidad del alumnado heterosexual;
mientras, mientras, mientras…

Pues mientras, seguiré «molestando» y gritando que SOY LESBIANA, y seguiré siendo VISIBLE allí donde vaya, por quienes no pueden serlo y para quienes pueden y no se atreven.

¡FELIZ DÍA DE LA VISIBILIDAD LÉSBICA!

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