Nuestra hijas tendrán madres al fin

Nuestra hijas tendrán madres al fin

El movimiento #YoTeCreo y todos sus aledaños suponen una fuerte ruptura al respeto que las reglas patriarcales venían imponiendo a las mujeres. Igual el movimiento #MeToo y como cierre actual la huelga del 8 de marzo.

Las mujeres por siglos hemos sentido una terrible indefensión cuando hemos querido romper las cadenas de los mandatos patriarcales  y al hacerlo, a la que lo consiguió, el sistema la castigó con sus criticas más feroces y su menosprecio absoluto.

No hay que moverse en el tiempo, a día de hoy, muchas mujeres en el mundo no se separan porque eso las convertiría en parias, alejadas de sus hijas e  hijos y sin medios de sustento propio, debido a unas leyes de patria potestad que siguen excluyéndonos y a una idea de que nuestros desarrollo va con el otro y con la familia nominada por él.

Las mujeres han venido teniendo un papel claro que las suponía felices, sin preguntarle como se sentían, aunque luego  se la criticara de histéricas, maniáticas, dominantes, locas cuando  tenian comportamientos normales de un ser humano que quiere expresarse y que se rebela frente a una tutela no pedida y frente a la consecuencia de unos actos que le venían impuestos.

Phyllis Chesler  nos habla  de las mujeres como niñas sin madre, ya que la madre no podía dar a la hija sino la capitulación, la idea del límite que no debe trasponer, amenazada de exclusión y con el riesgo de no ser considerada mujer o femenina.

Nos explica Franca Ongaro: “La madre tiende a transmitir a su hija modos de supervivencia y no las herramientas para vivir; cuando más, llega a transferir su propia necesidad de liberación, pero la hija siente el impulso de “liberarse” de la prisión en la que su madre ha sido recluida y no a encontrar los medios personales para salir de su propia prisión.”

De ahí la soledad que suponía plantear la propia autonomía o una relación con el cuerpo distinta de la ya pre-impuesta

También escribe Franca:

“A las hijas se les dice casi como amenaza:

—Este es tu recinto, es mejor para ti respetar sus límites. Yo sé que no es muy agradable vivir aquí dentro, pero te conviene aceptarlo con paciencia porque te lo agradecerán y sacarás algunas ventajas.”

Mi abuela decía a mi madre:  “Hija, tienes que saberlo llevar “, “los hombre todos son así, ya se sabe” y la devolvía a su vida de sufrimiento, que a ella también le era cotidiana

Según Franca Ongaro: “Se ha hablado de las mujeres como niñas sin madre. (.) Este estado de orfandad significa que para muchas mujeres no hay posibilidad de regresión al seno materno por no haber una madre a la cual recurrir en busca de apoyo.”

Lo sabemos, muchas  de nuestras madres  tampoco han podido acudir a la suya en busca de ayuda, pues  las encontraban  igual  de tuteladas con criterios mediados por las enseñanzas patriarcales y sin, además, poder de decisión.

El patriarcado en sus múltiples formas de expresión, incluso dentro de nosotras mismas, esta al acecho, esgrimiendo todos sus poderes para impedir el cambio y acorralarnos en los cuerpos-para-otros cuyos trabajos no tienen valor  ni en su día tuvieron alma.

Nos jugamos mucho en esta huelga. No podemos fallar por nosotras, por nuestras hijas y nietas, por un mejor futuro que también beneficiará a nuestros hijos.

Nuestras hijas deben tener madres al fin que las apoyen y las entienden que no las limiten ni castren. El camino hacia la igualdad pasa por la Huelga del 8 de marzo en el que todas hermanadas en la sororidad nos apoyemos desde nuestra distintas posiciones vitales frente a esa diferencia que se ha convertido en desigualdad con el otro constructo social de género, que no vendría mal reconsiderase las cargas a las que su hombría les somete.

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