No soltemos nuestras manos

La Revolución Feminista es el camino para el gran tránsito civilizatorio pendiente. No habrá emancipación de la Humanidad sin la emancipación de las Mujeres. Esa es la auténtica revolución contra el capital, o lo que es lo mismo, contra la explotación, la expoliación y la violencia.

Nos toca completar la inconclusa tarea que la Revolución Francesa dejó pendiente: reescribir la Declaración de los Derechos del Hombre porque nació mutilada y toca ya en este momento histórico.

Estamos rompiendo el ya anacrónico e injusto Contrato Social. Recuperemos a las precursoras que  vindicaron nuestros derechos en aquel otro momento de cambio equiparable al que ahora estamos viviendo. Tres siglos después siguen vigentes las proclamas de Mary Wollstonecraft y Olympe de Gouges. Hoy en forma de Me too, Time’s up, y cientos de investigaciones y publicaciones en clave violeta, de movilizaciones y consignas que llegan a casi todas partes… por la otra revolución, la de las comunicaciones que forma parte de la revolución científico-tecnológica que es, en nuestros tiempos, el equivalente de la revolución industrial que precedió a la francesa.

Sin control de la natalidad y sin las nuevas tecnologías de la comunicación, entre otros cambios profundos, estaríamos en otro momento histórico. La Revolución Científica ha sido el paso previo para la Revolución Feminista que llega para quedarse y para dar un nuevo modelo de sociedad donde están los derechos, pero también las obligaciones, de una ciudadanía completa, sin semi-democracias, sin techos de cristal, pero también sin feminización de la pobreza, de la violencia y de la exclusión en todas sus formas.

Ser mujer no es un pasaporte para la bondad, ni para la perfección, ni para la inteligencia… qué tontería. Como tampoco lo es ser hombre. Al machi nazismo y a la misoginia lavacerebros no hay que darles eco, se pudren en sí mismas. Estamos ya en otra frase y creo que es positivo tenerlo en cuenta porque la contrarrevolución patriarcal no se va a andar por las ramas y vendrá con todas las armas, las imaginables y las inimaginables, entre otras cosas para distraernos de lo fundamental. Analicemos, si no, la importancia de la manifestación de cerca de 30.000 mujeres de todas las edades, muchas muy jóvenes, que tuvo lugar en Vigo el domingo 4 de marzo. Nos habla de un momento de inflexión que deberemos marcar en las páginas de Historia. La energía, el ambiente, la manera de reivindicar, el talante, la fuerza y a la vez la alegría, no son frecuentes en las manifestaciones políticas y esta lo es, porque demanda respuestas públicas y privadas. Ambas a la vez.

Ocurrió en Galicia, en España, en Europa. Que no nos la borren. Reivindiquémosla todas porque allí estábamos todas representadas. No por casualidad Galicia es la zona de Europa con mayor caída demográfica y menor índice de hijos por mujer. Ese es también un grito que clama en el silencio y que hay que saber leer. Es una forma de hacer huelga reproductiva que tiene una lectura social inédita pero imprescindible. Si dejamos de tener hijos, esto se acaba. Y no estamos dispuestas a ser máquinas reproductoras a cualquier precio. Si hacemos huelga en lo privado, el mundo que conocemos, tiene que cerrar.

Así que atención a los mensajes, no sólo a los de las pancartas, a las consignas y a las canciones que nos acompañan en nuestra lucha. Por la vía de los hechos las sociedades cambian y hay suficientes señales de que el cambio es imparable.

Y un último apunte por ahora: la Revolución Feminista es pacifista pero debe exigir que se reconozcan sus millones de víctimas mortales y morales. La intelectual viguesa María Xosé Queizán lo denomina holocausto femenino, donde las mujeres y niñas asesinadas y torturadas se cuentan por millones desde los inicios de los tiempos, pero no se computan como víctimas de una guerra tan antigua como la Humanidad. En esta lucha, las muertas son incontables, y habrá que reconocerlo. Y quien tenga que hacerlo, deberá disculparse, arrepentirse y tomarse en serio esta barbarie para sacarla de la normalidad con que está incorporada en el sistema.

Estamos en el camino y la sororidad es más necesaria que nunca. No soltemos nuestras manos.

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