La lucha obrera femenina en la Francia de la Primera Guerra Mundial

La lucha obrera femenina en la Francia de la Primera Guerra Mundial

Cuando nos acercamos al papel de la mujer en el esfuerzo económico en la Primera Guerra Mundial al incorporarse masivamente al mercado laboral, siempre se tiende a incidir más en las consecuencias que este hecho capital tuvo en la historia de la conquista del derecho al sufragio, además de generar una nueva forma de relacionarse ambos sexos en la sociedad occidental. Pero también es importante destacar que, a pesar de las restricciones propias de los tiempos de guerra, más evidentes entre los Imperios Centrales que entre las democracias de la Entente, esta incorporación puede ser contemplada como un capítulo fundamental en la historia del movimiento obrero femenino, precisamente por la importancia que la mujer adquirió en el trabajo.

En este breve trabajo nos queremos centrar en el caso francés a través de la movilización femenina en 1917. En Francia es importante destacar la labor el ministro socialista de armamentos, Albert Thomas, que creó un Comité de Trabajo Femenino encargado de proteger a las mujeres, estableciendo normas sobre el descanso, organizando guarderías, tiempos para que las madres pudieran amamantar. Se puede considerar que el propio hecho de necesitar a las mujeres, además de la peligrosidad en determinados trabajos como los relacionados con los explosivos, provocó que la enorme brecha entre los salarios de hombres y mujeres se redujera en relación con los tiempos previos a la contienda.

En 1915 el Gobierno francés sacó adelante una ley que establecía un salario mínimo para las trabajadoras del sector textil, y dos años después se estableció en ese sector la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Pero, es evidente que los problemas graves de carestía de 1917 provocaron que las mujeres se movilizaran.

En el año citado, tan importante en la historia del movimiento obrero mundial, se celebró en París el día 11 de febrero en la Sala Ferrer de la Bolsa de Trabajo un mitin organizado por el Comité Intersindical de Acción contra la Explotación de la Mujer en el que se estableció una serie de principios fundamentales en relación con el movimiento obrero protagonizado por mujeres, junto con un conjunto de reivindicaciones. En primer lugar, se consideró que el empleo de la mano de obra femenina, casi siempre desorganizada, generaba una bajada de salarios. En segundo lugar, se consideró que era fundamental velar porque se mantuviesen los salarios de antes de la guerra, pero sobre todo elevarlos ante el innegable aumento del coste de la vida que el conflicto había provocado. En tercer lugar, se proclamó un principio de solidaridad obrera: los que se habían quedado debían luchar para que los que regresasen del frente no encontrasen peores condiciones laborales que las que dejaron al marchar. En este sentido, se dejaba claro que el país tenía una deuda de gratitud con los que estaban haciendo la guerra. Otro de los principios que se establecieron se refiere a que el empleo de la mano de obra femenina en las fábricas se había realizado no de forma reglamentada provocando un derroche de fuerzas humanas. Por fin, se defendió la necesidad de la igualdad salarial.

Por todos estos principios, quienes allí reunieron, hombres y mujeres, se comprometieron a sostener la campaña emprendida por el Comité Intersindical en favor del fomento de la organización sindical de las mujeres, de la aplicación rigurosa de la Ley de 10 de julio de 1915 y de la aplicación del principio “a trabajo igual, salario igual”. También se pedía que ese principio, junto con el relacionado con el del salario mínimo, figurase en las cláusulas obreras en el próximo Tratado de Paz, como como convenciones internacionales. También se pedía que los poderes públicos tomasen todas las medidas necesarias para salvaguardar la salud de las trabajadoras, que representaban en ese momento la mayoría de la población activa francesa, y fundamental en el futuro. También se pedía la aprobación de leyes laborales por las nuevas necesidades. Muy importante fue la petición de jornadas de ocho horas con tres turnos en las fábricas, además de creación de comedores, cantinas, cooperativas, salas de descanso y para los niños.


Podemos consultar el trabajo de Graciela Padilla Castillo y Javier Rodríguez Torres, “La I Guerra Mundial en la retaguardia: la mujer protagonista”, en Historia y Comunicación Social. Vol. 18 (2013), pp. 191-206.

Una visión general también en, María Vidaurreta Campillo, “Guerra y condición femenina en la sociedad industrial” en REIS, 1/78, pp.65-104.

Además, debemos acudir al número 2.831 de El Socialista.

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