La resaca tras el 8M

La resaca tras el 8M

Parecía que estuviésemos acostumbradas a fracasar cuando pensábamos en una jornada a nivel estatal de huelga feminista. Muchas de mis compañeras y mujeres que conozco tenían la idea de que muchas mujeres harían huelga, que acudirían a la manifestación, pero ninguna de nosotras esperábamos del todo en esta oleada de mujeres.

Posiblemente esta actitud llega a razón de todas las manifestaciones y acciones que se llevan a cabo por parte del feminismo, y que constantemente se intentan presentar como hechos aislados que no tienen relevancia a nivel social porque “en este país ya hay igualdad”.

Sin embargo 5,3 millones de personas demostraron la jornada del 8 de marzo que no es así. Vivimos en un país que es hostil con las mujeres, que si lo es menos ahora que hace unos años, se debe única y exclusivamente a las mujeres que han luchado porque esa situación cambiase.

Un país hostil con machos violentos, porque según datos (en este caso recopilados por hacialahuelgafeminista.org) al menos 1000 mujeres han sido asesinadas por la violencia machista en los últimos catorce años. Porque anualmente se registran 40.000 denuncias por delitos relacionados con la violencia machista. Porque 120.600 mujeres son agredidas sexualmente cada año. 330 al día de media, y sólo se denuncian el 10% de las agresiones sexuales.

Un país que no mira igual el trabajo de las mujeres porque existe una brecha salarial calculada en un 24% que afecta a las mujeres respecto a los hombres. Porque el 84% de las personas en excedencia por el cuidado de los hijos e hijas son mujeres, y el 96% de las personas que eligen trabajar a jornada parcial por cuidados familiares son mujeres.

Asi que cuando la organización de esta huelga decía “Este no es país para mujeres” lo decía con mucha razón.

El 8 de marzo las mujeres hacíamos huelga por estas cuestiones, por las problemáticas que enfrentamos a diario por el hecho de ser mujeres y cómo ello nos condiciona para encontrarnos en una situación de desigualdad permanente. Las mujeres paramos a causa de un clima de indignación generalizado, tocadas por muchas violencias, que de una u otra forma nos afectan, en mayor o menor medida, pero que igualmente no deberían existir. Maltrato, abuso y acoso sexual, violencia económica, sexual, legal… Podríamos hacer una lista interminable de situaciones injustas contra las que hemos de luchar desde que nacemos hasta que morimos. Precarizadas siempre en comparación a los hombres.

Las manifestaciones que el gobierno no interpretaban como un problema o motivo de preocupación paralizaron ciudades enteras, desde las capitales a otras de menor tamaño. Las mujeres del país pararon, no fueron a trabajar, y la mayoría llevaron a cabo una huelga de consumo que también sirvió para advertir que si no consumimos el sistema se ve afectado. Aunque posiblemente, la huelga de cuidados fue una de las más complejas de llevar a cabo, especialmente por aquellas mujeres que tienen personas dependientes al cargo.

Tampoco se puede ignorar que esta jornada de huelga ha sido un triunfo a nivel organizativo, pues la coordinación por parte de los grupos al cargo ha sido excelente: puntos de cuidado para menores y personas dependientes, puntos donde poder comer y obtener agua, asi como cubrir necesidades básicas durante el día… Demasiadas cosas que muchos se empeñan en decir que no son posibles de llevar a cabo y que el feminismo ha demostrado que con menos recursos de lo habitual y suficiente voluntad, sí se logran.

Una vez más el feminismo demuestra, cosa que muchas otras corrientes políticas no han podido hacer con esta efectividad y contundencia. Basándose en la no-violencia, algo vital, y característico dentro de la historia de los cambios sociales a largo plazo.

A las mujeres siempre se nos exige demostrar para poder llegar a conseguir validación general sobre lo que reclamamos. Para demostrar incluso que es cierto. Tanto es así, que llevamos demostrándolo durante siglos, evidenciando que somos seres humanos de iguales capacidades, que merecemos el mismo reconocimiento social que los hombres, y que debemos tener iguales derechos y libertades.

No queremos ser iguales, pero necesitamos dejar de sobrevivir. Necesitamos poder vivir en paz, y eso ahora mismo, en cualquier parte del mundo, sigue siendo imposible para las mujeres.

En la manifestación del 8M en Madrid cuando dentro del bloque no mixto se encontraban hombres, se les pedía abandonar el espacio. Se les indicaba incorporarse al bloque mixto al final de la marcha. Pero no lo hacían. Las mujeres seguimos viendo que no nos reconocen como autoridad muchos si quiera dentro de nuestros propios espacios. Seguimos observando ejemplos de primera mano de cómo los hombres se siguen aprovechando de una supuesta alianza que sólo emplean para evitar confrontarse con la sociedad femenina, cada vez más concienciada y combativa.

Aún no podemos confiar del todo… Lo sentimos, aliados, amigos, compañeros, necesitáis seguir trabajando y dejar a un lado la idea de querer ser los coprotagonistas de este cambio. Porque es nuestro cambio y no el vuestro. En un sistema que os favorece, intentad escuchar y apoyar de la manera en que las que están oprimidas por éste, os lo pidan. Porque nosotras, mejor que nadie, sabemos qué necesitamos de vosotros, y desde dónde necesitamos que lo hagáis.

Si nos intentáis apoyar desde vuestras ideas y perspectivas masculinas, cuando nunca habéis experimentado discriminación o violencia por ser mujeres, siempre lo haréis contaminados por el patriarcado. Asi que mi único consejo es: escuchad activamente, y no nos intentéis dar lecciones sobre feminismo. Respetad nuestras decisiones y espacios.

Esta jornada de lucha ha hecho historia, no sólo por las cifras, sino por su importancia a nivel político. El 8M en España ha supuesto un salto cualitativo dentro del relato de las luchas sociales que se han llevado a cabo en la contemporaneidad. En términos de efectividad, no-violencia, y permeabilidad discursiva.

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