El movimiento #MeToo no despega en Tailandia ni otros países asiáticos

El movimiento #MeToo no despega en Tailandia ni otros países asiáticos

El movimiento #MeToo («yo también», en inglés) no termina de despegar en Tailandia ni otros países asiáticos donde la fuerte cultura patriarcal dificulta la tarea de las mujeres que deciden levantar la voz contra los abusos sexuales.

Thanarat Panya compaginaba los estudios de Derecho con el activismo prodemocrático en la Universidad de Thammasat, una de las más prestigiosas de Bangkok, cuando fue agredida sexualmente por otro estudiante veterano en marzo del año pasado.

Ambos pertenecían a la Liga Liberal de Thammasat por la Democracia (LLTD, por sus siglas en inglés), un grupo universitario que ha estado en la vanguardia del movimiento prodemocrático contra la junta militar tras el golpe de Estado de 2014.

Tras una noche en la que habían salido, Thanarat y otros universitarios terminaron durmiendo en un mismo cuarto, algo que es habitual entre amigos de la facultad, explica la víctima en una entrevista con Efe.

El estudiante veterano la agredió sexualmente, sin que ella supiera cómo pedir auxilio, y más tarde le pidió perdón.

«Dijo que estaba arrepentido, pero que estaba borracho y por eso me violó«, dice Thanarat, de 21 años, quien decidió hacer público su caso en las redes sociales.

La estudiante no quiso denunciarlo a la Policía para evitar un proceso excesivamente largo e incómodo, aunque sí lo hizo a la universidad, que como castigo expulsó durante un semestre al agresor, quien admitió su responsabilidad.

La estupefacción de la universitaria fue casi mayor cuando descubrió que otros activistas defendían al atacante, ya que decían que se había «disculpado», e incluso la acusaban de tener intereses ocultos al hacer público su caso.

La reacción refleja la falta de educación sexual y de comprensión de conceptos como «consentimiento» y «acoso sexual» en Tailandia, afirmó Thanarat, quien cursa el último curso de Derecho y quiere especializarse en la defensa de los Derechos Humanos.

La estudiante afirma que su paso, la decisión de hacer pública la violación, es una excepción en Tailandia, donde el movimiento #MeToo contra los abusos sexuales ha hecho poca mella, sobre todo entre celebridades del mundo del espectáculo.

«Hay muy pocos casos (de denuncias públicas), el movimiento #MeToo no es significativo aquí», aseveró la universitaria en una conferencia reciente en el Club de Corresponsales Extranjeros de Tailandia (FCCT) en Bangkok.

El activista Rangsiman Rome, quien apoyó a Thanarat cuando hizo su caso público, reconoce que perdió varios amigos al defender a la universitaria y que varios activistas decían que la denuncia estaba dividiendo al grupo.

«Algunos pensaban que ella había accedido a tener sexo», indica Rangsiman, quien subraya que «decir no debería significar no».

En su opinión, el movimiento #MeToo no ha tenido impacto en Tailandia, al tiempo que aboga por que haya más mujeres en los órganos de decisión como el Parlamento y por que la Policía esté mejor preparada para atender casos de agresiones sexuales.

Las víctimas de agresiones sexuales tienen que lidiar en muchos casos con los prejuicios de los policías y las autoridades tailandesas, algo que se repite en otros países de la región.

«No llevéis ropa que cubra poco o sexy, no consintáis entrevistas en lugares poco apropiados como discotecas o en casa de un político», dijo el pasado enero el presidente de la Unión Nacional de Periodistas de Malasia, Mohd Taufek Razak, al ser preguntado por los abusos sexuales a periodistas.

Mujeres del mundo del periodismo en Filipinas se han unido al #MeToo para denunciar el acoso sexual en la profesión, mientras que en Indonesia el movimiento ha despertado relativamente pocas adhesiones.

En la India, esta iniciativa ha tenido algo más de repercusión, mientras que en Japón los medios le han prestado menos atención y en China es acallada por la censura de unas autoridades que recelan de este tipo de iniciativas espontáneas.

La etiqueta #MeToo fue utilizada por primera vez por la activista Tarana Burke hace diez años, pero fue la actriz estadounidense Alyssa Milano quien la popularizó el pasado octubre en Twitter, tras los escándalos sexuales del productor Harvey Weinstein.

La campaña animó a muchas mujeres, y algunos hombres, a denunciar públicamente sus experiencias traumáticas y, en algunos casos notorios, señalar a sus supuestos violadores.

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