El contrato de la Sororidad

Cuando nosotras nos unimos, la utopía feminista conseguimos

Un 8 de marzo de 1984 nací. No fue hasta la edad de 14 años cuando me enteré que “le 8 mars, c´était la journée de la femme” – así aparecía en un breve fragmento en el libro de texto de Francés de 3º ESO –. Por otra parte, había estudiado que 1984 (1949) era el título de la obra distópica archiconocida de George Orwell. Desde entonces, sentía un gran interés y percibía una vinculación entre ese 8 de marzo y las distopías.

Recientemente y coincidiendo con el 500 aniversario de Utopía (1516) de Tomás Moro, suena con fuerza la “utopía feminista”, puesto que reflexionar sobre la creación de espacios reales igualitarios, nos remite a dicho concepto. ¿Cómo pensar una sociedad igualitaria en un mundo que no ha conocido otro sistema que el patriarcado? Así pues, el movimiento feminista se propone un reto difícil, arduo, sufrido, lento y tan asentado que hablamos de toda una Historia de la Mitad de la Humanidad bajo ese yugo. Ya lo decía la obra utópica feminista de Flora Tristán, “la mujer (la mitad de la humanidad) ha sido echada de la Iglesia, de la ley, de la sociedad. Para ellas no ha habido ninguna función en la Iglesia, ninguna representación frente a la ley, ninguna función en el Estado” (1843).

Entonces, ¿cómo podemos afrontar este reto? Se escucha, se siente, la Revolución Feminista está presente (al fin). Ya no hay miedo porque nos hemos unido en hermandad, no tengo dudas, la sororidad es la que ha logrado todo esto, solo uniéndonos podemos hacer frente al patriarcado. Y si la Revolución Francesa dio lugar al reconocimiento de los ciudadanos hombres, apareciendo El Contrato Social (Rousseau, 1769); la Revolución Feminista reclama la igualdad, la libertad, la visibilidad y la dignidad de las ciudadanas mujeres y el fin del terrorismo machista, a través del Contrato de la Sororidad.

Un contrato que hace tambalear ese sistema fraterno-machista cuando nos damos cuenta de que, si nosotras paramos, el mundo se para. Si nosotras nos unimos, el patriarcado se derrumba. “Cualesquiera sean los obstáculos que os opongan, podéis superarlos” decía Olympe de Gouges (1793); siempre y cuando estemos unidas.

Sí, soy feminista; lo he sido siempre, cuando estaba mal visto; cuando te decían que estabas hablando de tonterías o de asuntos sin importancia; cuando me decían que no estudiara sobre mujeres y feminismo porque perjudicaría mi carrera investigadora; cuando en las oposiciones de educación secundaria, me amonestaron por presentar un libro de texto desde la perspectiva feminista; cuando me encontraba una y otra vez [y me seguiré encontrando], en las clases, resistencias al enfoque feminista en las asignaturas que imparto. Pero ya todo es distinto, no me siento sola ni extraña por declararme feminista.

Un 8 de marzo de 2018 cumplí años presenciando una Huelga Feminista que ha marcado un hito herstórico en el siglo XXI. Emociona ver mujeres de diferentes generaciones, profesiones, culturas, creencias… tomar las calles y enorgullecerse de ser feministas, lo que creía que era una utopía ya empieza a ser real. Hemos firmado el necesario, emancipador, empático y empoderado Contrato de la Sororidad. Ya lo dijo nuestra maestra Celia Amorós, «Hilvanar hilos violeta que marquen nuevas estrategias para que otro mundo sea posible». Cuando nosotras nos unimos, la utopía feminista conseguimos.

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