Todo por las mujeres y sin las mujeres

Ayer, 6 de febrero, se ha presentado el mundial de baloncesto femenino a celebrar en 2018 en Tenerife.

Si observamos la foto están todas las fuerzas vivas, incluida la Iglesia, es al que he identificado primero por lo curioso. Al principio me asomé a la imagen, por eso de una foto costumbrista de las míticas películas de Berlanga, pero se trata del año 2018 y de la presentación de un mundial de baloncesto femenino. Que por lo que se ve han obviado a las deportistas y a las mujeres, y con el cupo de una señora han sentido la representación de todas. De verdad que resulta lamentable esa utilización de la mujer, ese decir estamos con ellas, pero ni se las ve, ni se las oye, y se las espera cuando toquen.

Como eso de tenerlas bajo el espejo de la apariencia. ¿Hasta cuándo van a aguantar las deportistas el uso de su imagen, esfuerzo y trabajo? Esta foto es tan significativa como la descripción de una realidad, la que nos hace ser en el deporte la faceta donde las desigualdades son más palpables y eso a pesar de los veinte mil manifiestos que se firman, y de las múltiples expresiones: si a mí me gusta que las chicas hagan deporte.

Pero que se sepa las chicas ya han crecido, son excepcionales deportistas, mejores profesionales, sólo que este esquivo esqueleto del conservadurismo en el deporte las oscurece a la visibilidad, mientras se aprovechan de su talento. Porque cuando llegan las medallas, ahí estarán también los mismos en las fotos.

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